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Sanción de 20.000 euros por pintar en el Coliseo

Un turista ruso de 42 años fue condenado hoy a cuatro meses de prisión y a una multa de 20.000 euros (unos 24.500 dólares al cambio actual) por grabar una letra “K” en una de las paredes internas del Coliseo, uno de los monumentos más famosos de Roma.

Coliseo-turista-ruso

El turista ruso fue sorprendido anoche / EFE

La Justicia italiana permitirá que el hombre no cumpla la pena de cárcel, por lo que quedó libre a primera hora de este sábado, aunque sí deberá pagar la multa antes de los próximos tres meses, según medios italianos.

El turista ruso fue sorprendido ayer por un vigilante del Coliseo mientras grababa una letra “K”, de 17 centímetros de ancho y 25 de alto, con la que pretendía dejar su huella en el Anfiteatro Flavio, como también es conocido el famoso monumento levantado en el siglo I después de Cristo.

Alertados por el vigilante, los Carabineros detuvieron al hombre, que pasó la noche en una comisaría de la capital.

“El daño causado al monumento, independientemente de que sea moderado, es notable. La incisión, de hecho, ha eliminado una parte de la superficie de la estructura, además de que pone en peligro su preservación y su imagen”, aseguró la superintendente Mariarosaria Barbera.

Fuente: La Razón   22/11/2014

22 noviembre 2014 at 8:47 pm 1 comentario

Las mayores termas de la antigüedad cobran vida

Una reconstrucción virtual permite pasearse por el impresionante complejo termal de Diocleciano en Roma

Termas-de-Diocleciano

Fuente: SÍLVIA COLOMÉ  |  LA VANGUARDIA     20/11/2014

La antigua Roma está viviendo un nuevo resurgir coincidiendo con el bimilenario de la muerte de su primer emperador, Augusto. Esta efeméride ha impulsado que muchas ciudades vinculadas a su figura hayan emprendido obras de restauración, recuperación o divulgación de su pasado romano, dando un especial protagonismo al uso de las nuevas tecnologías. Es el caso, por ejemplo, de Barcelona, que acaba de presentar la aplicación Bàrcino 3D con geolocalizador que recrea in situ la ciudad del siglo III después de Cristo. “Los planos arqueológicos cuestan de entender, incluso a los profesionales”, confiesa Carme Miró, responsable del Plan Bàrcino. “Las recreaciones virtuales dan una dimensión humana, ya que estamos acostumbrados a verlo todo en tres dimensiones, y ayudan a entender el pasado”, añade. La capital del Imperio, Roma, no podía ser menos, ni en la celebración del bimilenario ni en la aplicación de las nuevas tecnologías con tal fin, una tendencia que cada día gana más adeptos entre arqueólogos e historiadores.

Entre las diferentes acciones conmemorativas que se están realizando en Roma, se acaba de divulgar la espectacular recreación virtual de la mayor terma que tuvo el imperio, la de Diocleciano, y que se basa en los diseños realizados por Edmond Jean-Baptiste Paulin en el último tercio del siglo XIX. Los dibujos y planos que el arquitecto francés ejecutó de las ruinas de Roma se caracterizan por su meticulosidad, y en el caso de las termas de Diocleciano se suma el hecho de que en aquel momento se estaban destruyendo para dar paso a una remodelación urbana. Por lo tanto, Paulin pudo dejar constancia de cómo deberían haber sido las termas en el año 300 d.C, especialmente sus baños.

Con todo este material, la empresa Capware, que también ha realizado las recreaciones virtuales de Pompeya, Herculano y de las villas del Vesubio, ha reconstruido las termas de Diocleciano con todo lujo de detalles mostrando, por ejemplo, su fachada, una superposición de estilos arquitectónicos y con una exuberante decoración en la que no faltan columnas, frontones, nichos semicirculares y rectangulares, estatuas y elementos policromados. El espacio más destacado de la recreación virtual, no obstante, es su famosa piscina al aire libre de 4.000 metros cuadrados. Cabe recordar que la terma tenía capacidad para más de 3.000 personas y ocupaba unas 13 hectáreas. “Las termas imperiales de Diocleciano, como las de Caracalla, eran como pequeñas ciudades que contaban, además, con bibliotecas, jardines, salas de reuniones… eran concebidas no solo para la higiene del cuerpo, sino también para la de la mente”, explica Miró, especialista también en la historia de las termas romanas. “Se han conservado muy bien, mejor que las de Caracalla, porque su estructura se recicló para realizar construcciones posteriores”, explica.

