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La Domus Aurea de Nerón invita a descubrir cómo avanza su restauración

El que fuera uno de los palacios más fastuosos de la Roma Clásica, la Domus Aurea del mítico emperador Nerón, ofrece desde este fin de semana la posibilidad de ver cómo avanzan sus labores de restauración a través de un recorrido guiado, que fue presentado hoy en la capital

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Roma, 24 Oct. (EFE).- El complejo arquitectónico, que en otra época estuvo recubierto de mármol y piedras preciosas, reabre así sus puertas con una visita articulada en 15 secciones que permitirá el acceso al ala occidental del pabellón, inaccesible al público hasta ahora.

“Como los trabajos se dilatarán bastante en el tiempo, es justo que los turistas, los visitantes y los ciudadanos puedan contemplar el esplendor de este monumento y ver las labores de recuperación”, señaló el Ministro de Bienes, Actividad Cultural y Turismo de Italia, Dario Franceschini.

Con numerosas estancias repletas de antiguos frescos e inscripciones, el recorrido irá evolucionando durante el tiempo que se prolonguen las obras, con el objetivo final de sanear la parte superior externa de la antigua residencia del emperador Nerón.

Este recinto monumental podrá visitarse únicamente los fines de semana, de forma guiada y bajo reserva, ya que el resto del tiempo los operarios trabajarán para culminar las labores de restauración y restituir lo antes posible esta joya del patrimonio romano a la humanidad.

A la conservación de la Domus Aurea contribuyó también el emperador Trajano, al construir un recinto termal sobre el pabellón de Nerón, lo que permitió preservar la extraordinaria decoración de la residencia imperial.

Sin embargo, la implantación ya en la edad moderna de un jardín público en la colina Oppio sobre la estructura antigua provocó graves daños en el complejo arquitectónico original.

Los trabajos de mantenimiento actuales comenzaron con la recuperación de la parte subterránea del recinto, objeto de la visita, y continuarán con la creación precisamente de un nuevo jardín sobre la colina.

“El jardín que actualmente se extiende sobre la Domus Aurea ha causado un gran daño a la estructura debido a las raíces de los árboles y las filtraciones de agua de lluvia”, explicó la superintendente del proyecto de restauración, Mariarosaria Barbera.

El objetivo de los trabajos de restauración es reducir un 70 % el peso del jardín existente y disminuir el espesor del terreno, que pasará de tres metros a uno.

Además, se instalarán sistemas de drenaje para garantizar la impermeabilización del monumento y la evaporación de la humedad hacia el exterior.

“Estamos convencidos de que estas medidas servirán para evitar futuros daños por parte del jardín a la construcción romana”, destacó Barbera.

Las obras de construcción de este nuevo jardín, que se desarrollarán en siete fases durante los próximos cuatro años, tendrán un coste aproximado de 31 millones de euros, de acuerdo con la información facilitada por los responsables del proyecto.

“Hasta el momento, se han invertido más de 18 millones de euros en el mantenimiento del espacio arquitectónico bajo el jardín, todos ellos provenientes de fondos del Estado, y se ha conseguido hacer grandes cosas”, puntualizó la superintendente.

De los 31 millones de euros que se prevé que cuesten las nuevas labores de mantenimiento, el Estado italiano aportará 6 millones, según informó Franceschini.

El resto de los fondos, recalcó el ministro, provendrán del micromecenazgo, es decir, de donaciones que particulares o empresas quieran realizar para financiar la recuperación de la Domus Aurea.

Estas contribuciones podrán llevarse a cabo a través de una plataforma en internet habilitada a tal propósito por la Superintendencia Especial para los Bienes Arqueológicos de Roma.

“Confiamos en que las empresas, tanto italianas como extranjeras, quieran colaborar en este proyecto. Este método de micromecenazgo es también una gran prueba de la madurez de un país”, añadió Franceschini.

La cadena de televisión italiana Sky aprovechó la ocasión para presentar el documental “Domus Aurea: El sueño de Nerón“, sobre el monumento y las labores de recuperación.

El documental persigue sensibilizar al público y concienciarlo de la necesidad de contribuir en la campaña de recogida de fondos de la restauración.

Fuente: África Albalá Soria – EFE  | lainformacion.com

24 octubre 2014 at 8:16 pm Deja un comentario

Vivir de alquiler en Roma: caro y sin comodidades

El aumento de población en Roma hizo que se construyeran bloques de pisos que se alquilaban por precios abusivos

Por Pedro Ángel Fernández Vega. Doctor en Historia Antigua, Historia NG nº 129

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En las ciudades romanas, numerosos bloques de viviendas bordeaban las calles. En la imagen, vía de la Abundancia, en Pompeya

Cuenta Tito Livio que, entre los muchos prodigios que anunciaron en Roma la llegada de Aníbal atravesando los Alpes en aquel fatídico 218 a.C., ocurrió que en el Foro Boario, sede del mercado de ganado, «un buey había subido por sí solo a una tercera planta y, espantado por el alboroto de los vecinos, se había arrojado al vacío desde allí». Se trata de la alusión más antigua a la existencia de bloques de pisos en Roma. La zona, no lejos del Aventino, formaba parte del sector popular de la ciudad. Entonces, el censo de ciudadanos varones, que vivían tanto en la ciudad como en el campo (además de los itálicos a los que se había otorgado la ciudadanía) ascendía a unos 330.000. Al acabar la guerra, la cifra descendió a unos 214.000. Sólo en Roma vivían cerca de 200.000 personas, por lo que es verosímil que los inmuebles de pisos ya hubieran aparecido.

Otro testimonio data de 186 a.C., cuando el cónsul Postumio forzó la declaración de una testigo para desencadenar la persecución contra las Bacanales. Postimio pidió a su suegra Sulpicia, matrona viuda de rango senatorial, que ocultase a la joven en su vivienda: «Se le asignó una estancia en la parte alta de la casa, cerrando el acceso por la escalera que conducía a la calle y abriendo una entrada hacia el interior de la mansión». La morada también estaba en el Aventino.

El negocio del alquiler

Entre finales del siglo III y comienzos del II a.C., las insulae o ínsulas (bloques de pisos) eran habituales en Roma. Sus dueños eran aristócratas que no desdeñaban los alquileres como fuente de ingresos, como en el caso de Sulpicia. La ley Claudia, del mismo año 218 a.C. en que ocurrió el episodio del buey, excluía el lucro como origen de rentas senatoriales, pero el negocio de los alquileres inmobiliarios era demasiado tentador como para despreciarlo. Además, se podía contar con intermediarios para las operaciones.

El crecimiento de población en Roma fue muy intenso. Durante la segunda guerra púnica, masas de emigrantes abandonaron un campo asolado por los ejércitos. Tras la guerra, las oportunidades de trabajo y promoción social atrajeron población incesantemente a Roma. Se calcula que hacia 130 a.C., la ciudad tenía medio millón de habitantes, y que la cifra habría vuelto a duplicarse, tal vez hasta el millón, en época de Augusto, en torno al cambio de era.

