Archive for mayo, 2013

Abierto al público el yacimiento arqueológico “Domus Herculana”

Ya puede visitarse el yacimiento de la Domus Herculana, una villa romana localizada en Alcalá la Real (Jaén) que data de los siglos I al III d.C.

Domus-Herculana

Nuevo espacio para la visita en Alcalá la Real. El yacimiento de la “Domus Herculana” está ya abierto a la visita, localizado en la zona norte del casco urbano de Alcalá la Real, junto al nuevo Centro Social Polivalente de La Tejuela. Se puede visitar en horario de mañana y se prevé que entre también, en las próximas semanas, en los circuitos de visita turística a Alcalá la Real con “Tu Historia”.

Los trabajos han supuesto la consolidación y acondicionamiento de las estructuras arqueológicas localizadas; la instalación de elementos de accesibilidad; y el diseño de elementos didácticos para una mejor comprensión de los restos. Entre estos últimos se han instalado ordenadores táctiles en castellano e inglés; paneles informativos; grafismos que recrean cómo pudo ser la vida cotidiana en la época; y lonas que recogen las piezas más significativas que se han encontrado.

Los restos que se pueden contemplar son el resultado de los trabajos de una actuación arqueológica preventiva, desarrollado, en diferentes fases, a partir del año 2007, bajo la dirección del arqueólogo Carlos Borrás. Las obras se han llevado a cabo en el marco del proyecto de desarrollo socioeconómico de la Zona Norte “Iniciativa Urbana I”, financiadas en un 80% por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional y en un 20% por el Ayuntamiento.

La alcaldesa de Alcalá la Real, Elena Víboras, ha expresado “la satisfacción municipal por estas excavaciones, que han sacado a la luz la antigua villa romana, y un nuevo atractivo para la visita a Alcalá la Real”. A su vez ha invitado a la ciudadanía alcalaína y aquellas personas interesadas a visitar este nuevo punto de referencia, “que se une a otros muchos que se han puesto en valor en el municipio”.

Juan Ángel Pérez, concejal de Urbanismo y Patrimonio, por su parte, ha indicado que “se trata de unos restos arqueológicos importantes en los que se ha hecho un trabajo minucioso, del que se han sacado conclusiones del pasado alcalaíno, y que se plasmará próximamente en alguna memoria didáctica”.

De esta zona provenía el pequeño Hércules de mármol, localizado a finales del siglo XIX y que desde 1925 forma parte de la colección de arte romano del Museo Arqueológico Nacional en Madrid. Los últimos trabajos arqueológicos han consistido en una excavación extensiva en el solar, con el fin de poder acometer la construcción del nuevo edificio. Como resultado de la misma han salido a la luz restos arqueológicos, de una amplia cronología, que abarcan desde época romana, hasta casi nuestros días.

En lo que se refiere a época romana, el asentamiento consiste en la superposición de diferentes niveles de ocupación. Los restos principales corresponderían con una primera etapa, que abarcaría desde los s. I al III d. C., y una segunda, durante los siglos IV y V d. C. Los niveles de esta segunda etapa se apoyan sobre restos de episodios de incendios y avanzando, bastante importantes.

Este enclave de época alto imperial sufriría al menos dos importantes momentos de destrucción, la primera a finales de la segunda mitad del siglo III d. C. (260-269), causada por un importante incendio, y la otra en el siglo IV, después de la época del Emperador Constantino I. Después de esta segunda destrucción, no hay indicios de nuevos poblamientos.

Fuente: Juan José Montiel | Andalucía Información

29 mayo 2013 at 5:53 pm Deja un comentario

Debate: El sexo en Roma

¿Hasta qué punto se ajusta a la realidad la imagen de erotismo y de sexualidad desenfrenada que, en más de una ocasión, el cine o la literatura han atribuido a la antigua Roma? El Museo de Badalona, que precisamente se levanta sobre los restos de la antigua ciudad romana de Baetulo, descubre a través de una exposición los aspectos más íntimos de la vida de los romanos, y demuestra que la sociedad romana era especialmente activa en cuanto al sexo, aunque también vivía con restricciones morales y tabúes sexuales. Coloquio con Joan Mayné, director del Museo de Badalona; y Esther Gurri, arqueóloga y comisaria de la exposición “Sexo en la Antigua Roma”.

29 mayo 2013 at 5:29 pm Deja un comentario

Delfos

Ciudades, soberanos y simples particulares acudían al templo de Apolo, esperando que el oráculo del dios les aconsejara a la hora de tomar decisiones de importancia

Artículo de Mireia Movellán Luis. Investigadora de la Universidad Complutense de Madrid, Historia NG nº 113

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Este fresco de la casa de los Vetti en Pompeya recrea el episodio de la muerte de la serpiente Pitón a manos del dios Apolo, que aparece representado tocando la lira. ORONOZ / ALBUM

“Layo, suplicas una próspera descendencia. Te daré el hijo que deseas, pero está decretado que dejes la vida a sus manos”. Así profetizó el oráculo de Delfos al padre de Edipo; el oráculo también advirtió a Edipo de que mataría a su padre y se casaría con su propia madre. Fueron vanos los intentos de padre e hijo por evitar que tales predicciones se cumplieran: Edipo mató a un hombre y se casó con su viuda, sin saber que se trataba de sus progenitores; al conocer lo que había hecho, se sacó los ojos. Pero no todos los oráculos de Delfos fueron tan tremendos. Aparte de los ejemplos míticos o legendarios, de las más de quinientas preguntas y respuestas délficas conservadas sólo se consideran históricas unas cincuenta y cinco, y la mayoría responden a cuestiones políticas, bélicas o religiosas por las que se interesaron las ciudades.