De hecho, el recorrido virtual muestra tal y como eran los tres espacios que vuelven a ser visitables después de cincuenta años cerrados el público y tras seis de trabajos de recuperación: la ‘natatio’(recubierta de mármol), el Aula VIII (una superficie de 900 metros cuadrados donde se ve la base de las monumentales pilastras centrales) y el claustro pequeño de la Basílica de Santa María de los Ángeles y de los Mártires (construido en el siglo XVI sobre parte de la piscina descubierta). La reapertura se enmarca dentro del programa Bimillenario Augusteo y prevé ampliarse con nuevas salas. “Esperamos poder devolver a la ciudad esta estructura completa y abrir al público las catorce salas de las termas”, explicó Rosanna Friggeri, la directora del complejo monumental, a EFE cuando se presentó el resultado de  la primera fase de restauración a finales de septiembre.

Ave, Augusto

El programa de la conmemoración en Roma del 2.000 aniversario de la muerte de Augusto también ha incluido la restauración de la Villa de Livia, el Palatino y la apertura del antiguo recorrido del Vico Iugario de la Basílica Iulia. Uno de los actos más espectaculares fue el 19 de agosto, día de su deceso, cuando el Ara Pacis (altar que conmemora sus victoriosas campañas en la Galia e Hispania) recuperó su policromía original mediante proyecciones con láser. La simulación de los colores fue posible después de años de estudio y de los análisis de los pigmentos encontrados. “Las recreaciones virtuales deben hacerse con rigor”, apunta Miró. Por eso, se convierten, además, en “una herramienta de investigación muy importante”, apunta.

El uso de la tecnología también ha sido determinante para crear el espectáculo Foro de Augusto. 2.000 años después, una recreación audiovisual, con proyecciones láser y 3D, del foro en época de Augusto, presidido por el templo a Marte, dedicado a Julio César. Solo así se ha podido recuperar, además, la colosal estatua del primer emperador que, según los expertos, medía once metros, todo un homenaje de arquitectura virtual a quien dijo antes de morir: “Encontré una ciudad de ladrillos y dejo una ciudad de mármol”.

20 noviembre 2014 at 9:39 am Deja un comentario

Termas de Diocleciano. Reconstrucción virtual

 

Reconstrucción virtual de las Termas de Diocleciano en Roma inspirada en los estudios de E. Paulin. El vídeo es una producción de Capware bajo la dirección de Marco Capasso.

17 noviembre 2014 at 6:28 pm Deja un comentario

Yo, Augusto, el emperador

El retrato más completo de César Augusto, del historiador británico Adrian Goldsworthy

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Escultura de César Augusto / EM

ADRIAN COLDSWORTHY  |  EL MUNDO

César Augusto falleció el 19 de agosto del 14 d. C., de modo que acabamos de celebrar el aniversario 2.000 de su muerte, claro que siendo el centenario del comienzo de la Gran Guerra me atrevo a decir que la fecha ha pasado sin pena ni gloria. Le faltaba poco para celebrar su septuagésimo séptimo cumpleaños y había estado gobernando sin mucha oposición durante más de cuatro decenios, desde que Marco Antonio se quitara la vida en el 30 a.C. Le sucedió su hijo adoptivo, Tiberio, y a pesar de que el linaje familiar terminó con Nerón, los emperadores siguientes adoptaron los nombres de César y Augusto como títulos. A lo largo de su vida creó el sistema monárquico que gobernaría Roma durante siglos, teniendo el buen sentido de ocultar veladamente su poder sin por ello renunciar a él, pero evitando pese a todo títulos como rey o dictador.

Por algún motivo, a pesar de todos sus logros y de la crucial importancia de sus actos, Augusto ya no se encuentra entre las figuras del mundo antiguo que siguen deambulando por entre la imaginación del gran público. Julio César, Calígula o Nerón son reconocidos de inmediato -aunque a menudo sólo con una vaga idea de quiénes fueron-, no así Augusto. Hoy en día, su nombre se escucha sobre todo durante las misas navideñas, cuando se lee la descripción que hace Lucas de la Natividad. Augusto aparece en Julio César y Antonio y Cleopatra de Shakespeare -ambas representadas a menudo y estudiadas en el colegio, de modo que siguen siendo bien conocidas-; pero no mereció una obra de teatro propia. Quizá se deba a que murió de edad provecta, en vez de ser apuñalado hasta la muerte en una reunión del Senado, como César, o suicidándose, como Brutos y Casio, Antonio y Cleopatra.

