Posts tagged ‘Atenas’

Esclavos en Atenas, la vida sin libertad

Capturados en tierras lejanas, los esclavos se enfrentaban a una vida de trabajo y explotación de la que pocos escapaban

Artículo de Francisco Javier Murcia. Doctor en Filología Clásica, Historia National Geographic nº 122

Sabbate

Los esclavos eran a veces objeto de escarnio. En este óleo, de F. Sabbate (1900), un espartano muestra a sus hijos un esclavo borracho. Escuela de Bellas Artes, París.

Resulta muy difícil saber qué proporción de esclavos frente a ciudadanos libres había en Atenas durante la época clásica. Los cálculos de los historiadores sugieren que esa proporción estaba próxima a un tercio de la población total. Esta considerable cifra revela un aspecto de la sociedad de la antigua Grecia que a veces tendemos a olvidar: la presencia de decenas de miles de individuos explotados como mano de obra, a veces de forma brutal, y condenados de por vida a la subordinación y el silencio, aunque algunos de ellos tuvieron la oportunidad de integrarse en la vida cotidiana de los ciudadanos de pleno derecho.

La gran mayoría de los esclavos de Atenas eran bárbaros nacidos en tierras lejanas, que habían caído en la esclavitud por vías diferentes. Algunos eran apresados por piratas y bandidos, o bien eran capturados durante las frecuentes guerras, en las que mujeres y niños se convertían en un valioso botín. También podían ser vendidos por sus familias: Heródoto cuenta que algunos pueblos, como los tracios, vendían a sus hijos a traficantes de esclavos que los llevaban a los grandes mercados de esclavos de Éfeso y Bizancio, ciudades situadas en la periferia del mundo griego, desde donde eran conducidos hasta Atenas. Los esclavos llegaron a ser tan baratos y su suministro tan regular que no hubo en la época clásica ninguna necesidad de criarlos en las haciendas.

Obreros, criados, policías…

Los esclavos hacían trabajos muy diversos; de hecho, no había ninguno específicamente servil. En Atenas había esclavos públicos que se empleaban en la policía: son los famosos arqueros escitas, un cuerpo creado en 476 a.C. y que acampaba en el Areópago (sede del Consejo de la ciudad). También se ocupaban en la administración como secretarios, escribas y verdugos. Su presencia en los campos debió de ser escasa, pues el Ática estaba llena de pequeños propietarios agrícolas. Los esclavos trabajaban sobre todo en talleres: artesanos y comerciantes compraban al menos uno y le enseñaban su oficio con la esperanza de retirarse y vivir del trabajo de su esclavo. Algunos ciudadanos poseían negocios a cierta escala con esta mano de obra: el padre del orador Demóstenes poseía 32 esclavos fabricantes de cuchillos, y el orador Lisias tenía 120 esclavos en su taller de armas (la mayor empresa ateniense de la que tenemos noticia).

Algunos amos dejaban trabajar por su cuenta a sus esclavos, que sólo estaban obligados a pagar una renta fija. Se les llamaba «los que viven aparte» y su modo de vida no sería muy diferente al de los hombres libres. Esclavos y ciudadanos trabajaban a menudo codo con codo y recibían el mismo salario, tal como sabemos por las inscripciones que registran las cuentas de las obras de los edificios públicos.

También había numerosos esclavos domésticos. Se les incorporaba a la familia con el mismo ritual con el que se acogía a la novia: se les hacía sentar en el hogar y la dueña de la casa echaba sobre su cabeza higos y nueces. También se les daba un nombre. Por eso los esclavos eran enterrados en la sepultura familiar. En algunas fiestas, como las Antesterias, podían unirse a la diversión de toda la familia, y en las dedicadas a Crono se les daba el día libre y permiso para comer con sus amos.

Un ateniense medio tenía al menos doce esclavos: un portero, un cocinero, un pedagogo (que llevaba a los niños a la escuela) y varias sirvientas que se ocupaban de las tareas de la casa. Las dirigía otra esclava, una que había llamado la atención de sus amos por su moderación en la bebida, la comida, el sueño y el trato con los hombres. Dentro de la casa, el alojamiento de las mujeres estaba separado del de los hombres por una puerta con cerrojo para evitar que procreasen sin el permiso de los amos.