En Delfos, lugar que los griegos consideraban el ombligo de la tierra, existía un templo del dios Apolo ya en el siglo VIII a.C., y desde entonces se estableció una red de peregrinaje que unía toda Grecia con ese lugar. Lo habitual era que las ciudades o polis enviasen delegaciones sagradas (theoría) que debían transmitir al oráculo preguntas sobre los asuntos públicos. Junto a los comisionados oficiales viajaban consultantes privados, cuyas preguntas debían de diferir, lógicamente, de las que formulaba la ciudad: seguramente se referían a la conveniencia de un matrimonio, a los hijos, a los riesgos de negocios y viajes…

El hecho de acompañar a las embajadas permitía a estos consultantes particulares disfrutar de cierta seguridad, ya que la delegación al completo estaba bajo protección divina y era inviolable. Ello resultaba muy conveniente cuando se tenía que realizar un viaje siempre difícil y peligroso, a veces muy largo, expuesto a ataques y al pillaje. Las delegaciones se mandaban coincidiendo con los momentos propicios para la adivinación, que en su origen se limitaban al séptimo día del mes de bysios (a mediados del invierno), en el aniversario del nacimiento de Apolo; posteriormente se ampliaron al día siete de cada mes. Además, las ciudades podían mandar delegaciones regularmente, con el beneplácito del santuario; los atenienses, por ejemplo, enviaban las llamadas pytháis a Delfos si se veía un rayo en determinado lugar. El santuario también estaba abierto a preguntas durante las celebraciones de festivales como los de Carila o de Septerion, cada ocho años.

Aunque al santuario acudía multitud de peregrinos en busca de alguna orientación sobre decisiones que debían tomar, la función esencial del oráculo no era predecir el futuro, sino proveer de sanción divina a las decisiones políticas de las ciudades: ratificaba leyes e incluso constituciones, aprobaba la fundación de nuevas ciudades y de colonias, aconsejaba empresas bélicas o las censuraba. Aunque Delfos no intervenía directamente en la política de las ciudades, sus oráculos podían ser usados como arma política en caso necesario.

La llegada al santuario

Cuando los peregrinos llegaban al pie del monte Parnaso, donde estaban la ciudad de Delfos y el recinto de Apolo, los recibía el próxenos, el embajador que cada polis tenía en el santuario y que atendía por igual a embajadores y a ciudadanos particulares. Hay que suponer que los días en que el recinto estaba abierto a consultas debía de concentrarse allí mucha gente, y que las colas para entrar eran constantes. Pero no todos tenían que esperar: ciudades como Atenas o Esparta disfrutaban del privilegio de la promanteia, la prioridad de consulta, de la que se beneficiaban tanto sus emisarios como los ciudadanos privados que los acompañaban.

Lo primero que encontraban los viajeros, a un kilómetro y medio del recinto, era la zona conocida como Marmaria por los mármoles de los edificios allí construidos, entre ellos el templo circular de Atenea Pronaia. Luego los peregrinos pasaban por la fuente Castalia, que brotaba entre las dos piedras Fedríades («brillantes»), y se purificaban con sus aguas. Acto seguido entraban en procesión por la vía Sacra, ya en el interior del santuario propiamente dicho. Esta calzada ascendía por una pronunciada pendiente y estaba flanqueada por los tesoros de las más prominentes ciudades: Sición, Sifnos, Cnido, Tebas, Atenas, Corinto, Massalia. Los tesoros eran pequeños templos o capillas en los que se conservaban los exvotos y donaciones que los ciudadanos de una polis entregaban al santuario. Después la vía llegaba al templo de Apolo, más arriba del cual se encontraban la palestra, el gimnasio, el estadio y el teatro. Este edificio, con capacidad para unos 5.000 espectadores, acogía los certámenes artísticos de los juegos píticos, que se celebraban en honor de Apolo e incluían competiciones atléticas y celebraciones religiosas.

La consulta al oráculo

Frente al templo estaba el altar para los sacrificios. Las consultas al oráculo se «pagaban» en forma de sacrificio o de pastel: el propio templo vendía los animales que debían sacrificarse y las tartas sagradas (pélanos). Aunque no se conocen las tarifas, es de suponer que el precio mínimo por la ofrenda sería asequible para un ciudadano medio. Sin embargo, los más pudientes solían ofrecer, además de un sacrificio, presentes como estatuas, trípodes y otros exvotos. Lógicamente, las tasas en forma de sacrificios o tartas que había que comprar para acceder al oráculo debían de ser mucho más elevadas para las consultas cívicas que para las privadas.

