Carreras de carros y vandalismo en Constantinopla

16 enero 2009 at 9:54 pm 3 comentarios

Las carreras de carros fueron en la antigüedad uno de los espectáculos con más seguidores, si no el que más. Como ocurre actualmente con el fútbol, donde los resultados adquieren una significación que trasciende el interés deportivo y hace que se desaten entre los aficionados las más bajas pasiones, del mismo modo en el mundo clásico las competiciones en la arena del circo fueron causa de grandes rivalidades entre las distintas facciones, disputas que terminaron en más de una ocasió con un baño de sangre.

En Irish Times puede leerse hoy precisamente un relato estremecedor sobre los acontecimientos ocurridos el año 527 en Constantinopla. Un relato del que extraer conclusiones por cuanto, en algunos aspectos, no parece que hayan pasado 1.500 años.  

Todo es juego y diversión -dice el artículo- hasta que alguien pierde un ojo. O una ciudad es pasto de las llamas y mueren decenas de miles de fanáticos deportivos.

En el siglo VI, las carreras de carros eran un deporte de elección y ganar y perder era en verdad cuestión de vida o muerte.[…] En el año 527 d.C., Justiniano sucedió a su tío, Justino, como el emperador romano de Bizancio. En ese momento, el Imperio Romano se encontraba bajo una presión implacable en varios frentes – con el Imperio Persa como una amenaza constante desde el este, los eslavos haciendo incursiones en los Balcanes y en Europa occidental el desmoronamiento del Imperio Romano. Y entonces un problema se inició en casa, en Constantinopla.

La capital de Bizancio (hoy Estambul) fue famosa por sus carreras de carros, en las que participaban cuatro equipos. Cada uno fue conocido simplemente por sus colores: Rojos (Roúsioi), Verdes (Prásinoi), Blancos (Leukoí) y Azules (Vénetoi).

En el momento que comenzó su reinado Justiniano – un gran defensor de los Azules -, los Rojos y los Blancos se convirtieron en una vergüenza para sus seguidores. Sólo había dos equipos en la ciudad sobre los que valía la pena hablar, los Verdes y los Azules. El uso de los colores de su equipo se convirtió en un aspecto importante del modo de vestir de los habitantes de Bizancio.

Los Azules se situaban en el Hipódromo – uno de los más grandes de la antigüedad, con capacidad para 100.000 espectadores- frente al palco del emperador, cerca de las puertas de salida, y los Verdes en el extremo opuesto; y la rivalidad entre las dos partes era feroz e incontrolable.

En las carreras eran casi tan frecuentes las lesiones e incluso la muerte como en los combates de gladiadores, y la multitud  normalmente llegaba a un frenesí que conducía a enfrentamientos entre seguidores rivales. Preocupado por el creciente nivel de violencia, Justiniano dirigió sus esfuerzos hacia los miembros más extremos de cada facción.

Con los ciudadanos enfurecidos por los altos impuestos y los más fanáticos de los Verdes y los Azules en la cárcel, Justiniano necesitaba una distracción. Volviendo la vista, sin embargo, su decisión de celebrar una carrera de carros entre los dos principales rivales deportivos en la ciudad es bastante cuestionable.

Tres días antes del evento deportivo – que se fijó para el 13 de enero del año 532 – varios miembros de los Verdes y los Azules debían ser ahorcados. Sin embargo, dos (uno de cada facción) sobrevivió y encontró refugio en una iglesia. Llegaron seguidores en su ayuda y exigieron el indulto del Emperador.

A medida que la competición avanzaba  en el Hipódromo, aumentaba la hostilidad en los seguidores y comenzaron a canalizar su ira hacia el palco imperial. En la carrera 22, las dos facciones habían encontrado una sola voz, cantando “Nika, Nika”, es decir “Victoria, Victoria”. Esto nada tenía que ver con el concurso deportivo.

El Hipódromo de Constantinopla estaba conectado con el palacio, lo que permitía a los espectadores ver al emperador, pero permitía también al emperador una rápida salida, y tomando los cánticos como una referencia a la victoria de la multitud sobre el emperador, Justiniano decidió abandonar la arena. Fue salir el emperador y extenderse la violencia por el Hipódromo y por las calles. Los disturbios llegaron a ser tan graves que Justiniano no podía abandonar el palacio e Hipatio, un sobrino del ex emperador Anastasio I, decidió aprovechar la oportunidad para proclamarse a sí mismo emperador.

El Hipódromo se convirtió en el centro de operaciones de los mafiosos, con las principales figuras de los Verdes y los Azules dirigiendo los disturbios desde la seguridad del estadio.

Justiniano intentó una última maniobra para mantenerse en el poder y envió a uno sus hombres al Hipódromo. Narsés fue directamente a los Azules ” y les recordó que Justiniano también fue un defensor de los Azules”. Hipatio, según él, era un fanático de los Verdes.

Los Azules tuvieron que  elegir entre sus tradicionales rivales deportivos y su odiado emperador, inmisericorde ante las ejecuciones de un gran número de los suyos. Sin embargo, el Emperador era uno de los Azules. Ante el asombro de los Verdes, los Azules asaltaron el Hipódromo.

Esto fue después de varios días de violencia, que dejó casi la mitad de la ciudad  bien quemada o destruída. El ejército, sin embargo, ya había iniciado una gran presión contra los amotinados, obligando a muchos a retirarse al Hipódromo.

Con los Verdes bloqueados en el interior del estadio, el ejército irrumpió en el recinto. En total 30.000 manifestantes fueron asesinados.

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3 comentarios Add your own

  • 1. william gabriel lizarazo padilla  |  26 enero 2009 en 2:17 am

    esta pagina contiene articulos interesantes de la era antigua

  • 2. carros deportivos  |  30 junio 2009 en 6:23 am

    Buena historia, hay mucho por aprender, lo increible es la diferencia de los carros antiguos con los modernos.

    El presente es mucho mejor que el futuro 🙂

  • […] la balanza política en favor de algún pretendiente según el equipo que siguiera (y ganara), como le ocurrió a Justiniano, ya en el imperio Bizantino, a comienzos del siglo VI. Es posible que algunos juegos de pelota en […]

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