¿Ordenó Alejandro Magno el asesinato de su padre Filipo II de Macedonia?

22 julio 2015 at 9:18 am Deja un comentario

La identificación de sus restos abre la vieja controversia histórica sobre quién asesinó al poderoso Rey macedonio. Los persas y los atenienses salieron beneficiados momentáneamente con el magnicidio, pero nadie lo hizo tanto como su propio hijo

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Ilustración del asesinato de Filipo II por uno de sus guardaespaldas. ABC

Fuente: CÉSAR CERVERA > MADRID  |  ABC      22/07/2015

El final de uno de los grandes enigmas de la historia recuerda los muchos que siguen abiertos. Mientras la ubicación de la tumba de Alejandro Magno es todavía un absoluto misterio de la arqueología, este martes un grupo de investigadores anunciaron la identificación de los restos del padre del conquistador, Filipo II, también desaparecidos en las tinieblas de la historia. Según explica en un detallado artículo a ABC el paleontólogo español Juan Luis Arsuaga –coautor de la investigación publicada en la prestigiosa revista norteamericana «Proceedings of the National Academy of Sciences» (PNAS)–, los datos biográficos del padre de Alejandro Magno han servido como brújula para encontrar en el esqueleto las heridas que sufrió durante su carrera militar, siendo la más grave la registrada en una pierda, que le causó cojera hasta sus últimos días. Y pese a lo mucho que arroja esta fascinante biografía, siempre eclipsada por la de su hijo, el otro gran misterio sobre Filipo II sigue inconcluso: ¿Quién estuvo detrás de su asesinato y con qué objetivo?

Alejandro Magno es recordado como el mayor conquistador de Asia, un genio irrepetible, pero pocas veces es observado como el ejecutor de una empresa iniciada muchos años antes de su nacimiento por su padre, un Rey que convirtió un empobrecido reino –despreciado por Atenas y Esparta– en la gran potencia hegemónica de toda Grecia. Tras pasarse varios años de su infancia como rehén en Tebas, Filipo regresó a casa con la idea de comenzar una reforma militar de los ejércitos macedonios que, partiendo de la tradicional falange griega, añadiera nuevos elementos tácticos para darle más flexibilidad y poder someter a las grandes ciudades griegas.

Una vez dominadas las minas de oro de Crénidas, cerca de la costa del mar Egeo, Filipo II fue extendiendo poco a poco los territorios de Macedonia a costa, en muchas ocasiones, de colonias que en otro tiempo pertenecieron a Atenas, la gran potencia de la zona ya en decadencia. En la conquista de Metoneocupada por Atenas en tiempos del Rey Pérdicas II de Macedonia para dar refugio a los macedonios descontentos–, Filipo II perdió el ojo derecho, siendo uno de los principales rasgos que los investigadores han buscado en los restos mortales. Con las principales ciudades estado griegas sometidas y Atenas ofreciendo una alianza favorable a Macedonia, Filipo se dirigió contra Esparta y les envió un mensaje que en otro tiempo no hubiera hecho más que enaltecer a los fieros espartanos: «Se os avisa para que os sometáis sin mayor dilación, pues enviaré a mi ejército a vuestras tierras y destruiré vuestras granjas, mataré a vuestra gente, y arrasaré vuestra ciudad». Los guerreros espartanos, no obstante, ya no eran lo que fueron y prefirieron conceder a Filipo II la paz sin presentar batalla.

Busto de Filipo II. ABC

Busto de Filipo II. ABC

En medio de su vorágine conquistadora, el Rey macedonio decidió casarse en el 357 a. C. con la princesa Olimpia de Epiro (nombre que asumiría años después), hija del Rey de Molosia, una región al noroeste de la actual Grecia. Se trataba de su tercera o cuarta esposa, y de quien sería la madre de Alejandro y de Cleopatra de Macedonia. Muchos reyes macedonios se permitían una poligamia, tanto formal como informal, donde no conferían un estatus privilegiado a ninguna de sus esposas, haciendo que se extendieran las intrigas y las traiciones por la Corte. El tiempo demostró que Olimpia de Epiro era la que mejor se movía en este terreno venenoso.

En el 340 a.C, Atenas se convenció de que la única forma de frenar el infinito apetito de Filipo II era a través de una confrontación directa. Acompañado de su hijo adolescente Alejandro, Filipo penetró en la Grecia central y venció en la Batalla de Queronea (338 a. C.) a los tebanos y atenienses aliados. El macedonio instauró su hegemonía sobre Grecia, constituyendo la Liga de Corinto, que incluía a todos los Estados griegos, a excepción de Esparta. La Liga garantizaba la paz general, la autonomía interna de cada miembro y formaba una alianza perpetua bajo el mando de Filipo, a quien la Liga concedió el liderazgo de la inminente guerra contra Persia. Después de décadas de lucha por afianzar su dominio en Grecia, Filipo II, de 46 años, se veía libre por fin de acometer la conquista de Asía, el viejo sueño de los griegos. Sin embargo, el Monarca fue asesinado en los preparativos de la expedición.

Alejandro: «Y yo ¿qué soy? ¿un bastardo?»