La dueña de la casa tenía el deber de ocuparse de los esclavos domésticos. «Una tarea te parecerá poco grata: si se pone enfermo uno de los esclavos tienes que procurar por todos los medios que se cure», advierte un ateniense a su esposa, según Jenofonte. Incluso se hacía venir al médico, pues la muerte de un esclavo suponía la pérdida de una posesión material valiosa. Los atenienses se quejaban siempre de la desvergüenza y la grosería de sus esclavos. Un buen ejemplo es el esclavo portero que aparece en un diálogo de Platón, el Protágoras, que cierra la puerta en las narices al mismísimo Sócrates.

El palo y la zanahoria

Los esclavos que movían las muelas en los molinos o las esclavas compradas por el Estado para los burdeles del puerto del Pireo llevaban una vida muy dura. Pero el peor destino de todos era el de los que trabajaban en las minas de plata de Laurio, pues malvivían en condiciones miserables. Allí, en los períodos de mayor actividad pudo haber decenas de miles, sobre todo tracios y paflagonios procedentes de regiones mineras. El Estado, que era propietario de las minas, ofrecía la concesión a particulares que la explotaban con el trabajo de los esclavos.

Aunque Platón dice que «la propiedad de hombres también tiene sus dificultades», la regla era simple: recompensar a los esclavos diligentes –con mejores vestidos y alimentos, con un trato más humano y con la posibilidad de tener una compañera– y no vacilar en castigar a los que no aceptaban de buen grado su condición o eran inútiles para sus amos: se atemperaba su lujuria a base de hambre, se les encerraba para impedir que robasen, se les cargaba de grilletes para que no escapasen y se empleaba el látigo para corregir su pereza. Toda clase de castigos valía para obligarles a comportarse como un esclavo.

La ansiada libertad

Los esclavos eran, como dice Aristóteles, una «posesión animada» y no tenían, por tanto, derechos legales. Atenas sólo les protegía contra una muerte arbitraria. También podían escapar de un amo especialmente cruel acogiéndose como suplicantes en el templo de Teseo y pidiendo que se les vendiera a un dueño mejor, aunque esta opción sería rara en una ciudad donde se podía encontrar fácilmente esclavos en el mercado. Los esclavos podían declarar en los procesos judiciales, pero sólo si se les sometía a tormento; «atándolo a una escalera, colgándolo, azotándolo con un látigo, desollándolo, retorciéndole los miembros», según cuenta Aristófanes. Muchas veces, las partes implicadas ofrecían a sus propios esclavos para declarar en esas condiciones; se suponía que sólo bajo tortura se declaraba la verdad.

Los amos podían conceder la libertad a sus esclavos con una simple declaración ante testigos; un esclavo también podía rescatar su persona gracias al peculio, esa pequeña cantidad de dinero que el amo le había permitido ir ahorrando, o bien por disposición testamentaria. Tras su libertad, se le consideraba como un meteco y normalmente quedaba obligado a permanecer al lado de su antiguo dueño mientras viviera o a cumplir ciertas disposiciones. Aun así, las continuas guerras y revueltas políticas les ofrecían muchas posibilidades de escapar a su destino: en casos de emergencia, la ciudad podía alistarlos como remeros y se les concedía la libertad. También en esos momentos era más fácil la huida. En los años finales de la guerra del Peloponeso, más de 20.000 esclavos huyeron de Atenas. Muchos eran, como dice Tucídides, artesanos cualificados, pero prefirieron arriesgarse en busca de la ansiada libertad.

Para saber más

La esclavitud en Grecia, Roma y el mundo cristiano. Ettore Cicotti. Círculo Latino, Barcelona, 2005.

4 marzo 2014 at 2:56 pm Deja un comentario

“Luna azul” sobre el Partenón

Foto tomada el 31 de agosto que muestra la luna llena por encima de la antigua colina de la Acrópolis en Atenas. Clicar en la imagen para ampliar.

