Archive for 11 junio 2011

El hipogeo de los Aurelios: una nueva joya que visitar en Roma

Nuevos descubrimientos en el hipogeo de los Aurelios, monumento fúnebre a caballo entre dos mundos

Próximamente se permitirá la visita al hipogeo a pequeños grupos de personas 

Hay ciertos monumentos que “dicen demasiado” y que se convierten en enredos inextricables de ideas, de pensamientos, de vías interpretativas, por lo cual los arqueólogos y los historiadores del arte deben afilar sus armas para desatar los nudos más apretados de las teorías que  animaron a los comitentes y artífices cuando fue concebido el complejo monumental o su decoración.

Es el caso del hipogeo de los Aurelios, en la avenida Manzoni, un monumento sepulcral, descubierto durante el montaje de un garage de la STA, que luego pasó a ser propiedad de la FIAT s.p.a., en el sector sudoriental de Roma, no lejos de la basílica de Santa Cruz en Jerusalén. La Superintendencia de ese tiempo continuó las excavaciones sistemáticas y el inspector Goffredo Bendinelli preparó una primera edición crítica del programa decorativo, después actualizada por el gran iconógrafo Joseph Wilpert y por el arqueólogo Orazio Marucchi. Desde ese momento, el hipogeo se convirtió en un verdadero  “gimnasio” para todos los estudiosos de la historia de las religiones de la antigüedad tardía, que atribuyeron el hipogeo unas veces a un  encargo pagano, otras a un encargo cristiano, otras a un encargo gnóstico.

El programa decorativo, que afecta, de hecho, a las tres estancias funerarias propone una temática compleja, difícilmente atribuible a un único filón iconográfico, pero muestra la eclecticidad típica del clima multirreligioso que anima la atmósfera cultural, que desde el tiempo de los Severos, entre los siglos II y III, llega al imperio de Galieno, es decir, a fines de los años 60 del mismo siglo III. Un tiempo, este, atravesado por mil problemas de orden político, social, económico y militar, que halla “refugio” en el pensamiento filosófico y religioso, el cual acoge en la ideología romana las corrientes de las nuevas creencias y de las formas de fe provenientes del Oriente.

El culto a Mitra, el pensamiento judío, la filosofía neoplatónica, el orfismo, el cristianismo, la gnosis viven y conviven en una Roma multiétnica y multirreligiosa, creando también formas de sincretismo y superposiciones complejas de elaboraciones religiosas. Pues bien, el hipogeo de los Aurelios expresa justamente esta complejidad de un pensamiento elaborado por una clase social elevada, ambiciosa, quizá perteneciente al entorno de los libertos imperiales y, sin embargo, dispuesta a emular las manifestaciones monumentales de las clases más altas y adineradas de aquel tiempo.

La tensión hacia la autorrepresentación sugiere a esta familia, tan notable en la Roma de la época, decorar su propio monumento funerario con los temas que, sin olvidar las costumbres iconográficas de la cultura helenística y de la tradición romana, abren las puertas a un nuevo  imaginario iconográfico, suspendido entre la vida cotidiana y un mundo feliz, tranquilo, sereno, proyectado hacia el más allá. Este feliz locus amoenus, de virgiliana memoria, se expresa con muchos y diversos expedientes iconográficos, que se extienden por las paredes de los tres ambientes funerarios. Dos grandes temas constelan los frescos de las tres estancias: por una parte, la gran materia filosófica, que propone decenas de intelectuales dispuestos en teorías y provisiones de virgae y rollos de la sabiduría; por otra, el argumento bucólico, con la representación de pastores crióforos y de un curioso híbrido iconográfico, o sea, una figura de un pastor-intelectual, que parece aludir a la conexión de dos temas básicos y que quiere representar uno de los Aurelios colocados en el hipogeo.

En la inscripción musiva dedicada por un Aurelius Felicissimus se recuerda la sepultura de los tres hermanos Aurelius Onesimus, Aurelius Papirius y Aurelia Prima. Pues bien, estos tres difuntos son representados en un largo ciclo de pinturas al fresco, una veces como el sabio pastor, del cual se ha hablado; otras veces como un caballero que entra en una ciudad fabulosa, que se propone como una especie de más allá urbano; otras como un rétor en el centro de un foro; otras como un comensal en un banquete celestial. El ciclo se inserta en un gran cuadro homérico, donde, según los primeros editores, se representaba el episodio de Ulises cuando vuelve a Ítaca y encuentra a Penélope en el telar entre los pretendientes. La recentísima restauración efectuada con el revolucionario uso del láser –que el año pasado recuperó la estancia de los apóstoles en Santa Tecla– ha permitido leer mejor esta singular megalografía. En la parte superior,  donde los iconógrafos del pasado reconocían el palacio y los rebaños de Laertes, se ha descubierto de nuevo a Aurelia Prima que, en señal de luto, se suelta el cabello para llorar  por sus dos hermanos muertos, colocados sobre el lecho fúnebre en el interior de un recinto funerario. En el sector inferior –siguiendo alguna interpretación del pasado– se asiste al momento en que Ulises obtiene de la maga Circe que sus compañeros, transformados en cerdos, vuelvan a ser hombres. El relato, que se desarrolla en el X canto del la Odisea, se inserta bien en la temática funeraria de aquel tiempo, si se tiene en cuenta que fue precisamente Circe quien indicó al curioso Odiseo el camino para un viaje al Hades. Las nuevas escenas descubiertas se insertan perfectamente en el sistema multirreligioso encabezado por el sincretismo elaborado por los Aurelios, que comporta también dos enigmáticas escenas donde se puede reconocer tanto a Prometeo que crea al hombre y a Hércules en el jardín de las Hespérides, como la creación de Adán y la expulsión del Edén.

Estas incertidumbres y estas co-presencias nos hablan de una atmósfera rica de tensiones ideológicas, que miran, por lo demás, a crear una condición ultramundana, suspendida en el cosmos, en equilibrio entre una sed terrena y una ultraterrena, que prepara la idea de otro mundo listo para representar el paraíso de los cristianos, reservado, en este caso, a un grupo privado, a una familia de clase alta. Poco tiempo después o en los mismos años, justo en la primera mitad del siglo III, nacen las catacumbas comunitarias destinadas a la sepultura de todos los hermanos, que se han adherido a la nueva fe. El hipogeo de los Aurelios, en este contexto, representa un antecedente singular, fuertemente autorrepresentativo, de una gens que, sin abrazar el pensamiento cristiano, lo contempla en el horizonte multirreligioso del tiempo.

Por otra parte, la Pontificia Comisión de Arqueología Sacra ha anunciado su decisión de permitir la visita al hipogeo a pequeños grupos de personas. Grupos de un máximo de quince personas podrán acceder al hipogeo tras reserva previa.

Fuente: Artículo de Fabrizio Bisconti en L’Osservatore Romano 10/06/2011

Procedencia de las imágenes: L’Osservatore Romano y Televisa

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11 junio 2011 at 11:18 am 1 comentario


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