Lo curioso es que la historia de Augusto no carece de drama. Cuando estudian los primeros momentos de su carrera hay que hacer un esfuerzo consciente para recordar que sólo tenía 18 años durante los idus de marzo del 44 a.C. No supo que el testamento de su tío abuelo lo nombraba su heredero principal hasta que éste fue asesinado. Durante la República los cargos públicos no podían ser heredados, como tampoco nadie podía ser adoptado de forma póstuma, a pesar de lo cual fue así como decidió interpretar lo que significaba su legado. Su ambición fue precoz, sobre todo en Roma, donde los cargos estaban ligados a la edad y la madurez, pero al principio nadie lo tomó en serio. Marco Antonio lo desdeñó refiriéndose a él como “un chico que se lo debe todo a un nombre”. Cicerón pensaba que Antonio era el principal peligro y consideró al joven Augusto como un arma que usar en su contra: “Debemos alabar al joven, recompensarlo y deshacernos de él”.

No salió como pensaba el orador. Augusto luchó primero por el Senado en contra de Antonio, para luego unirse a éste y a Lépido y formar el segundo triunvirato. Tomaron Roma y ejecutaron a sus enemigos, reviviendo la técnica de Sila de publicar listas de proscripciones. Un hombre que apareciera en ellas perdía todos sus derechos legales y podía ser asesinado por cualquiera. Cicerón fue atrapado y muerto antes de que se colgaran las listas. Años después, los triunviros intentaron echar las culpas de esta masacre a sus colegas; pero Augusto quedó marcado con una reputación de crueldad joven. De ese modo pragmático tan romano, se consideraba sorprendente que una persona tan joven tuviera ya tantos enemigos.

LIBERTAD FRENTE A TIRANÍA

Al final de sus días describió esos primeros años diciendo simplemente: “A la edad de 19 años, bajo mi propia responsabilidad y a mi cargo, reuní un ejército, con el cual triunfé luchando en pos de la libertad de la República cuando ésta se encontraba oprimida bajo la tiranía de una facción”. No menciona el hecho de que se suponía que los ciudadanos particulares no podían reunir ejércitos. Como era de esperar, posteriormente Tácito juzgaría estos acontecimientos de forma más cínica: “Cuando el asesinato de Bruto y Casio desarmó al Estado; cuando [Sexto] Pompeyo fue aplastado en Sicilia y con Lépido dejado de lado y Antonio muerto, incluso el partido juliano carecía de líderes excepto César [Augusto]”.

Augusto ganó y, tras la batalla de Accio, no hubo más aspirantes con el poder militar para oponérsele… circunstancia que se preocupó mucho por mantener así conservando un estrecho control sobre el ejército. El éxito no lo volvió popular, pero lo que tanto los romanos como los provinciales deseaban más que nada era paz y estabilidad.

La guerra civil llevaba asolando la República desde el 88 a.C., cuando Sila lanzó sus legiones contra Roma. Las bajas habían sido importantes, sobre todo entre las familias senatoriales, mientras que los ejércitos lucharon y saquearon por todo el Mediterráneo. Muchos líderes y comunidades apoyaron lealmente a Roma, sólo para encontrarse a menudo en el lado perdedor de una guerra civil y obligados a pagar muchísimo para complacer al vencedor. Las comunidades italianas habían sufrido confiscaciones cuando los caudillos como Augusto tuvieron que encontrar granjas que entregar a sus soldados licenciados. En los años 30 a.C., Virgilio imaginó los pensamientos de uno de esos desposeídos, quizá a partir de su propia experiencia; pues puede que su familia perdiera tierras por entonces. “¡Ah! ¿Acaso volveré, luengos años desde aquí, a mirar de nuevo a los límites de mi patria, a mi humilde casita de campo con su revestimiento de hierba… volveré, luengos años desde aquí, a mirar con asombro unas pocas espigas de trigo, antaño mi reino? ¿Es un impío soldado quien tiene ese bien labrado barbecho? ¿Un bárbaro esas cosechas? ¡Ved donde el conflicto ha llevado a nuestros infelices ciudadanos!”.