Crédito de la fotografía: Louisa GOULIAMAKI / AFP – Getty Images, vía nbcnews.com

1 septiembre 2012 at 9:18 am 2 comentarios

Hallan restos de la Corte Paladion junto al Museo de la Acrópolis de Atenas

La corte, cercana al actual Museo de la Acrópolis (en la imagen), impartía justicia en la antigua Atenas.

Un equipo de arqueólogos griegos ha descubierto una parte desconocida de la corte Paladion de la antigua Grecia, situada a pocos metros de lo que hoy es el nuevo Museo de la Acrópolis en Atenas, informa hoy la prensa local.

La corte Paladion, que funcionó en Atenas desde el siglo IV antes de Cristo hasta el período romano, juzgaba homicidios accidentales. El edificio fue localizada por primera vez en la década de los sesenta por el arqueólogo griego Ioannis Travlos, quién encontró su entrada.

Excavaciones arqueológicas más recientes, conducidas por los arqueólogos helénicos Jristos Kontojristos y Antonia Kokoliú, permiten ahora hacerse una idea más global de la corte.

El edificio estaba formado por una galería en forma de tres lados de un paralelogramo, una estructura similar a la Galería de Atalos, cerca de Agora, donde se llevaban a cabo actividades comerciales. Los arqueólogos descubrieron numerosos trozos de urnas, en las cuales los jueces depositaban su voto a favor de la absolución o de la condena del acusado.

Asimismo, se halló una moneda de cobre, del siglo IV antes de Cristo, y la base de un podio que estaba apoyado sobre cuatro patas de león. El resto de ese podio no fue descubierto, pero objetos similares descubiertos en excavaciones hechas en la isla de Dilos, permiten tener una idea más clara de ese artefacto.

Los expertos creen que en este podio se sentaba el presidente de las sesiones. La corte Paladion fue consagrada a la diosa Atenea que, según la mitología griega, un día hirió, por accidente, mortalmente, a su amiga Palas.

A poca distancia de la corte Paladion se encontraba la corte Delfinio que juzgaba los homicidios “justificados”, es decir los cometidos en casos de adulterio o en tiempos de guerra. El resto de los crímenes graves eran juzgado por la corte Iliea, que se encontraba cerca del Agora, donde se encontraban la mayoría de las instituciones administrativas de la República ateniense.

Los jueces eran designados por sorteo entre todos los ciudadanos atenienses. No existían abogados, por eso cada ciudadano tenía que defenderse o presentar sus denuncias por sí mismo. Pero ya al siglo IV antes de Cristo existían escritores de discursos, encargados a escribir las acusaciones de los querellantes y las defensas de los acusados.

Fuente:  EFE | ABC    18/04/2012

18 abril 2012 at 3:11 pm Deja un comentario

El Spartathlon. Emulando a Filípides

Hubo un tiempo en el que los historiadores se reían al recordar cómo, según Herodoto, Filípides cubrió la distancia que separa Atenas de Esparta (250 km) en tan solo 36 horas. Hasta 1982…

El Spartathlon revive los pasos de Filípides, el mensajero ateniense que en el año 490 a.C., antes de la batalla de Maratón, fue enviado a Esparta para pedir ayuda en la guerra liderada por los griegos contra los persas. Según Herodoto, Filípides llegó a Esparta un día después de su salida de Atenas. En 1982, cinco oficiales de la aviación británica (RAF) con el coronel John Foden a la cabeza, todos ellos corredores de larga distancia, viajaron a Grecia con el objetivo de determinar si la hazaña de Filípides pudo haber ocurrido, si era posible cubrir los 250 kilómetros que separan las dos ciudades en un día y medio.

El equipo británico demostró que Herodoto tenía razón. Tres corredores completaron la distancia con éxito: John McCarthy (39:00), John Foden (37:37) y John Scholtens (34:30). Quedó demostrado que un hombre era realmente capaz de cubrir 250 km en dos días, y aun en menos de 40 horas. Tras el éxito de este proyecto, empezó a vislumbrarse la idea de establecer una prueba atlética que llevara cada año a Grecia a corredores de larga distancia de todo el mundo para intentar emular la antigua hazaña de Filípides.

