Archive for 20 mayo 2014

La villa Farnesina: una galería de pintura bajo el Tíber

En 1879, una remodelación urbanística en Roma sacó a la luz los restos de una casa romana del siglo I a.C. decorada con espléndidos frescos

Por Elena Castillo. Universidad Complutense de Madrid, Historia NG nº 124

Villa-Farnesina

Cubículo B. Esta estancia en la villa romana de la Farnesina está decorada con escenas mitológicas situadas dentro de cuadros y doseles. Museo Nacional Romano, Roma. Luciano Romano / Scala, Firenze

El 28 de diciembre de 1870 se produjo una catastrófica crecida del Tíber a su paso por Roma. Desde sus orígenes, la ciudad sufría repetidas inundaciones de ese tipo, pero ahora el gobierno italiano decidió poner todos los medios para prevenirlas. Se creó con urgencia una comisión formada por los mejores ingenieros hidráulicos de la época y en 1875, con el impulso de Giuseppe Garibaldi, se aprobó el proyecto de Raffaele Canevari, que proponía, además de levantar altos murallones en las márgenes del río, limpiar y ampliar su cauce, hasta alcanzar cien metros de anchura en su recorrido por la ciudad.

A la altura de la villa Farnesina, una bella residencia renacentista en la orilla derecha del río, el cauce no medía más de 40 metros, por lo que se excavaron otros 60 hasta alcanzar la anchura que marcaba el proyecto de Canevari. Fue en el curso de esos trabajos cuando, en marzo de 1879, salieron a la luz los «restos de una nobilísima casa privada de época augustea, adornada con las más exquisitas pinturas murales que jamás antes se habían admirado en Roma», como dijo el arqueólogo Rodolfo Lanciani en su primer informe.

La residencia, en efecto, se remontaba a la época del emperador Augusto (27 a.C.-14 d.C.) y destacaba por la decoración en frescos y estucos, milagrosamente conservada. Hasta aquel momento eran muy escasos los ejemplos de pintura parietal romana aparecidos en la capital del Imperio –sólo se conocían los de la casa de Livia en el Palatino y los del Auditorio de Mecenas en el Esquilino–, por lo que el estudio de la pintura romana antigua se basaba casi exclusivamente en los contemporáneos descubrimientos pompeyanos.

Operación rescate

Los arqueólogos tuvieron que trabajar bajo una gran presión. Los restos arquitectónicos de la casa fueron eliminados por «razones de utilidad pública». Tanta era la urgencia que el ingeniero encargado del seguimiento y documentación de las excavaciones, Domenico Marchetti, se quejaba en junio de 1879 de no poder garantizar la exactitud de sus planimetrías, ya que los antiguos muros se demolían antes de que pudiera tomar medidas o dibujar su posición. Lo único que se decidió conservar fueron los elementos decorativos: frescos, estucos y mosaicos. Algunos se perdieron –sobre todo mosaicos geométricos en blanco y negro– y otros fueron robados o vendidos a comerciantes de arte que se instalaban junto a las excavaciones para sobornar a los obreros. Pero la mayor parte de las pinturas fueron desprendidas y trasladadas sobre grandes planchas al vecino Jardín Botánico, hasta ser llevadas en 1889 a su destino definitivo en las Termas de Diocleciano, la primera sede del Museo Nacional Romano.

Quedaba así colmada la curiosidad que las pinturas habían suscitado desde el principio. En septiembre de 1879, un admirado periodista de La Stampa escribía: «Es un trabajo muy especial, curiosísimo, hecho con gran habilidad y paciencia. Cada uno de aquellos frescos, apenas es arrancado de las paredes, se coge como si fuera una tela, se iguala, se limpia y se coloca en un marco. Así se forman muchos cuadros hermosos. Yo ya he visto unos cuantos enmarcados y os puedo decir que nunca antes se había presentado ante los ojos una cosa tan hermosa».