Dar acomodo a una población en constante aumento fue posible gracias a un mercado de viviendas de alquiler muy desarrollado: entre el millón escaso de personas que vivía en Roma se contaban 750.000 plebeyos libres, de 100.000 a 200.000 esclavos y en torno a 20.000 personas entre soldados, caballeros y las familias de unos 300 senadores. Las desigualdades sociales crearon una Roma con una minoría de rentistas y una gran masa de inquilinos.

Las regulaciones de alturas para los bloques de pisos, que Augusto estableció en siete plantas y Trajano rebajó a seis, indican que la especulación se impuso y que se resistía a ser controlada. Aunque en época imperial se generalizó la construcción de ladrillo y mortero, en los últimos siglos de la República los incendios fueron muy habituales: han quedado registrados más de cuarenta. Vitruvio culpaba de ellos al opus craticium, el zarzo, un entramado de varas revestidas de arcilla que se usaba para hacer tabiques, sobre todo en los pisos altos, y que demostró ser muy combustible. Por ello estaba contraindicado encender fuego en el interior de las viviendas. Es probable que esto explique la presencia de numerosos thermopolia –establecimientos que despachaban comida caliente sobre la marcha– en las calles de las ciudades romanas. Aulo Gelio reconoce con pesar que «si se pudieran evitar los incendios de que son presa con tanta frecuencia las casas de Roma, me apresuraría a vender mis campos para hacerme propietario en la ciudad», porque «las rentas que producen las propiedades urbanas son elevadas».

El otro gran riesgo de los pisos en Roma fueron los desplomes, como cuenta Juvenal: «Nosotros habitamos en una ciudad apoyada en gran parte sobre débiles puntales; pero cuando el administrador apuntala las paredes que amenazan ruina o tapa la abertura de una grieta antigua, dice que ya podemos dormir tranquilos teniendo la amenaza encima».  Séneca coincide en que el apuntalamiento es «harto económico» y, por lo tanto, muy rentable.

Las casas de vecinos

El mercado de alquileres en Roma se renovaba cada año. Los contratos entraban en vigor el primero de julio y se pagaban a año vencido. Es posible que tras esa fecha lo que quedara sin alquilar bajara de precio. Suetonio cuenta que Tiberio despojó de la túnica laticlavia –la túnica senatorial, con amplias bandas púrpura– a un senador «que se había ido a vivir al campo por las calendas de julio, con la intención de alquilar después una casa más barata, cuando se hubiera pasado el plazo de arriendo en Roma». Como el inquilino debía permitir el acceso al administrador, es probable que, salvo en contratos firmados por varios años, cada junio nuevos inquilinos potenciales visitasen la vivienda. Era una hábil estrategia para presionar al residente e intentar subir la renta, ya de por sí cara.  Juvenal dice que en las ciudades vecinas «se compra una casa cómoda por el precio por el que [en Roma] alquilas un tugurio por un año». A finales de junio, el trasiego de quienes se mudaban y quienes se marchaban sin pagar tenía que ser incesante.

Los cenáculos, los distintos apartamentos que formaban una ínsula, eran, así, inseguros y caros. Un cenáculo normalmente consistía en una habitación principal, el medianum, provista de ventanales a la calle o al patio. Desde allí se accedía al resto de cuartos, la mayoría sin ventana. En las primeras y segundas plantas se alojaban gentes de posición media. Incluso Séneca, el filósofo y mentor de Nerón, vivió tras su retiro de la vida pública sobre unas termas, y reconoció tener un inquilino carpintero; en su descripción, los ruidos de la calle y las voces de los vendedores pregonando mercancías, se amalgaman con los sonidos del agua y de los masajes de las termas. En las plantas bajas, comercios, talleres y tabernas formaban una pantalla junto con otros locales abiertos a la calle que se alquilaban como viviendas a los más pobres (cellae pauperum). Detrás se parapetaban las residencias más acomodadas, las casas señoriales, que se distanciaban de la calzada por un largo corredor y estaban estructuradas en torno a atrios y patios de columnas.

Cuchitriles para los pobres

La necesidad de vivienda provocó que cualquier lugar fuera bueno para vivir con tal de poder estar a cubierto, y eso incluía las buhardillas repletas de palomas, bajo el tejado. Entre los apartamentos de las plantas bajas y los áticos había una auténtica estratificación social en altura. A más escalones que subir, el precio bajaba. Los juristas registran que se podían subarrendar los cuartos de un piso que ya se había alquilado.

Los inquilinos pobres, que vivían bajo el tejado, muchas veces disponían sólo de una habitación y ni siquiera contaban con sanitarios. Una tinaja al pie de la escalera podía servir para vaciar la bacinilla, pero muchos preferían tirar los desechos por la ventana. Juvenal no recomendaba salir de noche por Roma: «Los peligros se cuentan por las ventanas que en tal noche estén abiertas y vigilantes a tu paso. De modo que formula un deseo: llévate contigo este anhelo miserable, que se contenten con vaciar sus anchos bacines».

Para saber más

La casa romana. P. A. Fernández Vega. Akal, 2003.
«Especulación inmobiliaria en Roma». Historia NG, n.º 49

20 octubre 2014 at 2:12 pm 2 comentarios

Roma: Un nuevo parque arqueológico revela los tesoros de la Vía Latina

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Han sido necesarios tres años de trabajo, pero hoy por fin el parque arqueológico de la Vía Latina en Roma desvela un nuevo itinerario de visita. La sugestión permanece intacta en todo el recorrido, tal y como aparecía hace dos mil años. El trazado antiguo con los bordillos de las aceras, y los grandiosos monumentos funerarios de las ilustres familias de época imperial, que conservan aún impresionantes obras de arte decorativo que incluyen estucos blancos y policromados y frescos. Un tesoro enclavado en el Municipio Roma VII, a las afueras de la ciudad moderna.

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Esta mañana ha sido abierta la verja que separaba el área de excavación y restauración de la zona que hasta hoy no era visitable. El resultado es que la antigua Vía Latina revela un panorama inédito. El camino tiene sus raíces en una época arcaica: es considerada la “matrona” de las vías consulares, tal como la definen los estudiosos, la “madre” ancestral de la Vía Appia Antica. No es casual que tome su nombre de la Liga de ciudades latinas que había en su trazado (siguiendo los valles del Latium Vetus meridional). Es el camino que recorrían los etruscos desde el siglo VIII a.C. para ir a Campania y los romanos de la primera guerra samnita en el 343-341 a.C. Ahora amplía su recorrido, ofreciendo 500 metros de trazado natural, de ellos al menos 200 revestidos con los antiguos adoquines de las aceras originales.

