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Descubierta una Ostia Antica “secreta”: Era más grande que Pompeya

Descubrimiento de la Superintendencia Arqueológica de Roma: “En el siglo I a.C. el Tíber no era el límite norte de la ciudad, sino que la dividía en dos partes”

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Imagen de los hipotéticos muros de Ostia Antica

Ostia era mucho más grande de lo que hasta ahora se imaginaba y la Roma imperial una ciudad mucho más comercial. Es el descubrimiento al que han llegado Paola Germoni y Angelo Pellegrino, de la Superintendencia Especial para los Bienes Arqueológicos de Roma, y Simon Keay, de la Universidad de Southampton, y Martin Millett, de la Universidad de Cambridge, al término de un proyecto iniciado en 2007 a pocos kilómetros del aeropuerto de Fiumicino .

Gracias a la magnetometría se detectaron estructuras de muros de tiendas antiguos y de calles, todavía presentes en el subsuelo. Sobre los muros hay torres de seis por ocho metros. Entre el Tíber y los muros hay al menos cuatro edificios muy grandes, el mayor de ellos de 83 x 75 metros. Se encuentran entre las estructuras más grande descubiertas hasta ahora en Ostia Antica.

El descubrimiento es particularmente excepcional porque se constata por primera vez que en siglo I a.C., es decir, durante la Roma de los cónsules, la ciudad de Ostia no estaba limitada al norte por el Tíber, sino que el río la dividía en dos partes. Además, es mucho más grande el espacio que se creía destinado al almacenamiento de mercancías que luego eran transportadas por vía fluvial hasta el puerto de Ripetta en Roma, y ​​por tanto tienen dimensiones diferentes los cambios comerciales que tuvieron lugar a orillas del Tíber en la Roma de los cónsules y luego en la imperial.

Fuente: Flavia Amabile | La Stampa: Scoperta un’Ostia antica «segreta» “Era più grande anche di Pompei”

16 abril 2014 at 8:24 pm Deja un comentario

García Gual : “La mezquindad moral e intelectual es una de las marcas de nuestro tiempo”

Artículo de Carlos Javier González Serrano en Filosofía Hoy

Trayectorias como la del helenista Carlos García Gual demuestran que los clásicos nunca dejan de ser nuestros contemporáneos. Hablamos con él de ese periodo y de sus conexiones con la realidad de hoy día

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Foto: Deyanira López

Tras una larga y titánica carrera docente e investigadora, Carlos García Gual acaba de jubilarse. No hemos querido perder la oportunidad para charlar con él sobre la actualidad (y el futuro) de la filosofía y de los estudios clásicos en España. Catedrático de Filología Griega en la Universidad Complutense, Gual es sin duda uno de los mejores conocedores, a escala mundial, de la auténtica raíz de la cultura occidental: la cultura clásica. Prolífico traductor (gracias a él se puede leer en español a Homero, Epicuro o Diógenes Laercio, entre otros), recibe en el año 2002 el Premio Nacional a la Obra de un Traductor. También ha destacado como autor y crítico literario en importantes revistas y diarios nacionales (El País, Revista de Occidente) e internacionales.

 Como catedrático de Filología Griega, ¿puede decirnos en qué medida el lenguaje de la Grecia de los siglos V y IV a. C. contribuyó al surgimiento de la filosofía? ¿Configura el lenguaje el modo de pensar?

Cada género literario construye un cierto léxico propio a partir de la lengua común. En Grecia, la filosofía aparece –en verso y prosa– tras la épica y la lírica que dieron un notable esplendor y una flexible y rica expresividad a la lengua griega. Esta lengua tiene además una gran facilidad para expresar abstracciones y componer nuevos términos a partir de antiguas raíces. De modo que el pensamiento filosófico, desde fines del siglo VI a. C., encontró en la lengua griega un instrumento muy refinado para su expresión. Notemos, como ejemplo puntual, la importancia que tuvo el uso del artículo que permite sustantivar cómodamente tantos conceptos (tò kalón, to agathón, etc.) –en contraste con el latín que no tenía artículos–, y, a la vez, la riqueza aspectual del verbo griego.