Se cree que esta espléndida villa fue construida por Marco Vipsanio Agripa en torno a 21 a.C., cuando contrajo matrimonio con Julia, la hija de Augusto. Se levantaba en el Trastevere, un barrio ocupado principalmente por talleres artesanales y grandes almacenes, como los depósitos de vino que aparecieron en 1880 en las inmediaciones de la villa. Aunque no era una zona residencial suburbana tan poblada como la cercana pendiente del Janículo o el área vaticana, las fuentes latinas sitúan en ella otras famosas villas, como la de Clodia, amante del poeta Catulo, o la de Casio Longino, uno de los asesinos de César, así como los hermosos jardines del dictador, los horti Caesariani, conectados con el corazón de la Urbe por medio de un puente erigido por el mismo Agripa.

Lujo junto al Tíber

Las acuarelas de Domenico Marchetti y el informe de Rodolfo Lanciani son los únicos testimonios conservados de la arquitectura de la villa. Se trataba de una residencia a orillas del Tíber, con vistas al Campo de Marte y con una arquitectura escenográfica compuesta por dos cuerpos simétricos dispuestos a ambos lados de una gran exedra. Las pinturas decoraban nueve estancias del ala invernal: tres dormitorios, el triclinio o comedor, el vestíbulo, el ingreso, un pasillo semienterrado (criptopórtico) que comunicaba con las habitaciones de los sirvientes, el jardín y el pasillo interno de la exedra central.

La calidad de las pinturas, la cantidad de detalles y los motivos decorativos dependían de la función de los espacios y del rango social de las personas que tenían acceso a ellos. De ese modo, los ambientes en los que el patrón recibía a su clientela presentaban una decoración más austera, mientras que aquellos en los que acogía a sus invitados contenían las más ricas y elaboradas pinturas. Estos magníficos frescos se conservan hoy día expuestos en el Palacio Massimo alle Terme, en salas que recrean la planta original de la casa.

Para saber más

Escultura y pintura romana. VV.AA. Parramón, Barcelona, 2001.

20 mayo 2014 at 12:48 pm Deja un comentario

Una enorme bodega y un patio porticado, nuevos hallazgos de la excavación de la villa romana de la Sagrera

Los resultados de la segunda fase arqueológica, que se presentan este miércoles, constatan el poder de esta residencia patricia

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Conjunto de habitaciones del siglo V, halladas durante la segunda fase de excavación en la villa romana de la Sagrera Daniel Alcubierre / CODEX Arqueologia i Patrimoni

La segunda fase de excavación arqueológica en la villa romana de la Sagrera ha descubierto más habitaciones, un patio porticado y un «importantísimo centro de producción vitivinícola«, según avanzan responsables de los trabajos en la web Tribuna d’Arqueologia, dependiente del departamento de Patrimonio de la Generalitat. Los nuevos hallazgos corroboran otra vez que la residencia patricia que reposaba bajo el Pont del Treball Digne era mucho más que un chalet de lujo: una finca tan extensa como la propia Barcino y muy próspera gracias a la elaboración de grandes cantidades de vino, como ya sugerían los restos encontrados hasta ahora.

Las habitaciones y espacios descubiertos en la zona doméstica son la prolongación directa de los ya conocidos –dónde se encontró el gran mosaico que lucirá la futura estación de trenes de la Sagrera–, puesto que se retomó la excavación desde los límites exactos donde se detuvo en 2011. En cambio, de la parte productiva no se tenían datos hasta el momento y en ella se ha localizado un gran edificio destinado al prensado de uva y producción de vino, que aporta mucha información sobre la relevancia de la villa. Además, los nuevos restos permiten definir con mayor precisión la evolución de todo el conjunto entre finales del siglo I aC y el siglo V dC.

La explotación agraria

Mansión y bodega deben imaginarse rodeadas de una vasta extensión de viñedos. De hecho, era el paisaje que caracterizaba la planicie alrededor de la pequeña Barcino, desde las murallas hasta el río Besòs. La poderosa finca de la Sagrera producía cada año kilos y kilos de uva, que se convertían en miles de litros de vino. ¿Hasta dónde llegaban sus viñas? Se desconoce, por ahora. La segunda fase, que ha intervenido en una superficie mucho mayor (unos 9.000 m2) que la excavada parcialmente en 2011 (1.150 m2), no ha podido determinar todavía la extensión total de los terrenos.