Poco sabemos de la organización en el interior del templo. Allí se encontraban la sacerdotisa pitia, por cuya boca hablaba Apolo, y el cuerpo de sacerdotes que la atendía y que se repartía las diferentes tareas. Aunque no se conocen con certeza las atribuciones de cada grupo, se cree que los hieréis se encargarían de los sacrificios; los prophetai se ocuparían de ayudar a la pitia e interpretar sus palabras, y los hósioi se cuidarían del culto.

El peregrino entraba en el templo a través del chresmographeion, donde se guardaba el archivo del santuario con la lista de consultantes, sus preguntas y respuestas, así como la lista de vencedores en los juegos píticos; probablemente allí formulaba su pregunta. Según la tradición, en la parte más recóndita del templo de Apolo había un lugar subterráneo, el ádyton, al que la pitia descendía, con una corona y un bastón de laurel, cuando le llegaba el momento de entrar en éxtasis y comunicarse con la divinidad. Se cuenta que ahí masticaba laurel, bebía agua de la fuente Casotis y se sentaba en un gran trípode situado sobre una grieta natural del suelo de la que salían vapores. Al inhalarlos, la sacerdotisa entraba en un frenesí o delirio gracias al cual pronunciaba las palabras, quizás incomprensibles, que los sacerdotes del templo escuchaban y escribían, y que luego se entregaban al consultante. Pero el ritual de la consulta tal como se ha descrito aquí presenta un problema: es tardío y se trata más bien de una elaboración esotérica de la realidad.Los relatos de diferentes historiadores griegos ofrecen una imagen muy distinta de cómo se desarrollaba.

¿Cuál era la verdad?

Plutarco, que además de historiador y biógrafo fue sacerdote de Apolo en Delfos, no sólo ignora el procedimiento descrito, sino que su narración es incompatible con el mismo. Este autor, que vivió a caballo de los siglos I y II d.C., explica que el ádyton estaba abierto a los consultantes y no era una habitación secreta; y no dice nada sobre el frenesí o trance de la pitia, ni sobre lo incoherente de sus palabras. Sólo en una ocasión refiere que la sacerdotisa se retira a un lugar subterráneo, pero ello sucede en un momento en el que se siente indispuesta y no logra profetizar, cosa que la lleva a la locura. Por su parte, el historiador Heródoto, que vivió en el siglo V a.C., relata la entrada del dirigente espartano Licurgo en el recinto de la sacerdotisa y afirma que ella le habla directamente, sin esperar siquiera a su pregunta y, de hecho, le dicta la constitución espartana. También Jenofonte parece tener una relación directa con la pitia cuando, a finales del siglo V a.C., le pregunta a qué dioses debe encomendarse para tener éxito en el viaje que luego narrará en su Anábasis, el épico itinerario de un ejército de mercenarios griegos a través del Imperio persa.

Es más, algunos ejemplos de consultas históricas que conservamos presuponen no sólo que la pitia estaba presente ante los consultantes, sino que se dirigía directamente a ellos, como cuando los atenienses le solicitaron que escogiera los nombres de las diez tribus de su ciudad, o cuando los tesalios le pidieron que eligiera a un rey. Al parecer, en ambos casos se ofreció a la sacerdotisa una urna con distintos nombres para que ella eligiese. En definitiva, lo que ocurría dentro del templo y la manera en que actuaba la profetisa constituye un misterio. En cuanto al origen de su inspiración, se ha intentado explicar por el uso de sustancias psicoactivas que podían estar presentes en el agua o el laurel, o por algún vapor que actuara sobre su conducta (parece que está confirmada la existencia de etileno en el subsuelo de Delfos). Incluso hay quien afirma que pudo recurrir al hipnotismo o algún tipo de sugestión.

La decadencia

Después de la consulta, el peregrino regresaba al chresmographeion, donde los prophetai le entregaban por escrito un informe oficial y la respuesta del oráculo interpretada y formulada solemnemente, a menudo en verso. Tras esto emprendía el viaje de regreso a casa, tan peligroso como el itinerario de ida. De hecho, la gran cantidad de problemas y obstáculos a los que se enfrentaron los peregrinos entre el estallido de la guerra del Peloponeso (431 a.C.) y el advenimiento de Alejandro Magno contribuyó a la pérdida de importancia del oráculo y al desuso de las rutas de peregrinaje. Durante la guerra, por ejemplo, los atenienses se acostumbraron a visitar el oráculo de Dodona porque Delfos había caído en manos espartanas. El prestigio de Delfos comenzó su declive tras la muerte de Alejandro, en 323 a.C., aunque continuó siendo un centro de atracción durante la época helenística y el período romano. Por fin, en 391 d.C., el emperador romano Teodosio decretó el cierre de todos los oráculos y la prohibición de la adivinación de cualquier tipo. El cristianismo había silenciado la voz de los antiguos dioses.

