Archive for diciembre, 2013

Los monstruos de la mitología iluminan el Palazzo Massimo

Palazzo-Massimo

Grifos, arpías, quimeras, gorgonas, centauros, sirenas … Los monstruos y criaturas fantásticas de la mitología son los protagonistas de una gran exposición en el Palazzo Massimo de Roma, sede del Museo Nacional Romano. Esculturas, terracotas, armas, cerámica, frescos y mosaicos de diferentes épocas y culturas – desde Oriente hasta Grecia, el mundo etrusco, itálico y romano – representan el lado oscuro, los sueños y temores del alma humana. Con motivo de la inauguración de la exposición se proyectarán en la fachada del Palazzo Massimo animaciones láser que pondrán en escena el encuentro entre los héroes y los monstruos: Escila, el Minotauro, la Hidra de Lerna, la Esfinge se moverán entre las luces y las sombras desde la tarde del jueves hasta el día de San Esteban, aunque se estudia la posibilidad de ampliar las proyecciones hasta el día de Reyes.

Fuente: Alessia Ribezzi | La Repubblica


19 diciembre 2013 at 7:24 pm Deja un comentario

Domiciano, el déspota del Palatino

Amenazado por pronunciamientos militares y las intrigas de los senadores, Domiciano impuso en Roma un auténtico régimen de terror, pero no pudo impedir que sus más allegados tramaran una conjura y lo asesinaran en su palacio

Artículo de Santiago Posteguillo. Profesor Titular de la Universidad Jaime I de Castellón. Autor de Los asesinos del emperador, Historia National Geographic nº 120

Domiciano

El joven Domiciano recibe a su padre, Vespasiano, a su regreso a Roma como emperador en el año 70 d.C. Palacio de la Cancillería, Roma. GRANGER COLLECTION / AGE FOTOSTOCK

«Al comienzo, el más pequeño derramamiento de sangre le producía horror», hasta el punto de que pensó en prohibir que se inmolaran bueyes en las ceremonias religiosas. Así de pacífico se mostraba Domiciano en su juventud, antes de suceder en el trono a su padre Vespasiano y a su hermano mayor, Tito. El historiador Suetonio, que recoge la anécdota, cuenta también que en los inicios de su reinado Domiciano se ganó fama de soberano justiciero, tolerante e íntegro, preocupado por la moral pública, pronto a castigar cualquier tipo de infracción de la ley. Por ejemplo, a los que presentaban denuncias falsas por delitos contra el fisco ordenaba castigarlos duramente, mientras decía: «Un príncipe que no castiga a los delatores, los alienta».

Pero el reinado que se inició bajo tan buenos augurios pronto viró hacia un régimen despótico y sanguinario, al menos según lo denunciaron los escritores romanos de su época, como el mismo Suetonio –que le dedicó un capítulo en sus célebres Vidas de los césares–, el también historiador Dión Casio, Plinio el Joven y el poeta Juvenal. El desencadenante de este cambio quizá se encuentre en un episodio ocurrido lejos de Roma, en la frontera militar del Danubio. Allí, los ejércitos del emperador sufrieron graves reveses entre los años 85 y 87, y dos legiones fueron masacradas por los dacios. Esta serie de desastres llevaron a Saturnino, gobernador de la Germania Superior, a alzarse en armas contra Domiciano, poniéndose al frente de dos legiones y estableciendo una alianza con los germanos del norte del Rin. Domiciano logró resolver la difícil situación, pero sólo gracias a un golpe de suerte, pues los germanos que acudían prestos a la batalla en apoyo de Saturnino cayeron al Rin al romperse el hielo de sus congeladas aguas por el peso del ejército bárbaro. Saturnino fue, pues, aniquilado, pero la semilla de la sospecha quedó implantada en la mente de Domiciano para siempre.