El parque pasa de tener 2 hectáreas abiertas al público a tener 4, destacando en él los extraordinarios monumentos funerarios y las nuevas áreas de excavación. Un impresionante trabajo llevado a cabo por la Superintendencia de Bienes Arqueológicos de Roma dirigida por Mariarosaria Barbera, y por la directora del parque Marina Bertinetti. “Es la vía que precedió en tamaño, fama y uso a la Vía Appia – explica Barbera -; la ampliación es un hito importante.”

Se han dispuesto medidas de seguridad en todos los recorridos, instalando barandillas y escaleras. A los lados de la Vía Latina se han colocado numerosos paneles didácticos en italiano e inglés. Pero lo mejor son las espectaculares tumbas que se encuentran a lo largo de la Vía Latina, célebres por sus sofisticadas decoraciones en estuco y sus frescos. La Tumba de los Pancracios, con sus refinados frescos subterráneos, llenos de colorido, perfectamente conservados y bien restaurados, o la Tumba de los Valerios, con la bóveda subterránea totalmente decorada con 35 medallones de estuco blanco.

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“En estos ambientes hemos introducido una nueva iluminación de tecnología LED – advierte Bertinetti – que permite una lectura clara de las pinturas y estucos sin aumentar la temperatura. De esta manera se controla la proliferación de microorganismos que podrían dañar las superficies decoradas”. Además, la Tumba de los Pancracios tiene ahora un nuevo diseño de la planta, con mosaicos que representan animales marinos y una pequeña colección de objetos de mármol, debidamente restaurados, procedentes del área del parque arqueológico y de las excavaciones llevadas a cabo en los últimos años en el territorio del Municipio.

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Vale la pena anotar la información útil para la visita. El Parque Arqueológico de la Vía Latina se encuentra dentro del Parque Regional de la Vía Appia Antica. La entrada se encuentra entre la Via Appia Nuova y la Via dell’Arco di Travertino. La visita en superficie es gratuita, mientras que para visitar los hipogeos (tumbas subterráneas) hay que hacer reserva telefónica (en el concesionario Coopcultura 06.39967700, de lunes a viernes de 9 a 18h, sábados de 09 -14h) con un coste de 2 euros. El parque es accesible solo con un autobús desde el centro de Roma y se encuentra a trescientos metros la parada Arco di Travertino de la zona A del metro. Hay un aparcamiento gratuito a pocos metros de la entrada por la Via dell’Arco di Travertino.

Fuente: Laura Larcan – Il Messaggero  | Un parco archeologico nuovo svela i tesori della via Latina

Fotos Gabrielli – Toiati

15 octubre 2014 at 11:39 pm Deja un comentario

Nerón a debate

Mató a dos esposas y es posible que a su madre. Quizás estuvo detrás del incendio de Roma, pero desde luego no tocó la lira mientras ardía la ciudad, y algunos expertos creen que no fue tan malo como lo pintan…

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Estatua de Nerón en Anzio, su ciudad natal

Por Robert Draper, NATIONAL GEOGRAPHIC

Bajo la colina romana del Opio, hoy un modesto parque público afeado por burdos graffiti, donde los muchachos chutan sin ganas un balón de fútbol, parejas de ancianos pasean el perro, y más de un vagabundo enciende una fogata de carbón, yace enterrado parte del palacio más suntuoso que jamás se irguió en la Ciudad Eterna.

Es la Domus Aurea –la Casa de Oro–, erigida por y para Nerón. Cuando en el año 68 d.C. el universo delirante del emperador, que por entonces contaba 30 años, se vino abajo y este ordenó a un súbdito que le traspasase la garganta con un puñal (mientras espetaba entre jadeos «¡Qué artista muere conmigo!», o al menos eso cuenta la tradición), es posible que el palacio no estuviese todavía terminado. Algunos de los emperadores siguientes lo remodelaron, otros lo ignoraron, y en el año 104 Trajano reutilizó sus muros y bóvedas para dar unos buenos cimientos a sus famosas termas. El palacio sepultado quedó olvidado durante catorce siglos.

Hacia 1480 unos excavadores empezaron a trabajar en el Opio y descubrieron lo que tomaron por las ruinas de las Termas de Tito. La tierra cedió bajo los pies de uno de ellos, que aterrizó sobre un montón de escombros, y al abrir los ojos se encontró contemplando un techo todavía decorado con suntuosos frescos. La voz corrió por toda Italia. Grandes artistas del Renacimiento, como Rafael, Pinturicchio o Giovanni da Udine, se descolgaron por el hoyo para estudiar (y después reproducir en varios palacios y en el Vaticano) los profusos y repetitivos motivos ornamentales que recibirían el nombre de grutescos, precisamente en referencia a la gruta en que se había convertido la Domus sepultada. Cuanto más se excavaba, mayor era el asombro: largos pasajes de columnatas desde los que se dominaba lo que en otro tiempo fuera un gran jardín con un lago artificial, vestigios de oro y fragmentos de mármol originarios de Egipto y de Oriente Próximo que habían revestido los muros y los techos abovedados, y una espléndida sala octogonal cubierta con una cúpula, construida seis decenios antes de terminarse el tan loado Panteón de Adriano.

Hoy, y desde que en 2010 se hundiera parte de la cubierta, la Domus Aurea está cerrada al público hasta nuevo aviso. Todos los días se trabaja en el cuidado de los frescos y la reparación de las goteras. Hasta su reciente jubilación, el arquitecto romano Luciano Marchetti supervisaba las intervenciones en la Domus Aurea. Una mañana, sumido en la gélida oscuridad subterrá­nea de la Sala Octogonal, situada en el extremo este del complejo palaciego, Marchetti apuntó la linterna hacia lo alto y admiró el impresionante techo abovedado de ocho caras –15 metros de esquina a esquina–, sostenido por los arcos de las salas adyacentes, sin apoyos visibles.

«Este lugar me sobrecoge –dijo en voz baja–. Es de una sofisticación arquitectónica nunca vista. El Panteón es una maravilla, qué duda cabe, pero su cúpula se sustenta sobre un cilindro construido ladrillo a ladrillo. Esta está suspendida sobre estructuras invisibles.»

Con un suspiro, el arquitecto musitó una frase en latín: damnatio memoriae. Borrados del recuerdo: tanto el palacio como los logros de su propietario.

Al sudoeste, inmediatamente después de esta ala de la Domus Aurea y al otro lado de una transitada avenida, en el espacio que ocupaba el lago artificial de Nerón, está el Coliseo. El celebérrimo anfiteatro, construido por Vespasiano poco después del suicidio de Nerón, al parecer recibió su nombre del Colossus Neronis, la estatua de bronce de más de 30 metros de altura que representaba al emperador como el dios sol y que en su día dominaba el valle. Hoy el Coliseo recibe más de 10.000 visitas al día. El magnate del calzado Diego Della Valle ha donado 25 millones de euros para su restauración. De las taquillas del Coliseo mana una exigua corriente de fondos que desemboca en el presupuesto de restauración del palacio enterrado al otro lado de la avenida, húmedo, oscuro, clausurado.