Así, al año siguiente, un equipo de entusiastas británicos, griegos y de otras nacionalidades, organizó el Primer Encuentro Internacional Spartathlon. La carrera, dirigida por Michael Callaghan, bajo los auspicios de la SEGAS (la Asociación Helénica de Atletismo Amateur), contó en esa primera edición con la participación de 45 corredores de 11 países, y el éxito de la organización y su impacto mediático fue decisivo para la consolidación de la prueba.

Ese mismo año, 1984, se fundó la Asociación Internacional “Spartathlon”,  encargada de organizar la carrera, por lo general el último viernes de cada mes de septiembre. El motivo: Es el mes en el que, según Herodoto, Filípides fue enviado a Esparta.

Con el paso de los años, el Spartathlon se ha convertido en una carrera mítica. No en vano es considerada la carrera más larga del mundo; una prueba con la que sueñan decenas de atletas y para la que se preparan a conciencia durante todo el año. Edición a edición, el número de participantes va en aumento y las marcas conseguidas parecen querer demostrar que el esfuerzo humano no tiene límites. Puede verse a este respecto el palmarés de esta edición (en la imagen), con unos tiempos que cuesta creer que sean posibles.

Y, ¿qué es lo que puede mover a estos superatletas a realizar estos esfuerzos sobrehumanos?, podemos preguntarnos. Cualquier corredor sabe que no hay una respuesta sencilla a esta pregunta. Creo que solamente alguien del talento de Murakami (quien el próximo jueves pude ser el nuevo premio Nóbel de Literatura, por cierto) puede acercarse a expresarlo con palabras. A quien se haga esta pregunta le recomiendo la lectura de De qué hablo cuando hablo de correr, un libro delicioso que todos los corredores populares deberían leer (Murakami ha llegado a correr varias ultramaratones de 100 km.). Debe ser, seguramente, la satisfacción personal, el afán de superación y, posiblemente, alguna otra motivación especial que escapa a la razón y a las palabras, y que se halla oculta en lo más profundo del corazón de cada corredor. Algo más propio de las emociones que del lenguaje, aunque en alguna rara ocasión también hay quien es capaz de plasmarlo en palabras, y conmovernos con ellas. Euge, victores!

4 octubre 2011 at 8:35 pm 2 comentarios

Buscando a Atenea en al Museo de la Acrópolis

Hace algún tiempo que entró en funcionamiento una aplicación del Museo de la Acrópolis llamada “Atenea, la diosa de la Acrópolis” en la dirección www.acropolis-athena.gr. El objetivo de esta aplicación es proporcionar información sobre la diosa de la sabiduría, la cultura y las artes, cuyo nombre, tradición y expresión artística estaban muy extendidos por todo el mundo clásico, sobre todo en Atenas y la Acrópolis, donde era venerada de diferentes formas.

La visita virtual comienza en el Museo de la Acrópolis. Allí el usuario, siguiendo un haz de luz, puede ir en busca de una selección de quince obras de la diosa Atenea expuestas en el Museo. Se trata principalmente de exvotos y ofrendas hechas a la diosa: estatuas, relieves, jarrones… Cada vez que el visitante encuentra una obra en la exposición y clica en ella, puede observarla de cerca, leer una descripción de la misma y aprender todo lo relativo al culto a la diosa.

Este tipo de aplicaciones digitales no puede equipararse ciertamente a lo que supone una visita real a un museo, pero nos permite centrarnos en un tema específico, y poder ver de cerca y con detalle objetos que de otro modo se perderían entre la multitud de obras de un gran museo como este.

Fuente: Arxaiologia.gr | Αναζητώντας τη θεά Αθηνά στο Μουσείο

4 octubre 2011 at 2:49 pm 2 comentarios

Un ciudadano holandés devuelve un fragmento que se llevó de la Acrópolis hace 60 años

Parece ser que durante un tiempo estuvo de moda llevarse como recuerdo pequeños fragmentos de los lugares arqueológicos…

Según kathimerini.gr, el Museo Nacional de Antigüedades de la ciudad holandesa de Leiden devolverá hoy a Grecia un pequeño fragmento de mármol de la Acrópolis que un ciudadano holandés se llevó como recuerdo en los años 60.