Conspiraciones por doquier

A partir de entonces, el emperador fue presa de una enfermiza obsesión por las supuestas conspiraciones en su contra. Para prevenir futuros motines prohibió que se juntaran dos legiones en un campamento y aumentó la paga de los soldados. Pero esto no le bastó. Cualquier crítica, la más lejana sospecha de animadversión hacia su persona era suficiente para que ordenara eliminar al atrevido. Las víctimas se sucedieron con tétrica regularidad. Por ejemplo, el legado Agrícola fue desterrado de Roma después de que reconquistara Britania y anexionara gran parte de Caledonia (Escocia) al Imperio, para morir poco después misteriosamente, como cuenta Tácito, o asesinado por orden de Domiciano, según Dión Casio. Del mismo modo, Manio Acilio Gabrión, cónsul que había adquirido gran popularidad entre los romanos, fue obligado a luchar contra varias fieras en el anfiteatro privado que el emperador se había hecho construir en su villa de Alba Longa. Gabrión sobrevivió, pero falleció unos años después también en misteriosas circunstancias.

En realidad, la extrema susceptibilidad de Domiciano ya se había manifestado antes de la rebelión de Saturnino. Suetonio refiere, por ejemplo, cómo el emperador no dudó en hacer matar al historiador Hermógenes de Tarso por ciertas alusiones en su contra que hizo en un libro de historia, «e incluso crucificó a los copistas que la habían transcrito». Pero tras los hechos del Danubio, sus recelos se volvieron enfermizos y su comportamiento cobró ribetes de auténtico sadismo. Se contaba que para obligar a que los detenidos denunciaran a sus cómplices aplicó «un nuevo tipo de tortura, consistente en quemarles sus partes, llegando incluso a amputar las manos a algunos». Le gustaba jugar con sus víctimas, invitándolas a su palacio y hablándoles en un tono tranquilizador, para luego castigarlas de forma inexorable.

Complejo de persecución

Ordenó asimismo numerosas confiscaciones. Incluso se revolvió contra su propia familia, ordenando la ejecución de sus jóvenes sobrinos nietos para evitar que el Senado, donde se encontraban sus peores enemigos, los utilizara como posibles sucesores. También se mostraba obsesionado por las predicciones astrológicas que parecían anunciar el día de su muerte y el modo en que se produciría. Al final, su comportamiento parecía el de un paranoico y veía conspiradores en todos los rincones de su palacio: «Cada vez más angustiado –escribe Suetonio– hizo revestir de reluciente fengita [una variedad de mineral de silicio con un color plateado y un brillo nacarado] las paredes de los pórticos por los que acostumbraba a pasear para poder observar, mediante las imágenes reflejadas en su brillante superficie, lo que sucedía a sus espaldas».

Algunos historiadores han sugerido que este miedo de Domiciano a los conspiradores, convertido en obsesión, pudo ser un trastorno psicológico, un caso de verdadera locura. Incluso han tratado de buscar una explicación médica para ello. Se ha apuntado como afección el saturnismo, un envenenamiento que podía provocar la demencia y que estaba causado por la ingestión de plomo. Éste podía proceder del agua de las tuberías de las viviendas –aunque algunos estudios recientes muestran que los romanos no bebían más plomo que nosotros hoy día– o bien por el uso de vajillas de bronce cubiertas por una lámina de plomo, o incluso por la moda de echar rayaduras del mismo metal en el vino para endulzarlo. Quizás este abuso de plomo pudo alterar a Domiciano y contribuir a su paranoia.

Crimen en palacio

Cualquiera que fuese la causa, la furia de Domiciano parecía no tener límites. Todos temían por su vida, pues el emperador anotaba cada vez más nombres de sospechosos en la tablilla de tilo que utilizaba al efecto, según Suetonio. Fue en este ambiente de incertidumbre y miedo donde se tramó la conspiración que acabaría con aquel reinado de terror. Sus instigadores fueron tres viejos servidores de palacio: Estéfano, Partenio y Máximo, en connivencia con algunos senadores y, muy posiblemente, con la propia esposa del tirano, Domicia Longina. Su misión no era fácil, pues Domiciano contaba con la fidelidad absoluta de su guardia pretoriana, a la que había triplicado el sueldo, lo que hacía imposible recurrir al soborno, como se hizo en las conjuras que acabaron con la vida de Calígula y Nerón. ¿Qué hacer? ¿A quién recurrir? Suetonio desvela lo que ocurrió: los conjurados contrataron a varios miembros de la escuela de gladiadores.