Justo al oeste del Coliseo se extienden las espléndidas ruinas imperiales del monte Palatino. En abril de 2011 la Superintendencia Especial para el Patrimonio Arqueológico de Roma inauguró en el Palatino y otros enclaves cercanos una exposición sobre la vida y obra de Nerón. Por primera vez se mostraron allí las múltiples aportaciones arquitectónicas y culturales del rey monstruo; también se abrió al público, en el re­cinto del propio palacio, una cámara recientemente excavada que muchos identifican como la famosa coenatio rotunda de Nerón, un comedor rotatorio con impresionantes vistas a los montes Albanos. Los organizadores de la exposición eran conscientes de que cualquier iniciativa en torno a Nerón atraería al público. Lo que no esperaban era batir el récord de visitantes desde que la Superintendencia organizara su primera exposición diez años antes.

«Sí, vende como nadie –observa Roberto Gervaso, quien en 1978 escribió la novela biográfica Nerone–. Se han hecho muchas películas sobre Nerón, pero todas ellas han sucumbido a la tentación de la caricatura. No hacía falta: en cierta manera, el personaje real ya era una especie de caricatura. Una depravación tan pintoresca atrae a cualquier biógrafo. ¡Yo nunca podría biografiar a san Francisco! Y preferiría mil veces cenar con Nerón antes que con Adriano.»

Esta noche tendrá que conformarse conmigo. Cenamos a unos cientos de metros de la Domus Aurea, en la Osteria da Nerone, uno de los pocos lugares en Roma que exhiben el nombre del archiconocido malvado histórico. «Este restaurante está siempre abarrotado –dice Gervaso, insistiendo en que no es por casualidad–. Nerón era un monstruo, pero no fue solo eso. Y sus sucesores no fueron mucho mejores. A otros monstruos, como Hitler y Stalin, les faltó la imaginación [de Nerón]. Incluso hoy sería una figura de vanguardia, un adelantado a su tiempo. »Si hace 35 años escribí mi libro, fue precisamente por un deseo de rehabilitar su figura. Quizás ustedes puedan hacer algo más.»

Vaya… Pues No va a ser fácil «rehabilitar» a un hombre que, según las crónicas históricas, ordenó la muerte de su primera esposa, Octavia; propinó a la segunda, Popea, una patada que acabó con su vida estando embarazada; urdió el asesinato de su madre, Agripina la Menor (posiblemente después de acostarse con ella); quizás asesinó a su hermanastro, Británico; ordenó a su mentor, Séneca, que se suicidase (orden que este cumplió con solemnidad); castró y desposó a un adolescente; orquestó el incendio que arrasó Roma en el año 64 y acto seguido culpó de él a los cristianos (entre ellos a san Pedro y san Pablo), que fueron detenidos y decapitados o crucificados y quemados para iluminar unos festejos imperiales. Ante semejante currículo, nadie vacilaría en afirmar que Nerón era el mal personificado. Y sin embargo…

Casi con toda seguridad, el Senado romano ordenó borrar la memoria de Nerón por motivos políticos. Tal vez porque su muerte había provocado un estallido de aflicción popular y Otón, sucesor suyo, se había apresurado a adoptar el nombre de Otón Nerón. Tal vez porque sus partidarios no habían dejado de llevar flores a su tumba, un lugar del que se decía estaba embrujado, hasta que en 1099 se erigió una iglesia so­­bre sus restos en la Piazza del Popolo. O quizá por las amenazas de «falsos Nerones» y la firme creencia de que el rey niño regresaría algún día junto al pueblo que tanto lo había amado.

Los muertos nunca escriben su propia historia. Los dos primeros biógrafos de Nerón, Suetonio y Tácito, tenían vínculos con la élite del Senado e hicieron una crónica de su mandato con enorme desprecio. La idea del retorno de Nerón adquirió un aura de malignidad en la literatura cristiana, con la advertencia de Isaías contra el anticristo venidero: «Descenderá de su firmamento en forma humana, rey de la iniquidad, matricida». Siglos más tarde llegarían las condenas melodramáticas: el Nerón del cómico Ettore Petrolini como lunático desvariante, el de Peter Ustinov, como el cobarde asesino, y la histriónica escena grabada en todas las retinas: Nerón tocando la lira mientras Roma es pasto de las llamas. Lo que ocurrió con Nerón no fue una relegación al olvido sino una demonización en toda regla. Un emperador de complejidad desconcertante quedó reducido a simple bestia.

«Hoy condenamos sus acciones –dice Marisa Ranieri Panetta, periodista especializada en ar­queología–. Pero pensemos en Constantino, el gran emperador cristiano: hizo matar a su primogénito, a su segunda esposa y a su suegro. Uno es un santo y el otro, un demonio. Pensemos en Augusto, que destruyó una clase dirigente a base de listas negras. Roma se convirtió en un baño de sangre, pero Augusto tuvo la habilidad de oficializar la versión de sus actos del modo que más le convino. Por eso fue grande, dicen. Yo no digo que Nerón fuese un gran emperador, pero sí mejor de lo que se decía, y de ningún modo peor que sus predecesores o sucesores.»

Panetta es una de las vehementes y cada vez más numerosas voces que invitan a revisar la figura de Nerón. Pero no todo el mundo está de acuerdo. «Esta rehabilitación, este proceso me­diante el cual un pequeño grupo de historiadores intenta transformar a unos aristócratas en caballeros, me parece una estupidez –dice el prestigioso arqueólogo romano Andrea Carandini–. Por ejemplo, varios expertos serios nos dicen ahora que el incendio no fue culpa de Nerón. ¿Y cómo iba a levantar la Domus Aurea sin el incendio? Que me lo expliquen. Fuese o no el artífice del incendio, lo que está claro es que sacó partido de él.»