Ha incluido áreas de la vivienda, de los cultivos y de la bodega o centro vitivinícola, pero también ha evidenciado que quedan más restos por descubrir. «Ya se plantea que algún día habrá que excavar más allá del área afectada por las obras del AVE», señalan fuentes extraoficiales del yacimiento. Los trabajos han transcurrido con intensidad variable desde mediados de 2012 hasta este mes de mayo. «Se ralentizaron cuando el AVE llegó a Girona [enero de 2013], de 70 arqueólogos sólo quedaron una veintena», recuerdan las mismas fuentes.

Parte de las estructuras de producción halladas –dos prensas de uva y un depósito anexo– apuntan a una posible explotación vitivinícola anterior al establecimiento de la villa, con orígenes que se remontarían al último tercio del siglo I aC. También ha aparecido una canalización que serviría para verter el contenido de este depósito más antiguo a una cella vinaria o almacén para el vino que no se ha podido estudiar todavía porque queda fuera de los límites de la intervención actual. El edificio habría sido ampliado a mediados del siglo I dC con un torcularium de grandes dimensiones, donde se realizaba un segundo prensado mediante seis prensas diferentes que funcionaban de forma simultánea.

Ya en octubre de 2012 quedó claro el volumen que manejaba esta explotación agraria. Entre las estructuras vitivinícolas halladas destacaban varias rasas de viñedos, tres dolia defossa o tinajas gigantes para el mosto y prensas cuadrangulares, similares a las documentadas y reproducidas en 3D en el yacimiento de Veral de Vallmora, que pueden visitarse en el Parque Arqueológico Cella Vinaria de Teià (Maresme).

La villa patricia

La residencia también evolucionó. El gran patio porticado demuestra que desde sus orígenes la villa fue concebida como una vivienda de lujo, para una familia patricia acomodada. Con el paso de los siglos, fue ampliada y dividida en dos zonas diferenciadas: los ámbitos privados dónde residía la familia y los espacios de carácter representativo, en los que recibir a las visitas y hacer negocios.

Nuevos fragmentos de mosaico, más pequeños que el hallado en 2011, demuestran que disponía de una decoración laboriosa y refinada. También se han encontrado multitud de teselas dispersas –las pequeñas piezas de cerámica que forman los mosaicos–, posiblemente pertenecientes a la construcción primigenia, que se habrían destruido al ampliar la casa. «Han aparecido bolsas y bolsas de teselas, que se documentan pero que carecen de valor arqueológico al ser imposible reconstruir el dibujo que formaban», explica un experto.

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Pavimento de mosaico del siglo V, hallado en la segunda fase de excavación en la villa romana de la Sagrera Daniel Alcubierre / CODEX Arqueologia i Patrimoni

Pese al esplendor que vivió, la villa fue abandonada siglos más tarde. Restos de fuegos hallados en algunas habitaciones sugieren que sus ruinas se convirtieron en un lugar de refugio ocasional, quizá para viajeros que pasaban la noche allí a la espera de poder cruzar las murallas de Barcelona a la mañana siguiente. Las circunstancias de su declive, abandono y destrucción son por ahora un misterio, una más de las muchas incógnitas de la Barcino romana.

Presentación participativa

Los arqueólogos Daniel Alcubierre, Jordi Ardiaca, Pere Lluís Artigues y Sílvia Llobet expondrán este miércoles de forma oficial los resultados preliminares de esta fase de excavación. Carme Miró, responsable del Pla Barcino municipal, moderará y presentará la conferencia, que tendrá lugar en el Palau Marc (Rambla Santa Mònica, 8) a partir de las siete de la tarde. Se podrá seguir en streaming y plantear preguntas a los ponentes vía Twitter mediante el hashtag #tribuna2014.

Fuente: Meritxell M. Pauné | LA VANGUARDIA       20/05/2014

20 mayo 2014 at 12:22 pm 1 comentario


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