El mismo Suetonio explica las circunstancias del asesinato de Domiciano, el 18 de septiembre del año 96. Fingiendo que había sufrido un accidente, Estéfano se paseó por palacio durante varios días con el brazo derecho vendado, y fue de esta guisa como se presentó a una audiencia con el emperador, a quien había asegurado que tenía pruebas de una conspiración en su contra. En realidad, dentro de la venda llevaba escondido un puñal. Mientras Domiciano leía el billete con las supuestas pruebas de la conjura, Estéfano se acercó y le clavó la daga en la ingle. El emperador reaccionó y forcejeó con el asaltante, intentando arrebatarle el puñal e incluso sacarle los ojos, pero de inmediato se abalanzaron sobre él los otros conjurados y el grupo de gladiadores, que lo remataron. Nadie acudió en ayuda del césar, pues las puertas de la sala estaban cerradas.

Los únicos que lamentaron la muerte de Domiciano fueron los soldados, que se declararon dispuestos a vengarlo. En cambio, el pueblo se mostró indiferente, mientras que los patricios proclamaron de inmediato su entusiasmo por la desaparición del gobernante que los había tenido en vilo durante quince largos años. El Senado emitió una fulminante damnatio memoriae, el decreto por el que se ordenaba borrar todo rastro del fallecido. Las estatuas de mármol del emperador fueron destruidas, se fundieron las de bronce y se borró la efigie del César maldito de todas las monedas del Imperio. De hecho, se han encontrado monedas con las efigies de Domiciano y de su esposa Domicia Longina en las que sólo se ha borrado la imagen del primero, lo que prueba que la damnatio no se hizo extensiva a la esposa del César maldito. ¿Quizás en reconocimiento a su inestimable ayuda en el complot?.

Para saber más

Los Flavios. F. Javier Lomas Salmonte. Akal, Madrid, 1990.
Vida de los doce Césares. Suetonio. Austral, Madrid, 2007.
Los asesinos del emperador. Santiago Posteguillo. Planeta, Barcelona, 2011.

19 diciembre 2013 at 3:01 pm Deja un comentario

«Spain in different», de Síndrome Clown

«Spain in different», la historia de España vista con el humor de Síndrome Clown

 

18 diciembre 2013 at 9:56 am Deja un comentario

El universo femenino romano

Una exposición en la villa romana La Olmeda (Palencia) explora la figura y la dimensión de la mujer en la Antigua Roma, un papel que ha sido silenciado durante siglos

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La aportación de las mujeres a la historia de Roma ha sido silenciada durante siglos debido a la preferencia, antigua y moderna, por la historia política y militar, dos mundos vetados para ellas en una sociedad dominada por varones. Las evidencias arqueológicas hoy permiten reconstruir el papel que desempeñaban las mujeres, especialmente las más privilegiadas y con más dificultad las que no lo eran, además de todas aquellas personas que estaban excluidas, por razón de su sexo y clase social, de la vida política e intelectual de la sociedad romana. La exposición Femina. Ser mujer en Roma, del 14 de diciembre de 2013 al 8 de marzo de 2014 en la villa romana La Olmeda, en Pedrosa de la Vega (Palencia), reivindica la figura y la dimensión de la mujer en la Antigua Roma: su vida cotidiana y su condición jurídica, las divinidades femeninas, su relación con el poder, el sexo y los tabúes, la literatura, el trabajo o los trucos de belleza que practicaban.

Una muestra de ajuares funerarios

Todo este mundo secreto se estructura en torno a 12 paneles temáticos, los mosaicos y ajuares funerarios de la villa romana La Olmeda y reproducciones a través de los datos obtenidos en museos de Roma, Pompeya y Herculano. También se han organizado una serie de talleres didácticos, recreaciones históricas y demostraciones sobre diferentes temas relacionados con el universo femenino romano: vestido, maquillaje, peluquería, estilismo, joyería, aspectos termales, higiene, ungüentarios, cremas, perfumes y lociones. Se ha recreado asimismo una escena histórica con atrezos y personajes en la habitación de una domus romana. Diferentes proyecciones y películas completan el recorrido expositivo.