Merece la pena detenerse en la lógica de Carandini: Nerón se benefició del incendio, y por consiguiente lo provocó, y esta catástrofe que dañó o destruyó 10 de las 14 regiones de Roma es un episodio crucial en la mitología neroniana. «Hasta Tácito, el detractor por excelencia de Nerón, escribe que no se sabe si el incendio de Roma fue fortuito o provocado –rebate Panetta–. La Roma imperial era un laberinto de callejuelas angostas –llenas de edificios altos con los pisos superiores de madera–. El fuego era imprescindible para alumbrarse, cocinar y calentarse. En consecuencia, prácticamente todos los empe­radores vivieron grandes incendios.» Se da también la circunstancia de que Nerón no se hallaba en Roma cuando se desató el Gran Incendio, sino en su Antium natal, el actual Anzio. En algún momento de la debacle regresó a Roma a toda prisa, y aunque parece cierto que le gustaba tocar un instrumento de cuerda llamado kithara, la primera crónica según la cual se en­tregó a ese pasatiempo mientras contemplaba cómo las llamas arrasaban la ciudad fue escrita por Dion Casio un siglo y medio después de los hechos. Tácito, contemporáneo de Nerón, escribió que el emperador ordenó que se diese cobijo a quienes hubiesen perdido su casa, ofreció incentivos monetarios a quienes estuviesen en condiciones de reconstruir la ciudad sin dilación, e implantó e hizo cumplir normativas de seguridad antiincendios… y detuvo, condenó y crucificó a los odiados cristianos. Además de apropiarse de los restos calcinados de la Ciudad Eterna para levantar en el solar su Casa de Oro.

«¿Qué peor que Nerón?», dejó escrito el poeta Marcial, coetáneo suyo. Pero acto seguido añadió: «¿Qué mejor que sus termas?».

En 2007, en el marco de un estudio de impacto para la construcción de una nueva línea de metro que atravesaría el corazón de la ciudad, Fedora Filippi, la arqueóloga romana del Ministerio de Cultura italiano que excavaba debajo del transitado Corso Vittorio Emanuele II, descubrió la base de una columna. Poco después, bajo un edificio levantado en la época de Mussolini en la Piazza Navona, Filippi encontró un pórtico, y algo más allá, el borde de un estanque. Tras más de un año de análisis estratigráficos y de un estudio exhaustivo de las fuentes históricas, la arquitecta concluyó que había descubierto el colosal gimnasio público construido por Nerón pocos años antes del Gran Incendio del año 64. Inmediatamente se paralizó el proyecto de construcción de una estación de metro en el lugar, pero también se abandonaron las excavaciones. Fuera del mundo académico, el importantísimo hallazgo de Filippi apenas tuvo eco.

«El gimnasio fue parte de la gran transformación que Nerón obró en Roma –dice Filippi–. Introdujo prácticas inspiradas en la cultura griega, entre ellas la educación física e intelectual de los jóvenes, que pronto se extendió por todo el Imperio. Hasta entonces ese tipo de termas era una prerrogativa de la aristocracia. Su popularización cambió el orden social, porque ponía a todo el mundo al mismo nivel, desde los senadores hasta el cuerpo de caballería.»

Nerón fue una granada arrojada contra un orden social ya debilitado. Pese a estar emparentado con Augusto por vía materna y paterna, físicamente parecía cualquier cosa antes que romano: cabellos rubios, ojos azules, rostro pecoso, más inclinado al arte que a la guerra. De su madre, Agripina, mujer astuta y ambiciosa, se decía que había conspirado para asesinar a su hermano Calígula, y es posible que más tarde liquidase a su tercer marido, Claudio, con setas venenosas. Tras procurarse los servicios del pensador Séneca como profesor de su joven vástago, Agripina proclamó a Nerón digno sucesor al trono, al que ascendió en 54 d.C., sin haber cumplido los 17. Quien se pregunte por las intenciones de su madre tiene la respuesta en las monedas de la época, donde la efigie del emperador adolescente no es mayor que la de la propia Agripina.

Los inicios del reinado de Nerón fueron una edad de oro. El emperador prohibió los juicios secretos de Claudio, indultó a condenados y, cuando le pidieron que firmase una sentencia de muerte, gimió: «¡Cuánto desearía no saber escribir!». Organizaba cenas con poetas (quizá, se especulaba, para robarles los versos) y seguía un riguroso programa de estudio de lira y canto, aunque no destacaba por su voz. «Por encima de todo anhelaba la popularidad», escribió su biógrafo Suetonio. Edward Champlin, profesor de clásicas de la Universidad de Princeton, percibe otros matices en la figura de Nerón. En su libro Nerón, Champlin describe al emperador como «un artista consumado que casualmente también era emperador de Roma» y «un líder adelantado a su tiempo, un auténtico relaciones públicas dotado de una gran intuición para saber qué deseaba el pueblo, a menudo antes de que este mismo lo supiera». Nerón instauró, por ejemplo, los Neronia o Juegos Neronianos, un certamen de poesía, música y atletismo al estilo olímpico que sin duda debió de complacer a las masas pero no a las élites romanas. Cuando Nerón se empecinó en que los senadores compi­tiesen con el pueblo llano en otros juegos públicos, su edad de oro empezó a resquebrajarse.

«Era algo nuevo –dice el arqueólogo Heinz- Jürgen Beste–, y Nerón encarnaba esa innovación, impulsada por una mezcla de populismo y megalomanía. Un ejemplo: la creación de las termas, tan alabadas por Marcial. Algo nunca visto, un luminoso espacio público no solo dedicado a la higiene, sino provisto de estatuas, pinturas y libros, que invitaba a permanecer y deleitarse mientras alguno de los usuarios leía poesía. Un verdadero cambio en el orden social.»
Además del Gymnasium Neronis, la lista de obras públicas del joven emperador incluía un anfiteatro, un mercado de la carne y el proyecto de un canal que conectaría Nápoles con el puerto de Ostia para evitar a los barcos las impredecibles corrientes marinas de mar abierto y garantizar el suministro de víveres a la ciudad. Estos proyectos costaban dinero, que los emperadores romanos solían obtener saqueando otros territo­rios. Sin embargo, el pacífico mandato de Nerón cerraba la puerta a esa opción. (De hecho, había liberado a Grecia, declarando que sus aportaciones culturales la eximían de pagar impuestos al Imperio.) En su lugar, optó por sangrar a los ricos con impuestos sobre bienes inmuebles, y en el caso del gran canal navegable, por expropiar directamente sus haciendas. El Senado se negó a autorizarlo. Nerón hizo cuanto pudo para sortearlo. «Inventaba acusaciones falsas para llevar a juicio a algún ciudadano adinerado y sacarle una pingüe multa», apunta Beste, pero con todo aquello se granjeó enemigos a la velocidad de la luz. Uno de ellos fue su propia madre, Agripina, quien, resentida por haber perdido influencia, quizá conspiró para que se declarase heredero legítimo a su hijastro Británico. También se ganó la enemistad de su consejero Séneca, de quien se dice que participó en un complot para matarlo. Antes del año 65, madre, hermanastro y consejero habían sido asesinados.

Nerón era libre para ser Nerón. Y así concluyeron los llamados años buenos de su mandato, a los que siguieron los años en que, citando a la historiadora de Oxford Miriam Griffin, «Nerón se refugió cada vez más en su mundo de fantasía», hasta que la realidad cayó sobre él como una maza.