Se trata de un pequeño fragmento de 15 x 5 centímetros de mármol pentélico, probablemente parte de una cornisa situada justo encima de una de las columnas de la Acrópolis, robada por un turista holandés hace más de 50 años.

Ahora este ciudadano, que ha pedido permanecer en el anonimato, quería donar la pieza al Museo Nacional de Antigüedades de Leiden . El museo, claro está, no podía aceptar la donación, dado que el fragmento fue sacado ilegalmente de Grecia, y ha decidido su devolución a las autoridades helenas.

A la entrega, celebrada en el propio museo, asistirá el embajador griego y la Directora de Museos,Exposiciones y Programas Educativos del Ministerio de Cultura y Turismo griego, María Lagogiannis.

La embajada griega espera que otros museos sigan el ejemplo del Museo de Antigüedades de Leiden. En el pasado, muchos turistas se llevaron ilegalmente fragmentos de monumentos griegos para guardarlos como recuerdo.

13 abril 2011 at 6:25 pm Deja un comentario

Reabre el Liceo de Aristóteles

Después de más de dos mil años, el Liceo de Aristóteles resurgirá de las cenizas en el centro de Atenas y reabrirá sus puertas al público el próximo verano.

El Ministerio de Cultura helénico ha dado finalmente el visto bueno a la rehabilitación con fines turísticos de la que fue la primera escuela de enseñanza superior de la historia de la humanidad. El Liceo fue fundado por Aristóteles en el 336 a.C, a su regreso a Atenas después de haber sido el tutor de Alejandro Magno, y fue destruido en el año 86 a.C. por el general romano Lucio Cornelio Sila .

Los trabajos de restauración del Liceo se han visto postergados durante años debido a falta de financiación. Pero el pasado día 14, el Consejo Arqueológico Central aprobó la ejecución de un nuevo proyecto para el recinto, y con él la inyección económica necesaria para la puesta en marcha de los trabajos de rehabilitación que permitan su apertura al público. Eso sí, el coste, ajustado a los tiempos de crisis que vivimos: 1’5 millones de euros en lugar de los 6 del proyecto anterior.

El antiguo Liceo estará integrado en un parque arqueológico en la zona y en los trabajos previstos se incluye la construcción de una cubierta acristalada sobre el sitio.

El Liceo de Aristóteles se encuentra fuera de los muros de la antigua Atenas y su ubicación se desconoció durante siglos, hasta que fue redescubierto en 1996 durante las excavaciones realizadas para erigir el nuevo Museo de Arte Moderno de Atenas.

Fuente: tovima.gr y ansa.it

26 septiembre 2010 at 6:53 pm 3 comentarios

Memorias de Grecia: Un mundo más allá de los sentidos

Nuestros sentidos rompen el mundo
en pedazos. Al combinarlos, componemos
con ellos muchos otros mundos
sucesivos. Y esos fragmentos se trasladan
continuamente de un mundo al otro,
circulando en una corriente que,
“más allá de los sentidos”, tal vez
representa el mundo real.

Heráclito. Athos Dimulá (1921-1985)

 

Quien visite hoy Atenas pensando que va a poder reconocer en ella la ciudad que hace 25 siglos Pericles elevó a la categoría de polis modelo, volverá sin duda desencantado. Poco queda en ella de su pasado esplendor. Estéticamente la ciudad es fea y sucia, al menos a los ojos de un occidental. En los pocos restos arquitectónicos que han sobrevivido al paso del tiempo son visibles las cicatrices del abandono y la incomprensión de que la ciudad ha sido objeto durante siglos -algo, justo es decirlo, que no es exclusivo de Grecia.

Quien espere encontrar una ciudad que le entre por la vista, digo, se sentirá desencantado. Pero suele decirse que una cosa es mirar y otra bien distinta ver. Y a Atenas hay que saber mirarla para poder verla. Eso sí, a quien sea capaz de sentirla con una mirada serena, cómplice y comprensiva le revelará entonces toda la belleza que esconde y que pervive aún hoy en toda su magnitud, inalterable al paso del tiempo. Percibirá de este modo cómo la luz es capaz de unirse en perfecta armonía con el espacio, las formas adquieren proporciones sublimes, y los mármoles, ahora en aparente agonía, vuelven a manifestarse como la materia digna y noble que en otros tiempos sirvió para representar la belleza.