Para saber más

Oráculos griegos. David Hernández de la Fuente. Alianza, 2008.

Obras morales y de costumbres VI. Plutarco. Madrid, Gredos, 1995.

28 mayo 2013 at 3:32 pm Deja un comentario

El Garum, la más famosa salsa romana, volverá a comercializarse 1400 años después

Dos investigadores de la Universidad de Cádiz buscan financiación para comenzar a fabricar “Flor de Garum” una reconstrucción de la mítica salsa que ayer presentaron ante un nutrido grupo de cocineros de Conil

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Una de las pruebas de embotellado que se ha realizado de Flor de Garum, la reconstrucción de la famosa salsa romana. Foto: Cedida por Flor de Garum

Petri Benitez, la jefa de cocina de la Venta Melchor lo utilizó ayer como condimento de un tartar de atún. “No le he tenido que poner ni sal, porque con el poquito de salsa que le he puesto ya tiene sabor suficiente. Me dice muchas cosas, es un sabor que me recuerda a las salazones, al mar, desde que lo hueles. Pero es un olor agradable, muy suave, muy sútil y luego, lo mejor, es que el sabor se corresponde con esa primera intención. Puede sustituir perfectamente, pero ganando mucho, a la soja”.

Blas Pérez, el jefe de cocina del Hotel Conil Park, no se quedaba atrás. Le había llamado la atención además de la flor  un tarro con especias que también se obtiene después de sacar la flor de garum. “Creo que puede ser un complemento maravilloso para un guiso marinero”.

Una treintena de cocineros de Conil, los que pertenecen a la asociación Los Borriquetes, probaron ayer por primera vez la “flor de Garum”. Es el nombre comercial que la han dado a la reconstrucción, completamente rigurosa y basada en investigaciones arqueológicas, del  Garum, la mítica salsa inventada por los romanos y cuyos primeros datos sobre su existencia se fijan en torno al siglo IV antes de Jesucristo.

Es un paso más hacia la comercialización del producto. Tras las investigaciones realizadas por un amplio grupo de profesores de las universidades de Cádiz y Sevilla, dos de ellos se han lanzado a la aventura de convertirse en empresarios y comercializar el fruto de su trabajo.

Alvaro Rodríguez Alcantara y Josefina Sánchez García son dos jóvenes investigadores que trabajan en este proyecto. Ambos han decidido comercializar de nuevo, 14 siglos después, la salsa Garum. Ahora están en la fase de crear el “plan de empresa”, lo último antes de poner definitivamente el proyecto en marcha. Su principal lucha ahora es obtener al menos 30.000 euros con los que iniciar la fabricación. Nada de grandes infraestructuras, algo a pequeña escala porque su intención, en princpio es ir al sector gourmet y a los restaurantes.

Tienen ya premios que los avalan. Hace pocas semanas han conseguido una mención especial en la edición nacional de Écotrophélia, un reconocido concurso entre investigadores en busca de novedades. Ahora también luchan por lograr un galardón en un certamen organizado por el BBVA. Trabajan también en que la administración le ceda un local para comenzar a funcionar.

Dos años de investigaciones

Es la fase final de un proyecto universitario que lleva ya más de dos años de investigaciones. En ellos los investigadores andaluces han logrado descifrar uno de los enigmas gastronómicos más “novelados”. Muchos cocineros habían elaborado hasta ahora sus versiones, más o menos libres de la salsa e incluso se barajaba la idea de que el producto no podría reconstruirse porque sencillamente era algo compuesto por desechos. Sin embargo, el hallazgo más sorprendente, realizado gracias al trabajo del arqueólogo Darío Bernal Casasola, perteneciente al departamento de Historia, Geografía y Filosofía de la Universidad de Cádiz y el profesor Enrique García Vargas, del departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Sevilla, es que esta salsa era una verdadera “delicatessen” y se elaboraba de forma muy cuidada con pescados, sal y especias. Una de las versiones más famosas se hacía, además, en la provincia de Cádiz.

Una vez conocida la fórmula exacta, lograda por estos dos investigadores a base de analizar restos arqueológicos y literatura sobre el tema, el trabajo pasó al departamento de Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Cádiz, liderado por el profesor Victor Palacios. Ellos han logrado reproducir, con tecnología del siglo XXI el método de elaboración de la salsa que se ha reconstruido con total fidelidad, destaca Alvaro Rodríguez.

Este investigador espera lograr la financiación necesaria para el proyecto y si es así los primeros tarros podrían salir al mercado a principios de 2014. De hecho ahora van a comenzar una campaña para ir presentándolo a cocineros y gastrónomos. En su explicación a los cocineros de “Los Borriquetes”, que se reunieron ayer en la Escuela de Hostelería de Conil, para intercambiarse y mostrar fórmulas para cocinar el atún rojo de almadraba, les dijo que la salsa podía utilizarse tanto en carnes como pescados. Se trataría, en términos muy coloquiales, de una especie de concentrado, pero en vez de ser de los tradicionales de carne, sería de pescado.