Al visitar Roma y conversar con estudiosos y políticos relevantes de la Ciudad Eterna sobre el último emperador de la dinastía Julio-Claudia, uno siente la tentación de pensar si existe un hilo conductor entre la extravagante grandiosidad de Nerón y la más reciente política-espectáculo de cierto exmandatario italiano.

«Nerón era un histrión y un megalómano, pero un histrión también puede ser seductor y el centro de atención –afirma Andrea Carandini–. Su activo, repetido una y otra vez por todos los demagogos que lo sucedieron, fue la devoción que por él sentían las masas. Invitó sin reparos a toda la ciudad a entrar en su Domus Aurea, que ocupaba un tercio de la urbe, donde les esperaba un espectáculo formidable. ¡Eso es televisión en estado puro! Y Silvio Berlusconi hizo exactamente lo mismo, valerse de los me­dios para conectar con la plebe.»

Walter Veltroni, el que fuera alcalde de Roma y ministro de Cultura y Medio Ambiente, rechaza cualquier comparación entre Nerón y el ex­ primer ministro de escandalosa carrera política, aduciendo que en este último no existe ni un ápice de las inquietudes culturales de Nerón. «Berlusconi no sentía el menor interés por la arquitectura; simplemente no formaba parte de su vocabulario», dice Veltroni (quien, dicho sea de paso, también aspiró a primer ministro y fue derrotado por Berlusconi en 2008). En cambio, añade, «para mí la Domus Aurea de Nerón es el lugar más bello de la ciudad, el más enigmático, la confluencia de distintos períodos históricos».

El complejo palaciego estaba diseñado en su conjunto como un escenario, con arboledas, lagos y paseos de libre acceso. Lo que no obsta, admite Panetta, para que aquello fuese «un es­cándalo, porque estamos hablando de una parte enorme de Roma destinada a una sola persona. No solo por sus lujos (Roma estaba llena de palacios), sino por sus dimensiones. Los graffiti de la época rezaban: “Romanos, aquí ya no cabéis, tenéis que iros a [la cercana población de] Veio”».

Por más que estuviese abierta al público, lo que en última instancia representaba la Domus era el poder ilimitado de un hombre, hasta en la mismísima elección de los materiales. «Si se usaron semejantes cantidades de mármol no fue simplemente por ostentación –opina Irene Bragantini, experta en pintura romana–. Aquellos mármoles de colores procedían de todos los rincones del Imperio, desde Asia Menor y Grecia hasta África. El mensaje era claro: Roma no solo dominaba a los pueblos, sino que además disponía de sus recursos.»

El mandato de Nerón comenzó a adquirir visos de paradoja. Por un lado, se había convertido en el hombre-espectáculo cercano a la plebe. Por otro, había exacerbado su rol imperial. «Conforme se distanciaba del Senado e intenta­ba acercarse al pueblo, concentraba poder como si de un faraón egipcio se tratase», dice Panetta. Pero un emperador puede aproximarse al vulgo hasta cierto punto. «Acabó viviendo aislado en una burbuja –señala Beste–. Para llegar a él había que franquear un millón de puertas.»
«Quería estar cerca del pueblo –dice Alessandro Viscogliosi, profesor de arquitectura grecorromana y autor de una notable reconstrucción en 3D de la Domus Aurea–, pero como divinidad, no como su amigo.»

Una noche, cenando en una suntuosa enoteca próxima a la Piazza Navona, llamada Casa Bleve, el gerente me invitó a bajar con él a la bodega. Tras las hileras de barolos y chiantis distinguí los vestigios pétreos de una estructura antiquísima. Tiempo después, la arqueóloga Filippi me ilustró sobre aquella franja de Roma: «Por debajo de esa zona es todo Campo de Marte, la parte de la ciudad donde construía Nerón». Su localización queda cifrada al azar; descubrirla será la ventura de algún obrero del metro o de un reformador de cimientos. Sin ese golpe de suerte, la magnificencia arquitectónica del imperio de Nerón seguirá sepultada bajo siglos de historia romana. Hasta en Subiaco, el pueblo de montaña donde Nerón construyó su audaz villa en el año 54 (represando el río Aniene para crear tres lagos bajo el patio), las ruinas reposan tras un portalón cerrado, inadvertidas por las hordas de turistas que pasan junto a ellas de camino a un monasterio benedictino de las inmediaciones.

En todo el territorio del que fuera su imperio, existe un solo lugar que se haya propuesto homenajear a Nerón: Anzio, la famosa cabeza de playa de las tropas estadounidenses en la Segunda Guerra Mundial, y ciudad natal del emperador. Allí mandó edificar otra villa, hoy sumergida casi por completo, aunque el museo local custodia un gran número de piezas del complejo.

En 2009 el nuevo alcalde electo, Luciano Bruschini, declaró su intención de encargar una estatua del tristemente famoso hijo de la ciudad, que se presentó en 2010. Hoy se yergue en la orilla del mar, una imagen un tanto chocante del em­­perador a los veintipocos años, de unos dos metros de alto, de pie con su toga sobre un pilar, el brazo derecho extendido señalando el mar, que observa con mirada penetrante en todo su espléndido misterio. En la placa se lee su nombre imperial completo en italiano –Nerone Claudio Cesare Augusto Germanico– y recuerda que nació en Anzio el 15 de diciembre del año 37. Luego, tras describir su linaje, dice: «Durante su mandato el Imperio disfrutó de un período de paz, de gran esplendor y de importantes reformas».

«De niño, nadaba entre las ruinas del palacio –me contó el alcalde Bruschini una mañana de primavera mientras tomábamos un té en su despacho con vistas al mar–. De pequeños nos enseñaban que había sido un hombre malvado, uno de los peores emperadores de la historia. Al investigar un poco, llegué a la conclusión de que no era así. En mi opinión, Nerón fue un buen emperador, incluso magnífico, tal vez el más amado de toda la época imperial. Y un gran reformista. Los senadores eran ricos y poseían esclavos. Él tomó parte de esas riquezas y se las entregó a los pobres. ¡Fue el primer socialista!»

Orgulloso de serlo él también, Bruschini esbozó una sonrisa y prosiguió: «Cuando llegué al cargo decidí rehabilitar a Nerón. Pusimos carteles con el lema “Anzio, ciudad de Nerón”. Hubo quien dijo: “Pero alcalde, si mató cristianos a mansalva”. Yo les contestaba: “Muy pocos, nada que ver con los miles de cristianos que el Imperio mataría más adelante”. Recibimos propuestas de dos escultores. Uno ponía a Nerón de lunático. Lo descartamos y dimos el encargo al otro, que hizo la estatua que ve hoy ahí. Ahora es el punto más fotografiado de la ciudad».