Fuente: National Geographic

17 diciembre 2013 at 2:30 pm Deja un comentario

El Ara Pacis, rescatada del subsuelo de Roma

En 1938, Mussolini inauguró la reconstrucción del Ara Pacis, tras recuperar los fragmentos entre los cimientos de un palacio de Roma

Artículo de Elena Castillo. Filóloga y doctora en Arqueología, Historia National Geographic nº 119

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Hitler y Mussolini contemplan uno de los paneles del Ara Pacis, durante la visita del führer a Roma en 1938. ALINARI / CORDON PRESS

En 1938 se cumplía un aniversario especial en la historia de Italia: el bimilenario del nacimiento del emperador Augusto. Y el gobierno italiano, dirigido con mano de hierro por Benito Mussolini, decidió celebrarlo por todo lo alto y convertirlo, al mismo tiempo, en un acto de exaltación del régimen fascista instaurado quince años atrás. Para ello, las autoridades quisieron presentar al mundo un monumento emblemático del arte del período de Augusto, el Ara Pacis, tras una compleja operación de rescate de los fragmentos de la obra entre los cimientos de un palacio renacentista.

La restauración del Ara Pacis fue una extraordinaria operación de propaganda. El día de la inauguración un periódico decía: «La capacidad pacificadora de Roma ha sido evocada por la visión del Ara Pacis, el monumento que el fascismo ha querido recomponer sobre las orillas del Tíber en toda su belleza, con mano amorosa y con atenta búsqueda…». Pero más allá de ese valor simbólico, la arriesgada y compleja empresa que hizo posible el rescate puede considerarse una gesta de la arqueología moderna.

El Ara Pacis, un cuadrilátero en mármol de Carrara con un altar sobre podio en su interior, fue erigido en 13 a.C. para conmemorar las victorias de Augusto en Hispania y  Galia. Sin embargo, la transformación urbanística del Campo de Marte, donde el altar había sido levantado, y el lodo que el Tíber arrastraba con cada crecida causaron su irreversible desaparición.

Primeras excavaciones

En el siglo XV los cimientos de un nuevo palacio en via in Lucina, junto a la via del Corso, el palacio Fiano-Almagià, se apoyaron directamente sobre la plataforma del altar. Fue entonces cuando empezaron a aparecer los primeros paneles con relieves del monumento, que inicialmente se consideraron pertenecientes a un arco triunfal en honor a Domiciano. Con el tiempo, algunos de estos relieves quedaron repartidos entre el Vaticano, Florencia, París y Viena. En 1859, durante unas obras de consolidación de los cimientos, se vieron por primera vez la extensa plataforma marmórea del monumento y numerosas losas que yacían aprisionadas por el peso del edificio renacentista. Sólo algunas pudieron ser extraídas sin poner en peligro la estabilidad del palacio. Fue en 1879 cuando el arqueólogo alemán Friedrich von Duhn asoció por primera vez los hallazgos «muy probablemente» con el Ara Pacis Augustae.

A instancias de diversos arqueólogos, en 1903 comenzó la primera fase de excavación, dirigida por el inspector de antigüedades Angelo Pasqui y el arquitecto Mariano Cannizaro. Para acceder a los restos enterrados se excavaron trincheras descendentes de dos metros de anchura entre el palacio y las calles adyacentes, desde las que se pudieron extraer cientos de fragmentos del altar. Sin embargo, se debió renunciar a todos los restos que quedaban aprisionados por los colosales cimientos del edificio, como un relieve con parte de la figura del propio emperador Augusto. Aquella exploración permitió conocer la medida exacta del recinto, la escalinata interna del altar y sus dos accesos. Pero el elevado nivel de la capa freática (las aguas subterráneas), a tan sólo 4,5 metros del nivel de la calle, y la inestabilidad del palacio obligaron a abandonar las excavaciones ese mismo año.