¿Son el mito y la filosofía modos de pensamiento excluyentes?

Frente a la tradicional oposición entre mythos y logos, que vemos expuesta en muchos manuales de historia del pensamiento antiguo, algunos pensadores recientes han subrayado –como hicieron Cornford y últimamente Hans Blumenberg– la conexión latente entre uno y otro como formas simbólicas que responden al deseo humano de hallar un sentido a la existencia humana en un cosmos acorde a su comprensión.

¿Debemos pensar en los mitos griegos al modo en que se piensa la religión a ojos de la teología más tradicional, es decir, como un dogma más o menos canónico al que el devoto debe acogerse?

No, los mitos no eran dogmáticos. Eran narraciones arcaicas y prestigiosas que la colectividad mantenía en la memoria y rememoraba en las fiestas y que guardaban los poetas (no los sacerdotes). De ahí la vivacidad y libertad narrativa de esa tradición mítica, con sus figuras impresionantes de dioses y héroes tan humanos, variados, y paradigmáticos.

¿Se puede hablar de algún tipo de continuidad entre mito y filosofía, o debemos referirnos a un auténtico hiato o salto antropológico?

Hay una cierta divergencia que nace de la evolución hacia una sociedad más crítica, abierta, escéptica, progresista, que alborea en las costas y ciudades de la Jonia del siglo VI a. C., como han explicado bien los historiadores de esa aurora de la Filosofía (Burnet, Farrington, etc.). La libertad de pensamiento y la mentalidad objetiva explican ese progreso del racionalismo en la sociedad griega.

Hablando de fronteras… Como filólogo, ¿es fácil delimitar la labor de la literatura y la filosofía? ¿Cómo métodos de expresión tan aparentemente distintos pueden llegar, en algunos casos, a clarificarse tanto mutuamente?

La pregunta resulta muy compleja. Hay formas de pensamiento que son más literarias o más poéticas, y otras más severas. En la busca de la verdad varían los senderos. Platón y Nietzsche son tan filósofos como Kant y Spinoza. En la historia de la filosofía caben estilos muy diversos, aunque la literatura y la filosofía tengan objetivos o pretensiones distintas.

Tras una dilatada carrera como traductor de clásicos (en 2002 recibió el Premio Nacional a la Obra de un Traductor), ¿siente predilección por algún autor en especial? ¿Supone ya la traducción de Epicuro o Platón un ejercicio filosófico?

La traducción, por bien que se conozcan las lenguas en cuestión, supone cierto arte y oficio personal, y uno va aprendiendo con los años al enfrentarse a autores diversos. Creo que, si uno traduce por gusto, como es mi caso, aporta también un cierto placer intelectual, ya que el traductor es, pienso, un lector a fondo del texto, que comparte al ponerlo en otra lengua el mensaje original tratando de apurar y precisar el significado poético o filosófico –según los géneros y estilos– de las frases traducidas. Es, sin duda, un buen ejercicio filosófico (y literario): porque ninguna traducción es exacta y no hay –excepto para mensajes muy simples– una solución mecánica a los problemas de la distancia entre los campos semánticos y las sintaxis propias de uno y otro idioma. (Claro que esa distancia puede varíar mucho según las lenguas con que se opera).

La sociedad reivindica ciertos valores que, en ocasiones, la clase política parece haber perdido. ¿Nos hace falta un genuino Prometeo que se atreva a desafiar el dominio de una clase que, como los dioses griegos, parece prácticamente intocable?

No tengo respuesta fácil a esta pregunta. Creo que la mediocridad de los políticos refleja en parte la sociedad que los ha elegido. La mezquindad intelectual y moral es una de las marcas de nuestro tiempo. Acaso de la modernidad y de la sociedad de consumo. Hasta las revoluciones acabaron desprestigiadas, y los políticos no son, por lo visto, la mejor gente –pero sí son muy representativos– de esa sociedad capitalista, donde tener y “hacer” dinero (el capital, la banca, etc.) es el ideal (confesado o no) de casi todos. Prometeo era el patrón del progreso técnico. Vivimos, en cierto aspecto, por el avance incesante y desenfrenado de la tecnología, una época muy prometeica. Ni los epicúreos ni los cínicos fueron revolucionarios, en el sentido social del término, pero proponían un refugio frente a la política envilecida ya en su tiempo. Y en eso parecen muy actuales.