Los investigadores compartieron ayer protagonismo con otro de los proyectos empresariales de éxito salido de la Universidad de Cádiz, la empresa Suralgae que comercializa algas de los esteros de la provincia de Cádiz (más información aquí)

El cocinero Mauro Barreiro, del restaurante Real 210 Gastro de Puerto Real, ya colabora con los investigadores en las adaptaciones gastronómicas del producto. El cocinero ha visto muchísimas posibilidades como acompañamiento para los pescados, pero “es que -explica Alvaro Rodríguez- ha dado resultado estupendos con sushi, con arroces, para rehogar unas verduras o incluso con carnes”.

Alvaro Rodríguez señala que la salsa contiene el mítico quinto sabor del que tanto hablan los japoneses, el “Umami”, que se uniría al dulce, salado, ácido y amargo que aprendimos de pequeños. El “Umami” es difícil de describir pero sería el más “sibarita” de los paladores, una especie de conjunción perfecta de todos los demás. (más información aquí).

La idea sería comercializarlo en tarros de 0,1 litros, en pequeñas cantidades ya que lo suyo es utilizarlo a gotas, como un buen vinagre de Jerez. La idea de los investigadores es que el tarro esté entre los 8 y 10 euros. El producto ya tiene incluso su imagen realizada. Dura además bastante en perfectas condiciones. Ahora, uno de los objetivos es precisamente ese fijar su fecha de caducidad. Además el proyecto también recoge elaborar otros productos en torno al garúm como patés, especias e incluso pastas.

Más información sobre Flor de Garum y el proyecto de investigación, aquí.

Fuente: Pepe Monforte | Cosas de Comé

28 mayo 2013 at 7:03 am Deja un comentario

Canalizaciones romanas del siglo I a.C. en el subsuelo de Cádiz

Un técnico recorre la canalización romana del siglo I a.c., de la que hasta ahora han sido excavados unos cincuenta metros. Efe

El subsuelo de Cádiz no deja de dar sorpresas y de revelar la trimilenaria historia de la ciudad, en la que ahora han sido halladas unas canalizaciones romanas que podrían datar del siglo I antes de Cristo y ser, o bien parte de las cloacas o bien del suministro de agua potable.

La canalización, de la que hasta ahora han sido excavados unos cincuenta metros, fue descubierta a seis metros bajo la cota actual del suelo de Cádiz, bajo un pozo sellado de un edificio del siglo XVIII, casi colindante con el Teatro Romano.

El inmueble bajo el que han sido halladas estaba habitado hasta hace dos años, a pesar de su estado bastante ruinoso.

Fue comprado por una sociedad de inversores que pretende erigir en el edificio, en pleno barrio de El Pópulo, un complejo turístico con apartahotel, restaurante y, en el sótano, unas termas romanas que pretenden reproducir aquellos baños del esplendor del Cádiz romano.

Uno de los promotores del proyecto, German Garbarino, lleva quince años estudiando el subsuelo de Cádiz, y, de alguna forma, tenía la intuición de que podía encontrarse sorpresas.

Y ésta llegó bajo un pozo del siglo XVIII, del que parten hacia el norte y hacia el sur dos galerías excavadas íntegramente en roca natural y de 1,30 metros de altura y 80 centímetros de anchura, al menos en los cincuenta metros que ya han sido excavados.

La excavación arqueológica no ha concluido ni tampoco los estudios. En un ochenta por ciento creemos que puede ser una cloaca menor por la que discurrirían las aguas residuales de la Cádiz romana”, dice el promotor, que no descarta tampoco que se trate de un canal de agua potable conectado con el acueducto.

“Estamos en la fase de teorías”, explica Garbarino, mientras cuenta que investigadores del CSIC y de distintas universidades han visitado la canalización descubierta. “Cuantas más opiniones tengamos la conclusión será mas exacta”, apunta.

Según los expertos, estas canalizaciones son únicas porque, además de ser de las más antiguas halladas en Cádiz, son las primeras que están excavadas en la roca natural y que permanecen “en tan buen estado de conservación que incluso cuando llueve todavía discurre el agua por ellas”.

El proyecto turístico, según este promotor, no podrá abrir la canalización a sus visitantes, que, por seguridad, sólo podrán contemplarla a través de una iluminación especial y de un sistema de espejos.

Además de los canales, en las obras del inmueble han aparecido materiales de distintos periodos, entre otros, muros, varias piezas de columnas que, según las primeras hipótesis, podrían pertenecer al Teatro Romano de Cádiz, que sigue en fase de obras.

Algunos de ellos, como los muros, podrán formar parte de la decoración “real” de la recreación de las termas romanas, pero la mayoría está siendo conducida al Museo de Cádiz, para incorporarse al inagotable patrimonio arqueológico de la ciudad.

Como casi todas las obra que se realizan en la ciudad y que se topan con vestigios arqueológicos, el proyecto turístico, que prevé una inversión de unos tres millones de euros, ha tenido que ir modificándose en función de los hallazgos de vestigios.