Tras tantos trastornos, los ciudadanos querían asegurarse de que transcurridos unos años seguirían poseyendo sus propiedades y no serían llamados a filas para luchar en otra guerra civil. Los líderes y los órganos gobernantes de las provincias también querían tener la seguridad de que los honores y obligaciones que les habían repartido no cambiarían de un día para otro según fueran ascendiendo y cayendo los caudillos romanos. Décadas de inercia por parte de un Senado demasiado enfrascado en una enconada y a menudo violenta competencia por cargos y honores había dejado muchas apelaciones sin respuesta y muchas disputas sin resolver.

Augusto puso manos a la obra para solucionarlo. A menudo se olvida que viajó más que ningún otro emperador hasta Adriano. Augusto pasó más tiempo de su reinado en las provincias que en Roma e incluso Italia. Trabajó duro, recibiendo delegaciones y escuchando peticiones, algo que hacía donde quiera que estuviera. Las diputaciones iban a él ya estuviera en Roma, o en España, Galia, Grecia o Siria, esperaban a ser llamadas y al final eran escuchadas y recibían una respuesta.

Augusto se esforzó porque el Estado funcionara de nuevo y, al mismo tiempo, le proporcionó paz; un tema celebrado constantemente en el arte y la literatura, de forma destacada en el ara pacis augustae (el altar de la paz augustea), un honor concedido por el Senado en el 13 a.C. Se trataba de paz interna y de ausencia de guerra civil, pues al mismo tiempo fue uno de los grandes conquistadores de nuevos territorios. Derrotar a enemigos extranjeros era un logro completamente honorable y adecuado para un aristócrata romano. Como diría Virgilio: “Recuerda, romano -pues estas son tus artes- que has de gobernar naciones con tu poder, añadir buenas costumbres a la paz, perdonar a los conquistados y derrotar al orgulloso en la guerra”.

EL PRINCIPAL SERVIDOR

El orden regresó al mundo, un orden basado en las victorias romanas y el respeto al poder de Roma. Ovidio escribió sobre el ara pacis en sus Fastii, reflexionando sobre cómo entendían la paz los romanos: “Ven, Paz, con tus delicados tirabuzones coronados por laureles accios, y deja que tu gentil presencia permanezca en todo el mundo. De tal modo que nunca haya enemigos, ni hambre de triunfos, tú debes ser para nuestros jefes una gloria mayor que la guerra. ¡Ojalá que el soldado sólo tenga que portar armas para controlar al agresor armado […]! ¡Ojalá que el mundo cercano y lejano tema a los hijos de Eneas y si hubiera tierra que no temiera a Roma, que la ame”». La paz y la prosperidad procedían de la victoria de Accio y el continuado poder de Roma bajo el liderazgo de Augusto.

Augusto se llamaba a sí mismo princeps -el principal servidor de la República- y presumía de haberle devuelto el poder al Senado y al Pueblo. Su posición constitucional evolucionó gradualmente mediante la improvisación tanto como mediante una cuidadosa planificación; pero nunca alteró la sencilla verdad de que él controlaba las legiones y no se podía hacer que las devolviera.

A los historiadores les gusta entrever una oposición senatorial que lo obligó a mantener una apariencia de conducta constitucional, pero aquélla existe mayormente en su imaginación. Como dijo Tácito, Augusto “sedujo al ejército con botines, a la gente con repartos de grano gratuito, al mundo entero con el confort de la paz y luego, gradualmente, asumió el poder del Senado, los magistrados y la creación de leyes. No había oposición, pues los más bravos de los hombres cayeron en la línea de batalla o ante las listas de la proscripción…”. El único límite real al comportamiento de Augusto provino de su propio sentido de lo que era sensato y correcto.

No existía ninguna alternativa real, y atractiva aún menos, a su gobierno. Hasta donde alcanzaba la memoria, la República no había funcionado adecuadamente. Bruto y Casio asesinaron a César para restaurar la libertad, para seguidamente reclutar un ejército y actuar exactamente igual que el resto de caudillos de la época… y al final perdieron. Augusto le dio al imperio estabilidad e hizo que las instituciones funcionaran de nuevo o creó otras nuevas.

Requirió tiempo, pero los beneficios de su régimen no tardaron en ser evidentes -y su intención de mantener el poder fue tan obvia- que el triunviro empapado en sangre fue difuminándose en el recuerdo para dejar sólo al princeps, el padre de su país (pater patriae), como fue saludado en el 2 a.C. Pocos emperadores gobernaron durante más tiempo, o fueron tan llorados cuando murieron.