Una empresa titánica

Cuando en 1933 comenzaron los preparativos para la celebración del bimilenario del nacimiento de Augusto, se incluyó como prioridad absoluta excavar y reconstruir el Ara Pacis. Los trabajos, sin embargo, no comenzaron hasta febrero de 1937, bajo la dirección del arqueólogo Giuseppe Moretti y de una empresa milanesa de ingenieros.

Para sacar a la luz los restos aún aprisionados bajo los cimientos del palacio Fiano fueron necesarios, según Moretti, «los más audaces ingenios y los más perfectos procedimientos de la técnica moderna». En primer lugar se trató de sostener el palacio en su punto más delicado, la esquina sur. Para ello se construyó un caballete de hormigón armado provisto de gatos hidráulicos, apoyado en una armadura portante cimentada en cuatro grupos de pilones de cemento de 24 metros de profundidad. Uno de ellos atravesó el basamento del Ara Pacis. Al mismo tiempo, para excavar bajo cimientos anegados de agua, se recurrió a un procedimiento ya usado en el metro de París: la congelación del terreno. Se creó un dique de hielo de 70 metros de diámetro por medio de una red de 55 tubos por los que circularon 5.000 kilos de anhídrido carbónico líquido.

A 7,5 metros bajo el suelo, entre paredes congeladas a -40 °C y rodeados de cañerías y de tubos del tendido eléctrico urbano, los obreros trabajaron durante semanas para extraer los restos del altar, excepto el podio, que quedó enterrado para siempre.

En 1937, el régimen forzó al museo de los Uffizi a entregar los relieves que custodiaba y acordó con el papa la restitución del fragmento del Vaticano. Los del Louvre y Viena, en cambio, no retornaron. Moretti reconstruyó aceleradamente el Ara Pacis en el museo de las Termas, de donde se trasladó a un edificio construido en tres meses junto al mausoleo de Augusto. Allí fue inaugurado por Mussolini el 23 de septiembre de 1938, dos mil años después del nacimiento del emperador.

Para saber más
Museo Ara Pacis
Ara Pacis

13 diciembre 2013 at 6:23 pm Deja un comentario

Noticias en Latín LXIV desde Radio Torcal

LXIVº programa de noticias en latín desde Radio Torcal, bajo la dirección del doctor Cristóbal Macías Villalobos, jefe del Departamento de Lenguas Clásicas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Málaga.

Ir a descargar

13 diciembre 2013 at 6:19 pm Deja un comentario

El cuadro de Tiziano «El rapto de Europa» ilustrará los nuevos billetes de 10 euros

El Banco de España prepara la salida de los nuevos billetes de 10 euros para evitar problemas. Serán presentados el 13 de enero por el Banco Central Europeo y no entrarán en circulación hasta el verano de 2014

titiziano-europa

Cuadro de Tiziano llamado «El rapto de Europa», personaje de la mitología griega que ilustrará los nuevos billetes

El Banco de España ha iniciado una serie de jornadas informativas con entidades de crédito, compañías de transportes de fondos, fabricantes y usuarios de maquinaria de tratamiento tanto de efectivo como de detección para preparar el lanzamiento del nuevo billete de 10 euros de la serie Europa.

Los nuevos billetes incluirán el retrato del personaje de la mitología griega Europa en el holograma y en la marca de agua, y cuentan con varias características de seguridad «nuevas y mejoradas» para hacer más difícil su falsificación. La imagen del billete no se podrá conocer hasta el 13 de enero, cuando el Banco Central Europeo haga la presentación oficial del nuevo billete, que entrará en circulación en el verano de 2014.

Las primeras jornadas se han celebrado en Madrid los pasados 3 y 10 de diciembre, en las que han participado más de 180 representantes de los colectivos antes mencionados. El organismo dirigido por Luis María Linde persigue garantizar que el nuevo billete sea aceptado, desde el día de su emisión, por todas las máquinas, dispensadores y dispositivos de cambio de efectivo. Algo que no ocurrió con el lanzamiento de los nuevos billetes de cinco euros el pasado mayo, donde hubo problemas.