La universidad pública vive tiempos convulsos (reformas de planes de estudio, cuestionamiento del papel de ciertas disciplinas humanísticas, dificultades económicas, etc.). ¿Qué papel ocupa la docencia de la filología griega en este difícil panorama?

Los planes de enseñanza los hacen los políticos (y sus adláteres y burócratas más o menos pedagógicos). Es decir, gente no muy recomendable para programar y solucionar tan difíciles cuestiones públicas con una perspectiva humanista. La filología griega no tiene ningún papel al respecto y ha sido claramente marginada de la enseñanza pública.

La drástica reducción de las enseñanzas del griego y del latín es una nota más, tan significativa como triste, de la deshumanización de la universidad en nuestro país y nuestro tiempo. No solo de la Universidad, desde luego; en la Enseñanza Media también: la optatividad de esas “materias” en el bachillerato es mínima dentro de lo marginal). Tal vez, sin embargo, de esto no son solo culpables los políticos de turno –que intentan seguir las consignas de moda–, sino la propia sociedad de masas, con su tendencia a homogeneizar demasiado y cuyos héroes son los cocineros y los futbolistas.

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16 abril 2014 at 8:46 am Deja un comentario

Identidad egipcia en época romana

La tomografía computarizada aplicada a una momia del período romano de Egipto demuestra que se intentaron rescatar ritos funerarios que habían caído en el olvido

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Una mujer de entre 30 y 50 años de edad, perteneciente a la clase media-alta y con una dentadura estropeada falleció durante el período romano de Egipto (30 a.C.-395 d.C.), según la datación por radiocarbono. Su corazón, pulmones, hígado, estómago, intestinos y demás órganos fueron extraídos a través de una incisión en el perineo (entre la vagina y el ano) durante su momificación. Su cerebro, en cambio, permaneció intacto.

La momia, cuyo nombre científico es RM2717, fue trasladada desde la antigua Tebas hasta Montreal (Canadá) a mediados del siglo XIX. En abril de 2011, ésta y otras momias del Museo Redpath, de la Universidad McGill, fueron sometidas a un proceso de tomografía computarizada -mediante un equipo especial de rayos X- en el Instituto Neurológico de Montreal. El poder de las actuales tecnologías de imágenes médicas para proveer indicios de cambios en los ritos funerarios del Antiguo Egipto no puede ser subestimado, explican Andrew Wade, Barbara Lawson, Andrew Nelson y Donatella Tampieri en un estudio recientemente publicado en Yearbook of Mummy Studies.

La momia no tenía un corazón y sí un cerebro, pero eso no es lo que ha intrigado a los investigadores. La tomografía computarizada ha permitido identificar dos láminas cuadrángulares de un material parecido al cartonaje (papiro u otro tipo de fibra que se humedecía, dibujaba y policromaba) que se colocaban sobre el lugar en el que se había practicado una incisión para que el cuerpo sanara y gozara en el Más Allá. Estas placas fueron utilizadas en los albores del Antiguo Egipto, desde que surgió la momificación, cuando la evisceración o extracción de los órganos vitales se realizaba mediante una incisión en el abdomen. La evisceración transperineal -la que presenta la momia RM2717-, en cambio, parece tener sus orígenes entre las élites femeninas durante el Tercer Período Intermedio (1069-664 a.C.), pero no durante el período romano de Egipto, cuando habían caído en el olvido las técnicas de momificación y los ritos funerarios del Antiguo Egipto. ¿Qué significa todo esto?

momia_rm2717_2Las dos láminas de cartonaje fueron colocadas respectivamente sobre el esternón -junto al corazón- y el abdomen, en dos zonas en las que no se había practicado ninguna incisión. Este tratamiento híbrido [el uso de una placa de incisión abdominal en un caso de evisceración transperineal] debió tener una función arcaizante, importante para expresar la identidad egipcia en un período de dominio extranjero, además de estar dirigido de forma simbólica a la reparación de los daños causados durante el proceso de embalsamamiento. La ausencia del corazón también podría explicar la presencia de la placa sobre el esternón, actuando del mismo modo que la placa abdominal o un escarabeo situado en el corazón para reemplazar o curar este importante órgano, afirman los investigadores.