Adrian Goldsworthy es el autor de «Augusto. De revolucionario a emperador», ya a la venta. (La Esfera)

16 noviembre 2014 at 9:43 am Deja un comentario

Italia y la hipotética reconstrucción de su pasado arqueológico

La propuesta de recuperar la arena del Coliseo de Roma ha reabierto estos días el debate en Italia acerca de la idea de devolver el aspecto original a las joyas del patrimonio arqueológico del país

restauración-Coliseo

Fuente: EFE  |  ABC

Enclavado en el corazón de la Roma clásica, el Coliseo muestra actualmente y a cielo abierto las bambalinas subterráneas en las que hace dos milenios se preparaban los espectáculos que se sucedían en su superficie, en la arena.

Esta plataforma, escenario de cruentos enfrentamientos, desapareció en el siglo XIX, de acuerdo a las investigaciones publicadas por el arqueólogo Daniele Manacorda, quien ahora propone recuperarla.

El pasado lunes el ministro de Cultura de Italia, Dario Franceschini, sorprendió a la opinión pública al secundar la propuesta del investigador, mostrándose también partidario de la reconstrucción de este símbolo del Bel Paese.

Su opinión desató el debate entre los especialistas, que en los últimos días han manifestado opiniones encontradas sobre la posibilidad de recuperar este tipo de espacios históricos.

El proyecto también ha despertado el interés de personalidades ajenas al mundo de la cultura, como el presidente del club de fútbol AS Roma, James Pallotta, que sugirió la posibilidad de disputar un partido de su equipo en la arena del Coliseo.

“Tengo en mente un gran proyecto. Querría que Roma nos permitiese disputar un encuentro en el Coliseo contra el Barcelona o el Bayern o un conjunto de este tipo”, afirmó.

Esta idea fue inmediata y contundentemente rechazada por Franceschini, que pidió que “no se bromeara con la propuesta”.

Más allá de singulares sugerencias como la de Pallotta, numerosos expertos no han dudado en alzar la voz para manifestar su apoyo o su oposición a la propuesta del ministro, basada en un proyecto de Manacorda que propone que este icono de Roma pueda albergar incluso cierto tipo de espectáculos.

Así, una corriente más conservadora de especialistas apuesta por unas labores de restauración moderadas que respeten el aspecto actual de los monumentos, mientras que otra vertiente muestra su conformidad con la propuesta que, en su opinión, dotará a las obras de arte de una mayor comprensibilidad.

En esta línea contraria al proyecto se posiciona el historiador del arte Tomaso Montanari, que en una entrevista con Efe criticó esta clase de medidas al considerarlas “una inaceptable elección del pasado” y por la dificultad de establecer límites a la restauración una vez dentro de esta dinámica.

“¿Por qué devolver solo la arena del Coliseo? ¿Por qué no reconstruir todo el muro, por qué no volver a colocar las estatuas, por qué no pintarlo como era antes? ¿Dónde hay que parar? ¿Quién lo decide?”, ironizó.

Asimismo, Montanari recalca que la arqueología “sirve para hacer ver lo que ya no está” y una reconstrucción exhaustiva que permita revivir épocas pasadas “forma parte de la ficción”.

Con una postura radicalmente opuesta a la de Montanari se sitúa el presidente del Consejo Superior para los Bienes Culturales y Paisajísticos del Ministerio de Cultura italiano, Giuliano Volpe, defensor de la propuesta de Franceschini.

Arqueólogo de formación, Volpe sostiene que este tipo de iniciativas de devolver a los monumentos un aspecto más próximo al original y hacerlos más accesibles cumplen dos misiones fundamentales: facilitar al público la comprensión de los monumentos y hacer posible una nueva visión del patrimonio cultural.

En esta línea, recuerda Volpe, ya hay monumentos históricos de toda Italia que acogen con éxito espectáculos, como el Foro de Augusto o la Arena de Verona.

Por ejemplo, el Foro de Augusto, en el centro de Roma, alberga un espectáculo de luces y sonido que, según el entrevistado, ayuda a entender “qué sucedía en una estructura que, de otro modo, sería un conjunto de columnas que los visitantes no comprenderían”.

A pesar de la polémica generada, esta tendencia de acondicionar espacios arqueológicos no es una novedad.