El pasado enero otras obras, las del solar que ocupaba la antigua sede de la Subdelegación del Gobierno en Cádiz, destaparon, entre otros hallazgos arqueológicos, doce tumbas púnicas de los siglos V y IV antes de Cristo que tenían en su interior, además de huesos, más de 300 joyas y amuletos egipcios.

También se encontraron otras dos inhumaciones fenicias del siglo VI antes de Cristo y otras veintiocho de época romana, datadas entre el siglo I antes de Cristo y el II después de Cristo.

Fuente: EFE | La Razón

24 mayo 2013 at 10:16 pm Deja un comentario

Noticias en latín XLV desde Radio Torcal

En el programa de hoy, entre otros temas, se comenta el drama de la crisis económica griega, que se está cebando con los más débiles y en especial con los niños. Referencia también a la entrevista televisiva de esta semana al expresidente José María Aznar y el revuelo creado a raíz de sus manifestaciones. En el panorama internacional, comentario sobre la situación en Siria.

XLVº programa de noticias en latín desde Radio Torcal, bajo la dirección del doctor Cristóbal Macías Villalobos, jefe del Departamento de Lenguas Clásicas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Málaga.

http://www.ivoox.com/noticias-latin-xlv-desde-radio-torcal_md_2072151_1.mp3″ Ir a descargar

24 mayo 2013 at 7:51 pm Deja un comentario

La Tierra, un infierno en el corazón del Cosmos

Ángel Díaz | El Mundo – Ciencia

Luna

Plutarco creía que en la Luna habitaban unos misteriosos seres inteligentes. | Afp

La primera comunidad de estudiosos que se dedicó a observar los cielos de forma sistemática fue la Academia ateniense, origen de las actuales universidades. Allí también se impartían otras disciplinas relacionadas con la astronomía, como la geometría y la aritmética, además de dialéctica y música. Esta última materia, en realidad, también se consideraba entonces emparentada con los cuerpos celestes y, más en concreto, con los armoniosos movimientos de sus órbitas. Se trata de una idea pitagórica que tuvo gran aceptación: muchos siglos después, el gran astrónomo Johannes Kepler aún dedicaría una de sus principales obras a la música de las esferas.

La Academia debe su nombre a que se levantaba fuera de las murallas de Atenas, en los jardines del héroe Academos, rival mitológico de Teseo, quien perdió a su amada a manos de la diosa lunar Artemisa. El noble Arístocles de Atenas, más conocido como Platón, fundó esta escuela en 387 a. de C. Allí estudió durante veinte años Aristóteles, quien después fundaría su propio Liceo, pero no sin antes heredar de su maestro una visión de la astronomía que perduraría hasta la edad moderna. Según ambos pensadores -que no estaban de acuerdo en casi nada más-, la Luna no era en absoluto equiparable a nuestro planeta, sino que se trataba de un cuerpo perfecto y puro, perteneciente al mundo supraterrenal.

Desde el punto de vista científico, la tesis suponía un gran paso atrás respecto a las agudas observaciones de Anaxágoras de Clazomene, pero tanto Platón como Aristóteles consideraban que la descripción de la naturaleza tenía que ser coherente con la metafísica y estar supeditada a ella. Tanto la Academia como el Liceo florecieron durante siglos y albergaron a grandes pensadores, hasta que, en el año 529, ambas fueron absorbidas por el Imperio romano, por orden del emperador bizantino Justiniano I. Aunque la astronomía desarrollada en la Academia y el Liceo prolongaría su influjo durante más de un milenio, en gran parte gracias a los trabajos de Eudoxo de Cnido, contemporáneo de Platón y primero en establecer con exactitud la duración del año.

Platón-y-Aristóteles

Platón y Aristóteles. | E.M.

Nacido en el 408 a. de C., Eudoxo fue uno de los primeros astrónomos en oponerse a los horóscopos y la astrología, aunque no porque no creyese en la adivinación, sino más bien porque se dio cuenta de que los movimientos de los orbes eran mucho más complejos de lo que suponían los expertos en esta actividad. “Cuando creen hacer previsiones acerca de la vida de un ciudadano con sus horóscopos, basados en la fecha de su nacimiento, no debemos dar crédito alguno. Las influencias de los astros son tan complicadas de calcular que no existe hombre en la faz de la Tierra que lo pueda hacer“, argumentaba.

Tras abandonar Atenas, Eudoxo fundó su propia Escuela de Filosofía, Matemáticas y Astronomía en su ciudad natal, para la que también redactó una constitución democrática. Levantó un observatorio en su ciudad y otro cerca de Heliópolis, a orillas del Nilo, desde donde estudió los cielos, los cambios meteorológicos de la atmósfera y las subidas y bajadas del río. Pero antes dejó construido en la Academia un artilugio con esferas concéntricas y transparentes que representaban los movimientos de la Luna, el Sol, los planetas y las estrellas. Todos ellos giraban sobre dichas esferas y alrededor de la Tierra, que era también esférica pero permanecía inmóvil en el interior del ingenio. Eudoxo se las arregló para dar cuenta de los movimientos de todos los cuerpos celestiales conocidos con solo cuatro esferas, pero este modelo del cosmos causó una honda impresión en Aristóteles, quien lo desarrolló hasta incluir en él cincuenta y cinco esferas de cristal.