Fuente: National Geographic

 

14 abril 2014 at 8:14 pm Deja un comentario

Víctor Amela: “El amor de pareja nace en Roma con el ‘Ars amandi’ de Ovidio”

El periodista y escritor Victor Amela sostiene que el concepto de amor de pareja nace en Roma con el “Ars Amandi” del joven poeta Ovidio, “un manual que reivindica el placer de la mujer y rinde culto al orgasmo femenino por primera vez en la historia, hace ahora 2.000 años”

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Fotografía cedida por el periodista y escritor Víctor Amela, quien sostiene en su novela “Amor contra Roma” que el concepto de amor de pareja nace en Roma con el “Ars Amandi” del joven poeta Ovidio

“Antes del poeta Ovidio, el amor de pareja no existía y el hombre practicaba sus relaciones sexuales solo como engendrador o como violador”, dice Amela en una entrevista con EFE sobre su novela histórica “Amor contra Roma” (Ediciones B).

Para apoyar su teoria, Amela cita una de las frases escritas en el manual del amor de Ovidio, en el año 2 antes de Cristo, en el que se asegura que “el placer solo es completo cuando, a la vez, mujer y hombres, caen vencidos”.

Este “Ars Amandi” se centra en la Roma de la “Paz Augusta”, en la que los ciudadanos tenían que cumplir unas leyes muy estrictas de conducta por orden del emperador César Augusto: matrimonio obligatorio, sanciones por falta de hijos y criminalización del adulterio.

En contra de estas normas, aparece Publio Ovidio Nasón y su revolución sexual, lo que significa un peligro para el poder del emperador, ya que su propia hija, Julia, se erige en icono de los jóvenes de vida festiva y sensual y en supuesta amante de Ovidio.

El poder de Ovidio y el ánimo represor de Augusto complica la situación hasta tal punto que el emperador se verá obligado a desterrar a su hija Julia a la isla de Pandotaria, a su nieta Julilla a la isla Tremerius, y a exiliar al propio Ovidio, bajo confusas acusaciones.

“Frente a esta situación, aparece un poeta que arrasa con sus palabras y su revolución sexual y que amenaza el poder de Augusto, algo que el emperador no está dispuesto a consentir”, subraya el escritor, para quien en su novela “hay una lucha constante del poder contra la palabra”.

Así, en palabras de Augusto, “las mujeres que antes ponían sus úteros al servicio de Roma, ahora se desquician por el hechizo del “Ars Amandi”: ¡pronto Roma será ingobernable!”

En contraposición, Ovidio responde: “Mira, íbero, qué despropósito: Augusto logra la paz para Roma y la prosperidad y, cuando queremos disfrutarlas…¡nos castiga!. ¿para qué tanta paz? ¿Para matarnos de tedio?”.

Junto a los hechos históricos reales de la Roma de Augusto, Amela introduce un personaje de ficción, Urgídar, un joven íbero que permanece en Roma de los 18 a los 48 años, tras haber presenciado la eclosión de las nuevas relaciones sexuales de la sociedad romana, que derivarán en conjuras filosóficas, mágicas y políticas.

El periodista y escritor Víctor Amela (Barcelona, 1960), con raíces en Forcall por parte de su abuelo paterno, al pie de un yacimiento íbero-romano, confiesa que su pasión por la historia de Roma procede tanto de sus ancestros como de la serie televisiva “Yo Claudio”, basada en novelas de Robert Graves.