Ya en 2012, el actual primer ministro italiano y por entonces alcalde de Florencia, Matteo Renzi, propuso pavimentar la majestuosa Piazza della Signoria de la capital toscana con el fin de devolverle su aspecto anterior al siglo XVIII.

Tampoco el Coliseo escapó a los afanes reformistas a lo largo de la historia, ya que en 1675 el papa Inocencio XI encargó al célebre arquitecto Gian Lorenzo Bernini la construcción de una monumental iglesia en el centro del Anfiteatro Flavio.

Para desgracia del pontífice, el artista más revolucionario de su tiempo se negó a emprender tal obra apelando a la “conservación de una máquina que no solo mostraba la grandeza de Roma, sino que era la idea misma de la arquitectura”.

 

9 noviembre 2014 at 1:52 pm Deja un comentario

Los Muros Aurelianos de Roma sufren daños por las lluvias

Parte de los antiguos Muros Aurelianos de la capital italiana sufrieron daños a causa de las intensas lluvias registradas entre ayer y hoy, que causaron inundaciones en diversos puntos de la ciudad, informó el cuerpo de bomberos local

Porta-Pia

La Puerta Pía (en italiano, Porta Pia), puerta de la antigua Muralla Aureliana, que ha sufrido desprendimientos a causa de las abundantes lluvias caídas en las últimas horas en la capital italiana. Foto vía MeteoWeb

Construidos entre los años 270 y 275 de nuestra era por el emperador Aureliano para defender a Roma de los ataques de las tribus bárbaras, los Muros Aurelianos cuentan actualmente con 12.5 kilómetros de longitud, respecto a los 18 kilómetros originales.

Según los bomberos, en la zona de la antigua Puerta Pía los muros sufrieron infiltraciones de agua de lluvia que ocasionaron la caída de material, por lo que el área fue acordonada.

Confirmaron asimismo que las intensas precipitaciones provocaron el desbordamiento de algunos afluentes del río Tíber, que inundaron zonas periféricas de la capital.

La víspera, el ayuntamiento de Roma decretó el estado de máxima alerta por el peligro de inundaciones, por lo que escuelas, sitios arqueológicos y cementerios fueron cerrados.

Este viernes la emergencia continuaba, aunque la alerta fue bajada del nivel rojo al naranja, mientras algunas estaciones del metro permanecieron cerradas y se pospusieron varios vuelos en el aeropuerto Ciampino, el segundo en importancia de la capital.

En tanto, los servicios de socorro reportaron que varias personas resultaron heridas a causa de la caída de árboles o incidentes de tráfico.

El servicio de Protección Civil dijo que los ríos Tíber y Aniene estaban bajo estricta vigilancia ante el riesgo de nuevos desbordamientos en algunos puntos de la ciudad.

Las intensas lluvias han afectado a prácticamente todo el territorio italiano y la ciudad más afectada es Carrara, en la central región de Toscana, donde cientos de personas fueron evacuadas de sus domicilios debido a las inundaciones, que han causado daños millonarios.

Fuente: Yahoo Noticias

7 noviembre 2014 at 10:16 pm Deja un comentario

Acueductos: La obra maestra de la ingeniería romana

Para abastecer de agua a las ciudades, los romanos crearon un impresionante sistema de canales y puentes monumentales

Por Isabel Rodà. Catedrática de Arqueología. Universidad Autónoma de Barcelona, Historia NG nº 130

acueducto-de-los-Milagros

Acueducto de los Milagros. Esta magna obra, construida en el siglo I, abastecía de agua a la ciudad de Augusta Emerita (Mérida), capital de la provincia romana de la Lusitania. Su caput aquae, donde captaba el agua, se hallaba en el embalse de Proserpina, a 15 kilómetros.

Roma fue indudablemente una civilización del agua. La tecnología que desarrolló para su captación, distribución y consumo no encuentra parangón hasta nuestro mundo contemporáneo. Es cierto que en las ciudades griegas se construyeron sistemas de túneles, galerías o cisternas, a veces de dimensiones considerables, pero quedan muy lejos de los impresionantes acueductos que los romanos, con sus grandes dotes para la ingeniería y la arquitectura, sembraron a lo largo y ancho de su Imperio. Fueron uno de los máximos ejemplos de las grandes obras públicas, que los romanos consideraron siempre prioritarias; pero, también, con su masa imponente y el mensaje de dominio sobre la naturaleza que transmitían, fueron símbolos de la avanzada civilización de Roma, además de vehículos propagandísticos de su poder y del de su emperador.

