Archive for 4 noviembre 2008

La dieta de los gladiadores

Otro mito que se nos viene abajo. Si hasta ahora al pensar en los gladiadores romanos nos los imaginábamos con el físico de Kirk Douglas o Russell Crow, con esos cuerpazos “ciclados” de quitar el hipo y pensábamos que algo así sólo podría conseguirse con una dieta hipercalórica a base de churrasco de jabalí, nuevas revelaciones en la revista Archaeology por parte de Karl Grossschmidt, paleopatólogo de la Universidad Médica de Viena, vienen a echar por tierra esta idea sobre la dieta de los antiguos gladiadores.

El Dr. Grossschmidt ha participado en los trabajos de investigación en el que se considera el único cementerio conocido de gladiadores, una parcela de unos 6.000 m2 en Éfeso, en la parte occidental de la actual Turquía, en el camino que llevaba desde el centro de la ciudad hasta el Templo de Ártemis, una de las Siete Maravillas del mundo antiguo. Aquí se han encontrado los restos de más de 60 jóvenes gladiadores, cuyo estudio reciente servirá para llenar las lagunas en las fuentes literarias y como registro arqueológico sobre cómo murieron los gladiadores. Pero la revelación más sorprendente hace referencia a lo que mantenía vivos a los gladiadores: una dieta vegetariana rica en hidratos de carbono, con suplemento ocasional de calcio.

Los autores contemporáneos de los gladiadore a veces se refieren a ellos como hordearii – literalmente, “hombres de cebada”. Grossschmidt y su colaborador Fabián Kanz han sometido muestras de hueso a un análisis isotópico, una técnica de medida que rastrea elementos químicos como el calcio, estroncio y zinc, para intentar averiguar el porqué de este término. Algunos resultados obtenidos cabe interpretarlos como sorprendentes. En comparación con el promedio de los habitantes de Éfeso, los gladiadores comían más vegetales y muy poca proteína animal. Al parecer, el consumo de una gran cantidad simplemente de hidratos de carbono, como cebada y de legumbres, como judías, fue diseñado para su supervivencia en la arena. “Los gladiadores necesitaban grasa subcutánea, explica Grossschmidt; un colchón de grasa que protegiera de heridas sus tendones y venas en una lucha. Un gladiador gordo no sólo moriría en el combate sino que además sería malo para el espectáculo”. Según Grossschmidt las heridas superficiales eran más espectaculares; además al ser heridos sólo en la capa lipídica podrían seguir luchando para regocijo de los espectadores

Pero una dieta a base de cebada y vegetales dejaba a los combatientes con un grave déficit de calcio. Para mantener sus huesos fuertes, las fuentes históricas decían que los gladiadores elaboraban brevajes a base de madera carbonizada y de ceniza de hueso, ricos en calcio. Cualquiera que fuera la fórmula exacta, la cosa funcionó. Grossschmidt dice que los niveles de calcio en los huesos de estos gladiadores eran “desorbitados” en comparación con la población en general. “Muchos atletas hoy en día tienen que tomar suplementos de calcio”, dice. Ellos también lo sabían entonces”.

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4 noviembre 2008 at 3:53 pm 7 comentarios


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