Fuente: EFE | Yahoo Noticias

13 abril 2014 at 9:14 pm Deja un comentario

Pompeya, la primera capital del sexo

El arte de tema erótico estaba en toda la ciudad del Vesubio, en las puertas, en la calzada, en los delicados frescos de las habitaciones, en la vajilla… y por supuesto en el célebre Lupanar

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Fresco de dos amantes en la Casa del Centenario

El comercio sexual no se limitaba en Pompeya al célebre lupanar. La prostitución era moneda común en tiendas y tabernas, pero el sexo era una realidad omnipresente en la ciudad del Vesubio, una realidad que los romanos vivían sin complejos [aquí puedes ver una galería de imágenes del arte erótico de la ciudad romana]. Al excavar bajo las cenizas no solo podemos recomponer las imponentes bibliotecas de sus villas, sino que también rescatamos su manera de entender la vida y el tumultuoso universo de las relaciones íntimas.

Y para muestra un botón: hay una ínsula en Pompeya que investigan arqueólogos e historiadores españoles, dirigidos por José María Luzón. No es una cervantina Barataria, sino una manzana de casas, en un barrio de gente acomodada: La ínsula VII-6. En el dintel de una de las grandes casas, la 28, según nos cuenta la estudiosa de los grafitos pompeyanos, Macarena Calderón, figura el nombre de su dueño, un tal Secundus. Pues en el interior, en una de las paredes, hay un grafiti que dice: «Secundus felator rarus». La traducción más correcta sería: «Secundus es un chupador poco frecuente». ¿Elogio? ¿Venganza?

La ínsula VII-6 es el lugar en el que José María Luzón ha dirigido proyectos tan vanguardistas como el de la Casa de la Diana Arcaizante, todo un alarde arqueológico y tecnológico que ha servido para reconstruir la vida en esta importante casa pompeyana. A pocos metros de allí alguien escribió en un muro «Restituta casta», es decir un elogio a la castidad de una matrona llamada Restituta que vivía en las inmediaciones. ¿Por qué? Para diferenciarla, seguramente, de otra Restituta muy popular en el barrio, la meretriz de guardia.

También allí mismo hay un grafiti que podría compararse con el inocente «tonto el que lo lea» que todos conocemos. Solo que en Pompeya incluso el «tonto el que lo lea» más común era una pintada de cargado carácter sexual. Se dice así: «Et quiscripit felat», «el que escribió la chupa».

La ciudad, verdadera cápsula de tiempo, se abre en cada muro a las historias que los arqueólogos de medio mundo no han dejado de estudiar desde tiempos de Carlos III. Se cuenta que el mejor alcalde (y arqueólogo) de la época mandó parar una excavación cuando descubrieron que la maravillosa escultura de un fauno que habían encontrado terminaba más abajo en una impúdica coyunda con una cabra vieja.

Una visita al Lupanar

Sea como fuere, tal y como demuestra el libro de Mary Beard «Pompeya. Historia y leyenda de una ciudad romana» (Crítica), la mujer era mucho más visible en Roma (compraba, cenaba con hombres, disponía de su fortuna) que en otras civilizaciones. Pero era un mundo de hombres en el que el estatus, el poder y la buena suerte se expresaban a través del miembro viril. Por eso hay falos dibujados, esculpidos y tallados sobre los dinteles, en los hornos de pan, tallados en la calzada, y miembros con campanillas que sonaban al abrirse la puerta o agitarse el viento. Incluso penes con alas. Este último icono, el ave pene es, para Mary Beard, mezcla de chiste y de celebración impúdica.

La mujer era visible y sostenía, como ciudadana, la administración de la casa y la crianza de los hijos. Pero no controlaba su vida ni su sexualidad, máxime si era esclava. La fidelidad a la esposa no era muy apreciada por los romanos, ni siquiera era ejemplar, una virtud digna de admiración. Aunque el acoso sexual a los hijos y mujeres de miembros de la clase alta sí estaba mal vista, la tensión sexual a menudo se liberaba gracias a la disponibilidad de esclavas y esclavos que los miembros eminentes de la sociedad mantenían accesible. Los pobres, eso sí, que no podían permitirse la sumisión de sus esclavos, recurrían a la prostitución.