No todas las ciudades romanas disponían de acueductos, ya que en algunas el suministro hidráulico podía quedar cubierto por pozos y por cisternas públicas y privadas excavadas bajo las casas, como han demostrado estudios en Cesarea (Cherchel, Argelia) y en la misma Pompeya. Éste parece ser también el caso de Emporiae (Empúries), donde por el momento no se han localizado acueductos. Algunas cisternas podían tener dimensiones colosales, como la de Yerebatan Saray, en Constantinopla (Estambul), o la piscina mirabilis en la población de Miseno (Italia). Esta última era subterránea y tenía una capacidad de 12.600 metros cúbicos, con una gran bóveda que se sostiene sobre 48 pilares dispuestos en cuatro hileras y unidos mediante arcos transversales.

Sin embargo, había ciudades que necesitaban mucha más agua de la que podían proporcionar las cisternas, no sólo para abastecer a una población numerosa–hasta un millón de habitantes en el caso de Roma–, sino también para alimentar las fuentes ornamentales y públicas, las termas y los espectáculos. Los acueductos se crearon para atender todas estas necesidades. Cuando se menciona la palabra acueducto pensamos de inmediato en las impresionantes construcciones de Segovia, Mérida o Tarragona, por limitarnos a España. Pero las arquerías monumentales eran sólo una parte del sistema de abastecimiento hidráulico, cuyo objetivo era traer el agua desde fuentes y manantiales que podían hallarse a más de 50 kilómetros de distancia. A lo largo de este trayecto se construían obras de captación, embalses, torres de distribución (castella aquarum) y, lógicamente, el canal por el que discurría el agua aprovechando la ligera pendiente que los ingenieros romanos lograban mantener desde el origen hasta el destino. En los lugares con un fuerte desnivel de terreno –un valle o una hondonada– se construían las arquerías monumentales que acostumbramos a identificar con la imagen del acueducto por excelencia. Sin embargo, en su mayor parte la conducción de agua se hacía por canales subterráneos o a ras de suelo. En el caso de Roma se ha calculado que, de los 507 kilómetros que sumaban sus acueductos, 434 eran subterráneos, 15 de superficie y sólo 59 (el 12%) discurría a través de arquerías.

Abastecer a la Urbe

Roma llegó a tener doce acueductos, el más antiguo de los cuales era el Aqua Appia cuya construcción fue debida a Apio Claudio el Ciego y se inauguró en el año 312 a.C. con un recorrido de más de 1,6 kilómetros. Otros tres acueductos fueron construidos en los siglos III y II a.C.: Aqua Anio Vetus, Aqua Marcia y Aqua Tepula. El impulso definitivo vino dado por Augusto y su yerno Agripa, que repararon los antiguos acueductos y construyeron otros nuevos, algunos de los cuales, como el Aqua Virgo, se han mantenido ininterrumpidamente en uso. Por su parte, los emperadores Claudio y Trajano dieron su nombre al Aqua Claudia y al Aqua Traiana, este último con casi 60 kilómetros de recorrido. El último de los acueductos de Roma fue el Aqua Alexandrina, de 22 kilómetros de longitud, obra de Alejandro Severo en 226 d.C. Con todo ello, se calcula que Roma llegó a disponer de un millón de metros cúbicos de agua al día para cubrir las necesidades de una población en constante aumento y para alimentar las once grandes termas, los aproximadamente 900 baños públicos y las casi 1.400 fuentes monumentales y piscinas privadas.

Para la gestión de las aguas residuales, las ciudades contaban con una completa red de alcantarillado. En Roma, la Cloaca Máxima, que desembocaba en el Tíber, era motivo de general admiración, como nos hace saber Plinio el Viejo en su enciclopédica Historia Natural. El buen estado de los acueductos y la red de cloacas, además de la sana costumbre de la higiene y el baño, evitaron epidemias tan terribles como las que arrasaron las ciudades en la Edad Media.

La construcción de un acueducto, desde su captación hasta su punto de distribución final, era una empresa costosísima y una de las obligaciones que tenían que afrontar las ciudades, que se enorgullecían de ello. Por lo que sabemos, la financiación de estas obras era a la vez pública y privada. En ocasiones, los acueductos eran sufragados por grandes personajes y por lo general las obras se llevaban a cabo durante el ejercicio de sus funciones políticas. Por ejemplo, Agripa, yerno y general de Augusto, como edil y como cónsul hizo construir en Roma dos acueductos, el Aqua Iulia y el Aqua Virgo, empleando los recursos mineros que él controlaba para fabricar las tuberías de plomo. Desde la época de Augusto, los emperadores figuraron entre los donantes habituales de estas onerosas infraestructuras. Pero la tarea la emprendían los gobiernos municipales, que delegaban en los magistrados para llevar a cabo la construcción, normalmente con dinero público.