Así pues, el Banco de España trata de evitar cualquier tipo de rechazo del nuevo billete o mal funcionamiento por falta de información o preparación previa de la maquinaria. En este proyecto colaboran el Banco de España y todos los agentes que participarán en la emisión y puesta en circulación del nuevo billete en España.

El BCE continúa así con su plan para lanzar la segunda serie de billetes de euros, diez años después de la entrada en vigor de la moneda única, ya iniciada con los nuevos billetes de cinco euros.

Fuente: EP | ABC

12 diciembre 2013 at 6:01 pm 1 comentario

Descubren dos gimnasios y una bañera grecorromanas en Egipto

Los vestigios, hallados en la zona arqueológica de María, son una extensión de los baños romanos de Alejandría

tumbas-Egipto

Expertos egipcios han descubierto dos gimnasios y una bañera de la época grecorromana (332 a.C.-395 d.C.) en el oeste de Alejandría, según ha informado el ministro de Antigüedades, Mohamed Ibrahim, en un comunicado.

Los vestigios, hallados en la zona arqueológica de María, son una extensión de los baños romanos de Alejandría, y se descubrieron durante excavaciones realizadas en el lugar.

La primera sala tiene una extensión de 4 metros de ancho por 8 de largo y la segunda de 4 metros de ancho por 10 de largo, y ambas están construidas con bloques de piedra caliza. Las paredes de la bañera están recubiertas de azulejos grises y el suelo es de baldosas de piedra caliza revestidas de mármol impermeable.

La zona arqueológica de María se extiende hasta la zona costera de King Mariout, que incluía un puerto muy importante debido a la afluencia de actividad comercial con otras ciudades del Mediterráneo, y cuyos muelles, que datan del siglo I d.C., se descubrieron hace 15 años. Actualmente están trabajando en la zona misiones arqueológicas francesas, polacas y egipcias.

Más inversión en la zona

El ministro señaló también que su departamento destinó 30.000 libras (más de 3.122 euros) para continuar con las excavaciones en el sector este del lugar, con la finalidad de descubrir los canales de desagüe y el pozo que suministraba agua a la bañera.

Por su parte, el jefe del Departamento de Egiptología del Ministerio, Mohamed Abdel Maqsud, aseguró que se ha constituido un equipo de expertos para restaurar los restos arqueológicos de la zona, tanto los hallados hasta ahora como los que serán descubiertos en el futuro hasta concluir con las excavaciones.

El periodo griego se inició en Egipto con la conquista del país por Alejandro Magno, en el año 341 antes de Cristo, y finalizó con la toma de Alejandría por los romanos, 30 años antes de Cristo, cuando gobernaba el país Cleopatra VII. Los romanos dominaron Egipto hasta el año 395 d. C. cuando, al dividirse el Imperio entre Oriente y Occidente, Egipto quedó bajo la dependencia de Bizancio.

Fuente: EFE | ABC

Procedencia de la imagen: EPA

12 diciembre 2013 at 3:09 pm Deja un comentario

La escultura clásica en el Museo del Prado. Dossier para profesores

El Museo del Prado se caracteriza sobre todo por su colección de pintura y es por sus grandes obras maestras en este género por lo que tiene fama mundial. Pero junto a la pinacoteca expone otras colecciones de gran calidad técnica e histórica, como son la colección de dibujos, de artes decorativas o de esculturas.

A la parte de escultura clásica es a la que se dedica este dossier y las siguientes propuestas de utilización pedagógica: https://content.cdnprado.net/imagenes/proyectos/personalizacion/7317a29a-d846-4c54-9034-6a114c3658fe/cms/pdf/dossier_escultura.pdf

Diadumeno

Diadúmeno. Copia romana de un original en bronce de Policleto. Hacia el 150 d.C. Museo del Prado

12 diciembre 2013 at 2:44 pm Deja un comentario

“Estamos reconstruyendo la batalla de Baécula con una precisión de horas”

Artículo de Juanma Gallego en EFE FUTURO

EL ARQUEÓLOGO JUAN PEDRO BELLÓN NOS CUENTA CÓMO LOCALIZARON LA BATALLA QUE ENFRENTÓ EN JAÉN A ROMANOS Y CARTAGINESES

Baécula-columna

¿Qué os ha llevado a intentar hallar y estudiar el lugar en el que tuvo lugar la batalla de Baécula?