La fidelidad poco valorada

A cambio de esa falta de valoración de la fidelidad, había pocos ciudadanos romanos de la época que no sintieran cierta angustia ante la cuestión de la comprobada paternidad de sus propios hijos. Lo que resultaba aberrante, incluso podía destruir una carrera política, era la mera extensión del rumor sobre la participación de un varón en el papel pasivo de una relación homosexual. No era poco frecuente la relación entre varones, pero solo resultaba reprobable quien «cambiaba de rol» en aquella sociedad que comenzó a llamar virtud a una cualidad pública cuya etimología procede de vir (raíz de viril).

Hay muchos detalles interesantes sobre la imagen de los sexos. Para empezar, los hombres que se prostituían eran considerados mujeres en la lógica romana. Las prostitutas debían llevar toga viril para diferenciarse de las mujeres respetables. Sin embargo muchas eran forzadas por rufianes a desempeñar el llamado oficio más antiguo del mundo. Incluso el teatro ha dejado constancia, como recuerda Mary Beard, de los peligros del amor con meretrices. Ningún padre podía soportar la idea del matrimonio de su hijo con una ramera, pero las comedias están llenas de casos en los que, al final, ese amor triunfaba porque se llegaba a descubrir la honrada, si no noble, cuna de la pobre muchacha explotada y salvada por el afecto de un ciudadano sensible.

Frontera desdibujada

Detrás de estos alardes sentimentales se esconde un matiz revelador: no era tan claro el meridiano que separaba la respetabilidad y la prostitución. Pero también es cierto que se vislumbra la existencia de afecto incluso en las relaciones de explotación. En el cadáver de una mujer hallado entre las ruinas se encontró una pulsera de oro muy costosa, con la inscripción «Del amo para su esclava»

Volviendo a las pintadas, no se limitan a los muros del Lupanar. Tabernas, tiendas y soluciones habitacionales con acceso directo a la calle eran escenarios habituales del comercio sexual que ha dejado registro arqueológico. Muchas habitaciones, incluso en casas respetables, albergaban pinturas de motivo erótico, como la Casa de los Vetios. Pero, a veces, en la fachada hay un grafito que ofrecía los servicios de Eutíquide por dos ases (precio más que popular).

Las pintadas del Lupanar

En el célebre Lupanar, las pintadas con más explícitas y se concentran en los primeros cubículos, que serían empleados como salitas de espera para los clientes. «Aquí f… yo». Pero había de todo. Un cliente puso en el Lupanar una cita de Virgilio. Muchos están firmados con el nombre, lo cual indica que no había problema social por reconocer esa actividad. Otro puso incluso su profesión, «vendedor de ungüentos». Y hablan de dinero, mucho más que los dos ases de Eutíquide: un hombre consigna que ha «echado un buen polvo por un denario», que equivale a 16 ases. Los dos ases parecen más un insulto que otra cosa. Pero el Lupanar era un lugar bastante siniestro.

Nos hemos dejado engañar, en opinión de Mary Beard, por los intentos de los romanos de hacernos creer que todo estaba muy establecido y diferenciado. La verdad es que las prostitutas eran de muy diversa condición: camareras, taberneras, floristas, porqueras y tejedoras, y en ocaciones el coito con los clientes podía considerarse parte del trato o del negocio que regentaban o en el que estaban empleadas. El sexo a cambio de dinero estaba tan repartido como la comida, la bebida o la vivienda, concluye la estudiosa en el fascinante libro publicado por Crítica. Y este es solo uno de sus capítulos. En él se puede entrar de lleno en todos los aspectos de la vida pompeyana.

Fuente: Jesús García Calero | ABC     11/04/2014

11 abril 2014 at 5:26 pm Deja un comentario

“Cicerón fue el máximo divulgador del pensamiento griego en la cultura romana”

Alberto Medina, coordinador de la actividad, fue el miércoles el ponente en el ciclo de conferencias de la II Semana de la Cultura Griega de Ávila

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Alberto Medina González, catedrático de Griego y coordinador de la II Semana de la Cultura Griega que estos días se desarrolla en Ávila, participó el miércoles activamente en esa programación cultural ejerciendo como ponente en el ciclo de charlas que está sirviendo para conocer cómo la cultura helena cautivó tanto al imperio romano que acabó haciéndola suya.