Una empresa titánica

Hay pocos testimonios directos del proceso de construcción de un acueducto. Por ello es preciosa la información contenida en un cipo con una inscripción hallado en  Saldae (Argelia). Es el monumento funerario de Nonio Dato que nos narra en primera persona las dificultades con las que topó este personaje al acometer la obra. El largo texto nos informa de que en tiempos de Adriano (117-138), los habitantes de esta localidad norteafricana necesitaron ampliar su disponibilidad de agua y para ello se dirigieron al procurador de Numidia. El proceso no fue todo lo  rápido que hubiera sido de desear. Nonio Dato, como ingeniero militar (librator), proyectó el trazado del acueducto hacia el año 138, pero las obras no finalizaron hasta el 152, tras una serie de contratiempos que se describen con precisión. Por ejemplo, los equipos de obreros que empezaron a abrir las dos bocas del túnel no se encontraron según lo previsto; y en otra ocasión unos bandidos asaltaron las obras y el propio Nonio Dato, que había acudido a inspeccionar los trabajos, tan sólo escapó por los pelos, maltrecho y desnudo.

Los romanos siempre fueron conscientes de que resultaba crucial mantener en óptimo estado el suministro hidráulico. Un nutrido grupo de trabajadores especializados o aquarii,  palabra que podríamos traducir como fontaneros, se encargaba del buen funcionamiento y limpieza de los acueductos. Estos técnicos estaban al frente de un servicio de reparaciones y limpiaban sistemáticamente los canales para evitar las obstrucciones y el empeoramiento de la calidad del agua; para ello, el canal por el que circulaba el agua estaba siempre cubierto y se instalaban regularmente albercas llamadas piscinae limariae para decantar las impurezas.

Pero la picaresca es una constante en todas las épocas, de modo que las autoridades romanas pronto se dieron cuenta de que debían vigilar que no hubiera captaciones clandestinas de agua por particulares que sobornaban a los aquarii. Frontino, en el tratado sobre los acueductos de Roma que escribió a finales del siglo I d.C., detectó y denunció oportunamente este hecho, que calificó como fraus aquariorum, «fraude de los fontaneros».

Trampas y triquiñuelas

El acceso privado al agua ha tenido siempre un precio. Los propietarios de las casas que podían permitirse disponer de agua corriente contrataban un servicio por una cierta cantidad, que venía asegurada por el mayor o menor diámetro de la tubería de acceso. Esto también daba lugar a intentos de fraude cambiando el calibre de la canalización. Para evitarlos se ideó el calix, una tubería unida a una carátula que se empotraba en la pared y tenía una decoración, para evitar su falsificación o manipulación. El mismo tipo de objeto se usaba en los castella aquarum, los depósitos desde los que se distribuía el agua a las diferentes partes de la ciudad.

Para un pueblo de tan eminente sentido práctico como el romano, los acueductos no podían dejar de ser motivo de máximo orgullo e incluso una seña de identidad. Así lo manifiesta bien a las claras Frontino, senador y curator aquarum (supervisor responsable de los acueductos) en su obra mencionada: «Comparad si queréis las numerosas moles de las conducciones de agua, tan necesarias, con las ociosas pirámides o bien con las inútiles pero famosas obras de los griegos».

Para saber más

Acueductos romanos en España. Carlos Fernández Casado. Colegio de Ingenieros de Caminos, Madrid, 2008.
Los acueductos de Roma. Sexto Julio Frontino. CSIC, Madrid, 1985.
Los arcos del agua. Montse Barderi. Ediciones B, Barcelona, 2013.

3 noviembre 2014 at 3:04 pm Deja un comentario

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Reunificación de los Mármoles del Partenón

"Hacemos un llamamiento a todos aquellos que en el mundo creen en los valores e ideas que surgieron a los pies de la Acrópolis a fin de unir nuestros esfuerzos para traer a casa los Mármoles del Partenón". Antonis Samaras, Ministro de Cultura de Grecia

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