Esta batalla, que se desarrolló en el año 208 antes de Cristo, supone la entrada de Roma al valle del Guadalquivir. Después de la toma de Cartagena, que era la principal base de aprovisionamiento, comercial y estratégica de Cartago en Hispania, los romanos se dirigieron directamente a ese valle. Por eso Baécula nos proporciona una instantánea del momento en el que comenzó el proceso de romanización de la península.

También tiene una gran importancia en el contexto de la Segunda Guerra Púnica porque es el detonante de que uno de los principales ejércitos cartagineses, el de Asdrúbal Barca -hermano de Aníbal-, se fuera a Italia. Tras la toma de Cartago Nova, la actual Cartagena, Hispania se queda indefensa ante Roma. La única alternativa que les quedaba a los cartagineses era unirse a Aníbal en Italia y tratar de presionar desde allí, porque la península ibérica se estaba perdiendo.

En la geoestrategia de la época, ¿Hispania dejó de ser un campo de batalla principal?

Fue una especie de estrategia de espejo. Aníbal se dirigió a la península itálica para generarle problemas a Roma en su propio territorio. Los romanos utilizaron la estrategia contraria. Aguantaron allí las embestidas de Aníbal pero, por otra parte, eran muy conscientes del valor que tenía la península ibérica como punto de aprovisionamiento para los cartagineses. De aquí obtenían metales, alimentos, y hombres para su ejército. Los romanos sabían que, si eliminaban esos recursos, el ejército cartaginés estaba perdido. Fue una estrategia invertida en ambos casos. Fue precisamente tras la toma de Cartagena y las campañas del valle del Guadalquivir cuando los cartagineses comenzaron a perder la Segunda Guerra Púnica.

¿Qué pasos habéis seguido en vuestra investigación?

Cuando hicimos una síntesis del proceso de conquista romano del Alto Guadalquivir, nos dimos cuenta de que en las fuentes clásicas se le prestaba una gran atención y detalle, pero debían existir otros elementos no narrados en las mismas. Nuestro planteamiento fue buscar desde la arqueología esos eventos contados por las fuentes. Se trataba de transformar la realidad. Desde la arqueología nunca se había abordado algo así de esta manera. El principal problema era que no sabíamos cómo era el campo de batalla, ni qué dimensiones tenía, porque todavía no se había investigado. El escenario de batalla más antiguo del que tenemos constatación arqueológica en toda Europa es precisamente el de Baécula. Estamos aportando un modelo que antes era desconocido.

Es entonces un modelo de innovación…

Sí. De hecho, nosotros fuimos a Roma para comparar los materiales arqueológicos sacados del campo de batalla con los que creíamos que debían existir en Italia en el marco de la Segunda Guerra Púnica. Pero en Italia no encontrábamos ese marco de referencia que necesitábamos.

Has mencionado que las referencias escritas son limitadas para la época. ¿Qué papel han tenido esas fuentes a la hora de localizar el escenario de la batalla?

Nos hemos guiado por dos referencias de Polibio y Tito Livio. El problema de las fuentes clásicas es que cada dato que aportan debe ser sometido a crítica, más aún cuando solo disponemos de las fuentes romanas y no de las cartaginesas.
En el caso de Baécula, la narración de la batalla proporcionaba unos datos orográficos y topográficos sobre cómo era el escenario en el que se desarrolló. Eso nos permitía hacernos una especie de croquis o idealización sobre dónde podía haber tenido lugar.