Decía Platón que la belleza es suprasensible, que es algo independiente de lo físico y que no tiene por qué corresponderse con una imagen visual, una suerte de luz ininteligible de la cual el mundo sensible es una mera aproximación. Posiblemente Platón tenga razón y tengamos que aceptar que la belleza es inaprehensible para nosotros, que nos tenemos que conformar con el resplandor que nos proporcionan los sentidos. Posiblemente también quienes vivieron en la antigua Grecia lo sintieran así, aunque no por ello dejaron de intentar que su mundo real se pareciera lo más posible a ese otro mundo que hay más allá de los sentidos.

16 abril 2010 at 9:00 am 2 comentarios

Myrtis

Myrtis no era muy diferente de las demás chicas de su edad. Tenía  el cabello castaño, tirando a rojizo, la nariz recta, unos grandes ojos marrones y los dientes superiores ligeramente prominentes.

Myrtis fue una de las numerosas víctimas de la fiebre tifoidea que acabó con un tercio de la población de Atenas en el siglo V a.C., entre ellos Pericles. Apenas tenía 11 años cuando murió y fue enterrada de manera apresurada en una fosa común junto a otras 150 personas.

Su cráneo fue hallado en 1995 durante los trabajos de excavación de las obras del metro en Cerámico. Su perfecto estado de conservación fue la razón principal que impulsó a Manolis Papagrigorakis, profesor de Ortodoncia de la Universidad de Atenas, a iniciar la tarea de recreación del rostro de la joven.

Dos años han sido necesarios para dar por finalizada la reconstrucción, la primera de un ateniense que se intenta con la ayuda de las modernas tecnologías. Posiblemente no fue su este su verdadero nombre, pero los científicos se han decantado por Myrtis, “mirto”, por ser un nombre muy común entre las jovenes de la época. Se señala también la posibilidad de que algún rasgo pueda ser ligeramente diferente a como fue en realidad, dada la dificultad de reproducir las partes blandas de la cara, como la nariz y las orejas. Con todo, el trabajo está ahí y por primera vez tenemos la oportunidad de acercarnos a la imagen de los habitantes de la antigua Atenas. 

Myrtis revivió por primera vez el pasado viernes en el Nuevo Museo de la Acrópolis. Desde hoy podrá verse en el Museo de Historia Natural, donde se presentará también el informe titulado “Myrtis: cara a cara con el pasado”, con los datos relativos a las excavaciones y las conclusiones médicas de la investigación de los restos humanos.

Información: enet.gr

15 abril 2010 at 5:13 pm Deja un comentario

Atenas 3D en Google Earth

Hace unos  meses, Google Earth nos regalaba una magnífica recreación digital de la antigua Roma. Ahora, gracias a Heritage Key, me entero de que también Atenas ha pasado ya a engrosar la lista de ciudades recreadas digitalmente en 3D.

Esta nueva utilidad de Google se inscribe en un proyecto anunciado hace aproximadamente un año, llamado Tu mundo en 3D,  que tenía como objetivo recrear distintas ciudades del mundo en modelos 3D mediante SketchUp y Google Earth. Hace unos días, se publicó una captura de video en movimiento del trabajo realizado en Atenas y lo cierto es que vale la pena echarle un vistazo.

Tu mundo en 3D es esencialmente un proyecto de colaboración en el que participan millones de personas en todo el mundo, que recrean los edificios de la ciudad en que viven y después los suben a Google Earth. Algo así como una Wikipedia de un mapa 3D del mundo, en el que cualquiera puede contribuir, editar y mejorar.

El trabajo puede verse ya en Google Earth. Para ello debe activarse la opción Edificios 3D en la carpeta Capas.

5 marzo 2010 at 12:11 am Deja un comentario

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Reunificación de los Mármoles del Partenón

"Hacemos un llamamiento a todos aquellos que en el mundo creen en los valores e ideas que surgieron a los pies de la Acrópolis a fin de unir nuestros esfuerzos para traer a casa los Mármoles del Partenón". Antonis Samaras, Ministro de Cultura de Grecia

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