A veces, me confió el alcalde, daba un paseo hasta la estatua para escuchar los comentarios de la gente. De vez en cuando los oía leer en voz alta la placa –«…de paz, de gran esplendor y de importantes reformas»– y mascullar: «¡Qué sarta de mentiras!». Así hablaban quienes creían en los mitos con fe inquebrantable, concluía Bruschini, los mismos que daban crédito a aquella bobada de tocar la lira mientras ardía Roma, los mismos que no percibían el componente trágico del final de Nerón: un mandatario atribulado, huido, convencido por traidores para que no se refugiase en Anzio ni en Egipto, sino en una villa al norte de Roma, perseguido por sus enemigos y desesperado ante el convencimiento de que no tenía otra salida que la muerte.

No importaba. El rey niño volvía a estar en su hogar, en Anzio, rodeado una vez más por las multitudes.

3 octubre 2014 at 1:04 pm Deja un comentario

Resplandece la calzada «Vicus Lugarius» en el corazón de Roma

Estuvo cerrada al público desde los ochenta. Hoy se abre al público, después de cuatro años de restauración, un antiguo trazado de los Foros Imperiales, donde se desarrollaba buena parte de la actividad comercial y civil

Vicus-Lugarius

La antigua calzada «Vicus Lugarius» se halla delante de la Basílica Giulia en los Foros Imperiales. ABC

Desde hoy, miércoles, se abre a los visitantes la antigua calzada «Vicus Lugarius», delante de la Basílica Giulia, en los Foros Imperiales, en el corazón de Roma. Estuvo cerrada al público desde la década de los ochenta del pasado siglo, y se abre ahora después de cuatro años de una restauración, que ha costado 1.350.000 euros. Con ello se pretende conmemorar los 2.000 años de la muerte de Augusto. el primer emperador romano con el reinado más largo de la historia: gobernó 41 años (27 a. C.-14 d. C). El «Vicus lugarius» fue una de las calzadas más antiguas de Roma, que en el siglo VI a.C. comunicaba el valle del Foro con la ribera izquierda del Tíber.

Ahora este recorrido permite contemplar la recuperada Basílica Giulia, inicialmente edificada por voluntad de Julio César sobre los restos de otra más antigua, y completada y reconstruida más tarde por Augusto. «Se trata de un punto cardinal de la ciudad donde se desarrollaba buena parte de la actividad comercial y civil del foro que estaba comenzando a crecer», afirmó la superintendente del proyecto, Mariarosaria Barbera. El entusiasmo por esta restauración le ha llevado a afirmar: «Concluimos con un trozo de paraíso las actividades del bimilenario de Agusto».

Este trazado flanquea también el Templo de Saturno, el santuario republicano más antiguo después del de Júpiter Capitolino. En esta zona del Foro Romano, y a una profundidad de nueve metros, las excavaciones revelaron además una estratigrafía perteneciente a la época carolingia de la ciudad, de los siglos IX-X d.C., expuesta ahora al público.

Bimilenario de Augusto

En el marco del bimilenario de Augusto, a lo largo del mes de septiembre fueron presentados también los trabajos de restauración efectuados en la Villa de Livia, en el Palatino y en las Termas de Diocleziano. En la Villa de Livia, tercera mujer de Augusto, fueron recuperados y abiertos al público hace tres semanas los pavimentos en mosaico y las pinturas murales de este complejo arquitectónico. Una semana después fueron presentadas las instalaciones completamente renovadas del Museo Palatino, junto a los recorridos arqueológicos por la Casa de Augusto y la Casa de su amadísima Livia, lugares de residencia de Augusto y su familia.

Gran parque arqueológico

Con estas obras de restauración, toda el área arqueológica representa un extraordinario testimonio de un pasado cuyo eco llega a nuestros días. «El Foro romano es un trozo de la ciudad que se debe vivir y no constituir una zona cerrada con acceso solamente para los especialistas», ha manifestado la superintendente Barbera. Se da así un paso importante para convertir toda el área de los Foros Imperiales en el mayor parque arqueológico del mundo, lo que constituye la gran aspiración del alcalde de Roma, Ignazio Marino, quien ha hecho peatonal toda el área, un objetivo que no entusiasma a los romanos, porque consideran que se les ha «robado» el poder contemplar diariamente una zona por la que podían pasar diariamente en moto o automóvil, y ahora se entrega casi en exclusiva a los turistas.

Fuente: ÁNGEL GÓMEZ FUENTES  |  ABC

1 octubre 2014 at 2:21 pm Deja un comentario

Roma presenta espacios restaurados en el corazón de los Foros Imperiales

Roma presentó hoy el resultado de una restauración en el corazón de los Foros Imperiales que permitirá a los visitantes de este yacimiento arqueológico caminar por el “Vicus Iugarius” y contemplar los restos de la Basílica Giulia

basilica-iulia

Foro romano. Nuevo recorrido de la Basílica Iulia y del Vicus Iugarius

La apertura de este rincón de la Antigua Roma, cerrado al público desde la década de los ochenta del siglo pasado, devuelve la unidad topográfica original existente entre la plaza del Foro y las faldas de la colina del Campidoglio gracias al desmantelamiento de una avenida decimonónica.

“En Roma, allí donde se excava, se destruye, pero siempre se recupera algo que forma parte de la historia de la humanidad”, explicó la arqueóloga del proyecto, Ida Sciortino, acerca de la necesidad de renunciar a determinadas estructuras para conservar otras.

Esta es la cuarta y última de las citas que la Superintendencia Especial para los Bienes Culturales de Roma ha llevado a cabo dentro del programa “Bimillenario Augusteo” para conmemorar los 2.000 años de la muerte del emperador Augusto.

Estas labores de restauración del Foro han hecho posible reabrir ahora el “Vicus Iugarius”, una de las calzadas más antiguas de Roma, que ya en el siglo VI a.C. comunicaba el valle del Foro con la ribera izquierda del Tíber.

Este recorrido permite contemplar la recuperada Basílica Giulia, inicialmente edificada por voluntad de Julio César sobre los restos de otra más antigua, y completada y reconstruida más tarde por Augusto.

“Se trata de un punto cardinal de la ciudad donde se desarrollaba buena parte de la actividad comercial y civil del foro que estaba comenzando a crecer”, afirmó la superintendente del proyecto, Mariarosaria Barbera.

Este trazado flanquea también el Templo de Saturno, el santuario republicano más antiguo después del de Júpiter Capitolino.

En esta zona del Foro Romano y a una profundidad de nueve metros, las excavaciones revelaron además una estratigrafía perteneciente a la época carolingia de la ciudad, de los siglos IX-X d.C, expuesta ahora al público.

Tras cuatro años de trabajos de mantenimiento y de una inversión de 1,35 millones de euros, la Superintendencia Especial para los Bienes Culturales ha conseguido “devolver a Roma y a los ciudadanos un pedazo de paraíso”, según Barbera.

“Esta cifra de 1,35 millones de euros, sin ser excesiva, ha hecho posible recrear la distribución espacial original de la zona”, añadió la superintendente.