La diferencia entre el modelo de Eudoxo y el de Aristóteles no es solo cuantitativa, sino también cualitativa. Se cree que Eudoxo diseñó su sistema de esferas como un mero recurso práctico que le permitiera entender las órbitas de los astros. Para Aristóteles, en cambio, las esferas eran una realidad material: existían en el cosmos y estaban compuestas por éter, el elemento ligero y puro que llenaba el firmamento. La idea de este supuesto material, que jamás ha existido, no sería desechada del todo hasta que Albert Einstein publicó en 1905 su teoría de la relatividad especial. El modelo cosmológico geocentrista de Eudoxo y Aristóteles tuvo un éxito considerable, pero solo tuvieron que pasar unos pocos años para que alguien les llevara la contraria y afirmara que era la Tierra la que se movía alrededor del Sol, y no al revés.

Primer sistema heliocéntrico

Fue Aristarco de Samos, nacido en 310 a. de C. y discípulo de uno de los directores del Liceo aristotélico, Estratón de Lámpsaco. Este astrónomo y matemático no solo fue el primero en proponer un sistema heliocéntrico, lo que lo convierte en el precursor de Copérnico, sino que estuvo a punto de ser procesado por insistir en que la Tierra tenía forma esférica. También sabía que rota sobre su propio eje cada veinticuatro horas, pero sus contemporáneos no aceptaron sus teorías.

Es muy posible que fuesen sus observaciones durante un eclipse lunar las que lo llevaron a la revolucionaria conclusión de que el Sol era mucho más grande que la Tierra y, además, estaba en el centro del universo (que entonces no excedía nuestro sistema planetario). Aristarco aprovechó el eclipse de Luna de 270 a. C para medir la distancia que separa a la Tierra de su satélite. Para ello midió el tiempo que la Luna tardaba en atravesar la sombra de nuestro planeta durante el eclipse. No está claro si Aristarco llegó a calcular el valor correcto o cometió algún fallo en las mediciones, pero este dato, junto a la geometría que ya se conocía en sus tiempos, le hubiera permitido establecer que ambos cuerpos se encuentran a 60 radios terrestres de distancia. La distancia real varía entre 55 y 63 radios terrestres, por lo que la estimación puede considerarse todo un acierto.

Aristarco

Mediciones de la Luna, el Sol y la Tierra realizadas por Aristarco de Samos. | Librería del Vaticano

A partir de estos resultados, también intentó medir la distancia a la que se encuentra el Sol, pero aquí sí sabemos que cometió un error al medir el ángulo entre la Luna y nuestra estrella, así como el tamaño de la Tierra en relación a su satélite. Aun así, acertó en lo fundamental. Sus soluciones sobre el tamaño y la distancia del astro rey diferían mucho de la realidad, pero dejaban claro que el Sol estaba mucho más lejos que la Lunay debía ser mucho más grande que nuestro planeta, algo que sin duda debió influir en el desarrollo de su sistema heliocéntrico: un astro de semejante tamaño no podía quedar recucido al papel de mera comparsa.

Pero el astrónomo Hiparco de Nicea, nacido en 190 a. de C., se dio cuenta de que las predicciones orbitales del aún imperfecto sistema de Aristarco no concordaban con sus observaciones, de modo que volvió a situar a la Tierra en el centro del cosmos. Hasta casi diecinueve siglos después, esta no sería devuelta al lugar que le corresponde. Hiparco defendió el modelo geocéntrico por motivos puramente científicos y para mejor explicar los datos a los que se tenía acceso en su tiempo. Realizó importantes descubrimientos, como la precesión de los equinoccios, y fue el último gran estudioso de los orbes celestes de la Grecia clásica; su relevo lo tomarían los astrónomos árabes de la Edad Media. Pero, antes de eso, un célebre historiador formado en la Academia platónica escribiría un sugerente libro sobre una discusión astronómica muy en boga en aquel momento. Concretamente, sobre la cara que aparece en el orbe de la Luna.

Compuesto a modo de diálogo entre varios personajes, en él se presentan las opiniones dominantes en la época sobre el origen y naturaleza de las manchas lunares, un debate que se prolongaría durante siglos y no acabaría de resolverse hasta la llegada del programa Apolo.

Los seres inteligentes de la Luna

El autor de esta obra, Plutarco, ha sido considerado gracias a ella el primer divulgador científico de la historia, al menos en lo que a estudios astronómicos se refiere. El personaje central del diálogo es Lamprias, quien defiende, frente a los aristotélicos, la tesis de Anaxágoras de que la Luna es un cuerpo sólido. El principal oponente de Lamprias es Farnacio, quien sostiene que el satélite está hecho de fuego. Un matemático imaginario llamado Apolónidas es el encargado de defender que la Luna tiene valles y montañas, tal y como había dicho ya un contemporáneo de Sócrates, Demócrito de Abdera.