En su ponencia, titulada ‘Cicerón y la filosofía griega’, Alberto Medina descubrió a sus oyentes que el protagonista de su charla no fue sólo «un magnífico orador», tal y como siempre le ha reconocido la Historia, sino que fue también «estuvo muy interesado por el conocimiento de la filosofía griega, él dominaba el idioma griego a la perfección porque había estudiado en Atenas y en Rodas, y conocía muy bien el pensamiento griego», y aparte de ser «un magnífico conocedor de esa forma de pensar fue su máximo divulgador en la cultura romana», dando actualidad a una forma de pensar que venía de varios siglos atrás.

De Marco Tulio Cicerón destacó Alberto Medina que «también fue muy importante ya que, teniendo en cuenta que casi toda la filosofía griega se nos ha conservado muy mal, por fuentes indirectas, gracias a él hemos podido conocer más profundamente algunos aspectos del epicureísmo y del estoicismo», riqueza del saber clásico que nos ha llegado «a través de los tratados completos que dedicó a esas cuestiones, y por eso Cicerón es un complemento estupendo para las fuentes del pensamiento griego».

Por todos esos motivos y por alguno más, resumió el conferenciante, «la cultura occidental, desde Roma y a partir de entonces, le debe mucho a Cicerón», un hombre de política y especialmente de pensamiento que «fue probablemente el mejor prosista de la literatura romana, una maravilla de escritor, tanto en la forma como en el contenido».

Dos citas más. Las dos últimas conferencias del ciclo, hoy y mañana, serán, respectivamente, las siguientes: ‘Poesía y pensamiento griego en Horacio’, por Hipólito Cid Blanco, y ‘Herencia griega y originalidad en la escultura romana’, por María del Carmen Gómez Muñoz.

Fuente: David Casillas | Diario de Ávila    10/04/2014

10 abril 2014 at 1:13 pm Deja un comentario

El festival romano de Badalona cumple diez años con la mitad de presupuesto

Las actividades de la Magna Celebratio tendrán lugar del 24 al 27 de abril

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Magna Celebratio 2012, Badalona Museu de Badalona / Antonio Guillén

La Magna Celebratio, el festival que recrea el pasado romano de Badalona cumple diez años este 2014. Con una reducción de más del 50% de presupuesto desde sus inicios, la Magna Celebratio ha crecido en actividades y en afluencia de asistentes con el paso del tiempo convirtiéndose en uno de los festivales romanos de referencia en Catalunya.

El director del Museu de Badalona, Joan Mayné, ha hecho balance este miércoles de estos diez años. Mayné asegura que la Magna “ha crecido” y se ha convertido en la “concentración de oficios de época romana más grande de Europa”.

Cuando se inició el festival, desfilaban soldados romanos por las calles de la ciudad. Participaban hasta 600 personas que venían de diferentes lugares. Por aquél entonces, la Magna Celebratio tenía un presupuesto de 40.000 euros. Pero el gasto y la poca fidelidad de la recreación llevaron a los responsables a abandonar esa idea.

Con el paso del tiempo, el festival romano de Badalona ha crecido en actividades y talleres y ofrece recreaciones históricas realizadas por grupos locales. Esta reducción del gasto y empezar a cobrar por algunas de las actividades ha permitido al Museu de Badalona equilibrar las cuentas con un presupuesto actual de 18.000 euros.

Este año la Magna Celebratio apuesta por las nuevas tecnologías. Por ese motivo tiene presencia en las redes sociales y se ha creado una web para acceder a la programación del festival que se celebrará del 24 al 27 de abril en el museo, la Plaça Font i Cussó y la Plaça Assemblea de Catalunya.

Este año también se conmemoran los dos mil años de la muerte del emperador Augusto y podrá verse una recreación de una boda entre el emperador y Lívia.

Además se harán conferencias, jornadas de cocina romana, talleres, la visita de otros museos, espectáculos y la exhibición de los oficios tradicionales de época romana.