Con motivo del “Bimillenario Augusteo”, la Superintendencia Especial para los Bienes Culturales ha creado también una aplicación para dispositivos móviles, ForumApp, consistente en un mapa interactivo que permite visitar el Foro Romano y la colina del Palatino de forma sencilla.

A lo largo del mes de septiembre ya fueron inaugurados en el marco de esta iniciativa los resultados de las labores de restauración realizadas en la Villa de Livia, en el Palatino y en las Termas de Diocleziano.

En la Villa de Livia, mujer de Augusto, fueron recuperados y abiertos al público hace tres semanas los pavimentos en mosaico y las pinturas murales de este complejo arquitectónico, así como la nueva organización del “Antiquarium”, que incluye el arreglo del “Lauretum”.

Una semana después fueron presentadas las instalaciones completamente renovadas del Museo Palatino junto a los recorridos arqueológicos por la Casa de Augusto y la Casa de Livia, lugares de residencia de Augusto y su familia.

Por último, la semana pasada tuvo lugar la inauguración de las labores de restauración el Aula VIII, la “natatio” y el claustro pequeño de la Basílica de Santa María de los Ángeles y de los Mártires en las Termas de Diocleziano, las mayores del Imperio Romano.

Además, dentro de la iniciativa “Bimillenario Augusteo”, ya se celebró el pasado 17 de septiembre un simposio arqueológico en el Palacio Altemps de Roma en el que participaron tanto instituciones italianas como internacionales.

En esta línea, a partir del 14 de noviembre de este año y hasta el 2 de junio de 2015 se podrá visitar en el Palacio Massimo la exposición “Los fastos y el calendario de la antigüedad”, que recuerda la reforma acometida por Julio César, padre adoptivo del emperador Augusto.

Fuente: ÁFRICA ALBALÁ SORIA – EFE | LA VANGUARDIA

Crédito de la imagen: Soprintendenza Speciale per i Beni Archeologici di Roma

30 septiembre 2014 at 5:43 pm Deja un comentario

Así serán los museos del futuro: «Las llaves de Roma»

La muestra se puede ver simultáneamente en cuatro ciudades, y cuenta con novedosas aplicaciones tecnológicas que permiten un viaje a la época del emperador Augusto

llaves-roma-expo

Hasta mayo de 2015 estarán expuestas las colecciones romanas de los cuatro museos. ALPHAGALILEO.ORG

El año 2014 marca el 2 000 aniversario de la muerte de Augusto, fundador del Imperio Romano. Con motivo de esta efeméride se ha organizado una exposición nueva y singular de los últimos adelantos en tecnologías para museos virtuales originadas en Europa.

Varios integrantes de V-MUST.NET (Virtual Museum Transnational Network) son responsables de la conservación de «Keys to Rome» (Las llaves de Roma) , una exposición instalada a la vez en cuatro ciudades que representaron en claves emblemáticos del Imperio Romano: Alejandría, en Egipto (Bibliotheca Alexandrina) , Ámsterdam (Museo Allard Pierson) , Sarajevo (Ayuntamiento) y, por supuesto, Roma (Museo de los Foros Imperiales).

Hasta mayo de 2015 estarán expuestas las colecciones romanas de los cuatro museos y se difundirán también mediante una serie de «aplicaciones para móviles» y de tecnologías de inmersión creadas por los socios de V-MUST.NET. Los objetos expuestos en las cuatro ciudades podrán descubrirse siguiendo un itinerario digital para el que se han empleado vídeos con gráficos digitales, instalaciones enfocadas hacia interacciones naturales, medios audiovisuales y aplicaciones para teléfonos móviles.

La exposición, titulada «Keys to Rome» (Las llaves de Roma), se inauguró de forma oficial el 23 de septiembre, por coincidir ese día con la del nacimiento de Augusto. La muestra se reproduce simultáneamente en otras tres ciudades, por lo que no se trata de una simple exposición más de entre las muchas dedicadas a esta ciudad y su pasado lejano.

Una red de investigadores europeos (arqueólogos, historiadores del arte, arquitectos, informáticos y especialistas en comunicación) ha aprovechado esta celebración para mostrar nuevas tecnologías destinadas a museos virtuales. Su propósito es enseñar los usos posibles de estas tecnologías para cautivar el interés de los visitantes.

Durante el viaje a la época del emperador Augusto, que transcurre en el siglo posterior a la caída del Imperio Romano (siglo VI d. C.), se cuenta con dos guías, un viejo mercader y su sobrino. Los visitantes descubren gradualmente los secretos de la familia de estos dos guías por medio de objetos legados por sus antepasados. Así, «Las llaves de Roma» desvela los relatos que encierran los distintos artefactos expuestos.

Quienes visiten cualquiera de los museos donde se encuentra esta exposición podrán descargarse Matrix (creada por el Instituto Fraunhofer de Darmstadt, Alemania) a su móvil de forma gratuita y usar esta aplicación para escoger un personaje que sea su guía, encontrar objetos y acceder a las cuatro colecciones. Esta aplicación estará a disposición del público en el sitio web de «Las llaves de Roma».

Otra herramienta destacada es un sistema de identificación inalámbrica por radiofrecuencia (RFID), instalado en el Museo Allard Pierson de Ámsterdam, con el que los visitantes podrán personalizar los contenidos. En Roma se encuentra además un un «mapa ambulante» que ofrece al visitante la impresión de estar paseando por esta ciudad en el presente y hace dos mil años.

Se podrá imprimir una imagen tridimensional, equipada con sensores, del famoso altar Ara Pacis Augustae gracias a otra aplicación, Virtex. Se podrá pulsar sobre dicha impresión para obtener información sobre diversos aspectos de este altar.

El instituto francés de investigación INRIA ha creado otra aplicación de realidad aumentada llamada Nisar que permite al visitante obtener información sobre determinado objeto, sencillamente, señalándolo con el dedo. También se podrán explorar escenas tridimensionales reconstruidas a través de Admotum, un juego para Kinect que puede conectar con Holobox, el cual permite manipular hologramas de objetos. Estas dos últimas aplicaciones fueron creadas por el consejo italiano de investigación, CNR ITABC .

Aparte de los dieciocho socios del proyecto, V-MUST.NET cuenta con ciento veinte miembros asociados, algunos de ellos de fuera de Europa. Sus responsables han establecido un «Centro de Competencia» destinado a comercializar las tecnologías resultantes una vez concluya el proyecto.

V-MUST.NET es una Red de Excelencia europea dedicada a los museos virtuales. Se trata de un proyecto de cuatro años de duración que recibió de la Comisión Europea, a través del Séptimo Programa Marco, fondos por valor de 4,45 millones de euros. Dio comienzo el 1 de febrero de 2011 y finalizará el 31 de enero de 2015.

Fuente: ABC

30 septiembre 2014 at 5:40 pm 1 comentario

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