Teníais el mapa del tesoro…

Exactamente. Las fuentes nos ponían una serie de condicionantes. El lugar no estaba en un llano, ni en una zona donde no hubiera ríos próximos. En una primera fase diseñamos un sistema de prospección selectiva con unos criterios previos que limitaban mucho la zona donde podría haber estado la batalla. Y tuvimos suerte, dimos con el sitio.

El cerro de las Albahacas…

Sí, justo al lado de la localidad de Santo Tomé. Nuestro equipo de investigación defiende la hipótesis de que la batalla tuvo lugar allí. Lo hacemos en base a los materiales que hemos encontrado y en función de la estructura del campo de batalla. Nos quedan pocas dudas. Falta un epígrafe en el que ponga “Aquí tuvo lugar la batalla de Baécula”, pero eso es bastante difícil de conseguir. Habrá un sector de la academia que seguirá pensando que hasta que no aparezca ese rótulo el hallazgo no tendrá el marchamo de autenticidad, pero por nuestra parte no hay dudas.

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Periplo seguido por los romanos en Baécula. Imagen: Instituto Universitario de Arqueología Ibérica

Más allá de la propia investigación histórica, ¿qué le aporta todo esto al español de a pie?

Tenemos un proyecto para poner en marcha un centro de interpretación de la batalla de Baécula en Santo Tomé. La idea es insertarlo dentro de la ruta temática ‘Viaje al tiempo de los iberos’, que tiene su propia estructura de centros de recepción e interpretación. En una primera fase se contemplan lugares como Cástulo, Porcuna o Despeñaperros. Nuestra idea es incluir Baécula en esta ruta, al igual que en el proyecto europeo ‘El camino de Aníbal’. Lamentablemente, en este ámbito de la promoción social del yacimiento, nos ha alcanzado la crisis económica.

Nuestra idea es exportar la metodología que estamos empleando en Jaén. En diciembre vamos a establecer un convenio con el responsable de la investigación de la batalla de Zama, en Túnez. Estamos alcanzando sitios que son legendarios para la Historia Antigua. Si finalmente podemos intervenir en Zama, estaremos muy contentos.

Por otro lado, durante la última campaña de 2013 han aparecido estructuras que nos confirman también la presencia en Baécula del campamento de Escipión el Africano. Nosotros teníamos localizado con seguridad el campamento de Asdrúbal y teníamos la hipótesis, en base a la topografía y a datos de superficie, de que después de la batalla los romanos establecieron el campamento en una zona del cerro. Asdrúbal huyó, pero los romanos no le persiguieron para no correr el riesgo que soportaron tres años antes en la misma zona, cuando en la persecución fueron alcanzados por detrás por otros dos ejércitos cartagineses que los masacraron. Por eso los romanos decidieron quedarse unos días en un sitio seguro y estratégicamente muy defendible.

Los datos que estamos analizando abarcan un total de diez días. En base a los materiales que estamos estudiando, podemos hablar incluso de horas concretas. Si encontramos una moneda en un punto y otra moneda en otro, podemos inferir el recorrido de la batalla según las bajas producidas en la huida. Estamos afinando hasta ese punto.

Hay que tener en cuenta que cuando cualquier ejército abandona un campamento, lo habitual es que lo destruyan para que no sea utilizado por otros. Gracias a las excavaciones estamos localizando los restos de esa destrucción. Los romanos saquearon una ciudad ibérica cercana, el oppidum de Baécula y, cuando se fueron, destrozaron todo lo que consiguieron en ese saqueo. Eso es lo que estamos encontrando: recipientes cerámicos destrozados de forma intencional y monedas romanas del 211-210 antes de Cristo.

Juan Pedro Bellón Ruíz es arqueólogo y trabaja como investigador contratado dentro del programa “Ramón y Cajal”, la iniciativa institucional que permite la incorporación de investigadores altamente cualificados en el sistema científico español. Desarrolla su labor de investigación en el Instituto Universitario de Arqueología Ibérica, de la Universidad de Jaén, donde codirige el equipo que ha conseguido documentar arqueológicamente el escenario de la batalla de Baécula.

12 diciembre 2013 at 12:16 am Deja un comentario

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