Un año después de la batalla de Queronea, Filipo II contrajo un nuevo matrimonio con la noble macedonia Cleopatra Eurídice de Macedonia, sobrina de un noble llamado Átalo, con la intención de mantener Macedonia unificada antes de lanzarse a su decisiva campaña en las entrañas de Asia. Como es evidente, Alejandro y su madre vieron el matrimonio como una grave amenaza a su posición en la Corte y a los derechos al trono del joven. Entre el mito y la realidad, se cuenta que en la celebración de la boda, el nuevo suegro de Filipo pidió en su discurso un heredero legítimo al Rey, en alusión a que la madre de Alejandro era una princesa de Epiro y que la nueva esposa de Filipo, siendo macedonia, daría a luz a un heredero totalmente macedonio y no mitad macedonio y mitad epirota como Alejandro. Alejandro se enfureció y le lanzó una copa, espetándole: «Y yo ¿qué soy? ¿un bastardo?». Filipo se acercó borracho a poner orden, se tropezó y cayó al suelo, lo que le granjeó una burla de Alejandro: «Quiere cruzar Asia, pero ni siquiera es capaz de pasar de un lecho a otro sin caerse».

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Las piernas de Cleopatra Eurídice de Macedonia, cuyos restos se hallan con los de Filipo II. ANTONIS BARTSIOKAS

Aunque Filipo II llegaría a perdonar a su hijo –luego de refugiarse varios meses en el reino de su madre, que había sido repudiada–, la relación seguía siendo muy tensa entre ambos precisamente cuando aconteció el magnicidio. Alejandro acudió a la boda de su hermana Cleopatra con un hermano de Olimpia, Alejandro de Epiro, en calidad de heredero del trono de Macedonia, pudiendo observar a pocos metros como Filipo II apareció en el teatro sin escolta para continuar los festejos tras el banquete de boda. Se le abalanzó entonces un joven y le hirió en un costado causándole la muerte en ese instante. El asesino, que se llamaba Pausanias y era uno de sus siete guardaespaldas del Rey, escapó a caballo junto a otros cómplices, a los que se dio muerte durante la persecución.

El misterio nunca resuelto pasa por descubrir las razones que llevaron a Pausanias a cometer el asesinato o quién pudo haberle pagado por ello. Aristóteles apuntó a que Filipo fue asesinado porque Pausanias había sido ofendido previamente por los seguidores del general Átalo, suegro del Rey, aunque su testimonio pudo estar influido por sus simpatías hacia Alejandro Magno. La versión de Aristóteles fue retorcida posteriormente hasta presentar a Pausanias como un amante de Filipo, que habría tenido un ataque de celos cuando el Rey cambió sus preferencias por otro hombre más joven, también llamado Pausanias. Sus intentos por conseguir al joven acabarían haciendo que éste se suicidase, lo que llevaría a que su amigo Átalo se vengara torturando a Pausanias. La pasividad de Filipo II ante estos hechos habría empujado a Pausanias a vengarse de su antigua amante.

El brutal ascenso de Alejandro Magno

Pero más allá de esta versión con tintes de telenovela que introduce a Átalo en la historia de forma poco convincente, la mayoría de historiadores ha encontrado consuelo a la infinidad de interrogantes abiertos respondiendo a lo primero que un policía investigaría hoy en día: ¿A quién benefició la muerte de Filipo II? A nivel exterior, a los persas, que vieron retrasada la guerra con Macedonia, y a las principales polis griegas sometidas que aprovecharon la inestabilidad macedonia para rebelarse. A nivel interno, la respuesta es evidente: a Alejandro Magno, quien acudió rápidamente a abrazar a su padre herido y tomó las riendas de Macedonia a la edad de 20 años. En tanto, su posición en la Corte se encontraba en un momento delicado, sobre todo debido a que la nueva esposa de Filipo II, Cleopatra Eurídice de Macedonia, había dado a luz ese mismo año a una niña, Europa de Macedonia. La muerte de su padre zanjó el debate sucesorio de un plumazo.

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Alejandro Magno, a la izquierda, en la batalla de Gaugamela contra los persas. WIKIPEDIA

Sin pruebas para acusar al conquistador macedonio, el misterio sigue abierto en la misma categoría que el que implica la propia muerte de Alejandro, también con la mayoría de los sospechosos entre las filas macedonias. Así y todo, una conspiración de Alejandro Magno contra su padre, o en caso de no estar al tanto, una de su madre Olimpia, no hubiera resultado nada fuera de lo común en un reino acostumbrado a brutales cambios de regímenes. Tampoco ayuda para restar sospechas sobre su implicación en el asesinato del Rey la purga orquestada por Olimpia a la muerte de Filipo II. Tras el magnicidio, Olimpia tramó la muerte de Europa de Macedonia, que contaba con escasos meses de edad. Cuando la joven Reina Eurídice se encontró a la niña asesinada en la cuna se quitó la vida. Ambos esqueletos han sido identificados en la misma tumba de Filipo, en la localidad griega de Vergina. Por su parte, Alejandro Magno mandó ejecutar a sus principales rivales políticos, incluido Átalo, nada más subir al trono.

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