Los personajes partidarios de Aristóteles argumentan en la obra que las manchas lunares son una ilusión óptica o bien el reflejo de los accidentes geográficos terrestres. Lamprias refuta estas teorías, con más o menos acierto: sostiene que la Luna no es lo bastante brillante como para provocar semejantes ilusiones ópticas, lo cual es correcto; pero también argumenta que no puede reflejar las montañas y mares terrestres porque no está mirando directamente a nosotros, lo cual es falso porque asume que la Luna es un disco plano como la superficie de un espejo. Plutarco no aceptaba que nuestro satélite fuese un cuerpo perfecto y usó al personaje de Lamprias para defender sus propias ideas, pero el desarrollo del diálogo nos muestra que, en aquella época, no resultaba nada sencillo rebatir los razonamientos aristotélicos.

Plutarco

Plutarco. | E.M.

Tampoco era fácil de refutar la idea de que la Luna, al contrario de lo que decía Parménides, brilla con luz propia. Farnacio sostiene que el tono rojizo que adquiere este astro durante un eclipse lunar, cuando la luz del Sol no le está llegando, demuestra que ha de estar hecho de fuego. Plutarco no podía saber que este color se debe a la difracción de la luz provocada por la atmósfera, de modo que su personaje Lamprias no logra dar una respuesta convincente y se entretiene en una disquisición filosófica sobre la naturaleza de dicho fuego, cuya existencia considera inviable.

Lamprias intenta entonces convencer a sus rivales de que la Luna alberga seres inteligentes, los cuales seguramente contemplarán a la Tierra en su firmamento y se preguntarán de qué está hecha y si acogerá vida similar a la suya. Los selenitas, de acuerdo con este personaje, tendrían un punto de vista exactamente contrario al nuestro: mirarían hacia abajo y se encontrarían con un mundo quieto, oscuro y envuelto en nubes y vapores, por lo que interpretarían que nuestro planeta es el infierno y que el suyo es el único cuerpo terrestre del cosmos, situado a medio camino entre el inframundo y el firmamento.

Plutarco, que en el fondo era un hombre de letras, jamás habría podido desafiar matemáticamente el modelo geocéntrico, pero hizo algo quizás aún más osado: redujo a la Humanidad a la condición de meros terrícolas, y a nuestra visión del cosmos a una simple cuestión de perspectiva. Desempeñó una amplia variedad de trabajos durante su vida, incluidos los de magistrado y embajador, y escribió sobre temas tan variados como la moral y la zoología. Nunca se dedicó en serio a la astronomía, pero sin duda le apasionaba esta ciencia. Así lo demuestra este libro, el único dedicado a los cielos en la amplísima obra que nos dejó.

La ‘música’ de las esferas

Ptolomeo. | E.M.

Ptolomeo. | E.M.

La astronomía de la edad clásica culmina con el ciudadano romano de ascendencia griega Claudio Ptolomeo. Nacido en Egipto alrededor del año 85, fue contemporáneo de Plutarco, aunque mucho más joven. Vivió en la ciudad de Alejandría y se cree que trabajó en la célebre Biblioteca de esta ciudad. Se inspiró en los trabajos de Hiparco, pero contaba con mejores datos, por lo que pudo definir de un modo aún más preciso los movimientos del Sol, la Luna, los planetas y las estrellas. Eso sí, la Tierra seguía en el centro del cosmos. Todo ello quedó recogido en una obra que nos ha llegado gracias a su traducción árabe y que se convertiría en el libro astronómico de referencia durante más de catorce siglos.

El Almagesto (Gran Tratado) de Ptolomeo es, tras los Elementos del matemático Euclides, la obra científica que más tiempo ha permanecido en vigor. En ella se muestra una descripción del universo inspirada en el modelo esférico de Aristóteles y Eudoxo, aunque mucho más desarrollada desde el punto de vista matemático. Ptolomeo, como Platón y los pitagóricos, creía en la música de las esferas, y también redactó un tratado de armonía musical. Pero su mayor goce era contemplar el firmamento: “Cuando trazo a mi placer el vertiginoso ir y venir de los cuerpos celestes, dejo de tener los pies sobre la Tierra: estoy en presencia del mismísimo Zeus y tomo mi ración de ambrosía, el manjar de los dioses“.

Aunque se basó siempre en datos empíricos, el sistema geocéntrico que creó encajaría como un guante en la filosofía cristiana que dominó Occidente en la Edad Media. Por ello, aun cuando nuevas y mejores observaciones dejaron obsoleto este modelo, no fue fácil desprenderse de él. La idea de un universo bello y armónico, con la Tierra anclada en su corazón, enseguida se vería respaldada por los valores culturales y religiosos del momento; separarla de ellos sería un proceso largo y traumático.

24 mayo 2013 at 4:48 pm Deja un comentario

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