Fuente: Montse López | LA VANGUARDIA   09/04/2014

9 abril 2014 at 7:05 pm Deja un comentario

El principio del fin de Cartago fue en Santo Tomé (Jaén)

Científicos españoles identifican el lugar exacto de la batalla de Baecula, librada hace más de 2.000 años entre romanos y cartagineses en la provincia andaluza

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Recreación artística de la batalla de Baecula

Tras largos años de trabajo, un equipo de investigadores españoles de la Universidad de Jaén ha conseguido toda una hazaña arqueológica: identificar el lugar exacto de la batalla de Baecula, librada hace más de 2.000 años entre romanos y cartagineses en la provincia de Jaén. Gracias a un Sistema de Información Geográfica (SIG), los arqueólogos han logrado reconstruir paso a paso la batalla, los avances de las tropas, las escaramuzas cuerpo a cuerpo y la situación de los campamentos de ambos bandos.

“Entonces Escipión da orden a los vencedores de lanzarse sobre el centro de la formación, reparte con Lelio las tropas restantes y le manda rodear la colina por el lado derecho hasta encontrar un camino de subida menos pendiente; él describiendo un pequeño arco por la izquierda, se lanza sobre el flanco enemigo”.

De esta forma tan gráfica, el historiador romano Tito Livio describe la estrategia de combate de Publio Cornelio Escipión, el Africano, durante la cruenta batalla de Baecula, librada contra un ejército cartaginés de más de 20.000 hombres comandado por Asdrúbal Barca, hermano del mismísimo Anibal. Estamos en el año 208 Antes de Cristo y esa batalla supone, precisamente, el primer gran enfrentamiento de Escipión contra los cartagineses después de tomar el mando del ejército de Roma en la Península Ibérica. La batalla forma parte de la Segunda Guerra Púnica y resultó clave para el dominio del Mediterráneo hace ya más de 2.200 años.

Gracias a una estrategia envolvente, y a pesar de que el enemigo se había instalado en lo alto de una meseta protegida por dos escarpados riscos en sus flancos y un río en la retaguardia, Escipión logró vencer a Asdrúbal, que tras su derrota no tuvo más remedio que huir al norte, hacia los Pirineos, para desde allí penetrar en las Galias y preparar después un ataque contra Roma. Fue el principio del fin del dominio cartaginés sobre la Península Ibérica.

El lugar de la batalla

Pero, ¿dónde se celebró exactamente esta importante batalla? ¿Y dónde están sus restos? Basándose en las prolijas descripciones de Tito Livio y Polibio, se pensaba hasta ahora que el escenario se encontraba muy cerca de Bailén, pero un equipo del Instituto Andaluz de Arqueología Ibérica (CAAI), de la Universidad de Jaén, dirigido por Arturo Ruiz y Juan Pedro Bellón ha conseguido, tras largos años de investigación y la ayuda de las más modernas tecnologías, determinar que el escenario exacto de la batalla fue el Cerro de las Albahacas, en el término municipal de Santo Tomé (Jaen). La revista Archaeology acaba de publicar un extenso artículo sobre la investigación.

Ha sido un esfuerzo titánico. En palabras de Arturo Ruiz, “una labor de detectives que nos ha llevado largos años de búsqueda y para la cual no teníamos más que los textos históricos”. Amplias zonas del valle del Guadalquivir tuvieron que ser rastreadas en busca de coincidencias con las descripciones de Tito Livio y Polibio. “Utilizamos incluso Google Maps para buscar las zonas que mejor encajaban con lo que andábamos buscando”. Hubo que descartar por lo menos una docena de localizaciones hasta encontrar un lugar (el cerro de las Albahacas) que coincidía punto por punto con las descripciones históricas y que parecía ser el candidato perfecto para ser el tan buscado campo de batalla. Pero había que demostrarlo.

Para completar el estudio, los arqueólogos del CAAI barrieron el cerro (una superficie de 40 hectáreas) durante cinco años más (entre 2006 y 2010) con detectores de metales y referenciaron la posición de cada objeto individual con GPS. Al final de la quinta campaña de prospección, el equipo de la Universidad de Jaén había recopilado 6.123 restos metálicos. Entre ellos, puntas de flecha y de lanza, diversos utensilios y, lo que sería más importante para la investigación posterior, un gran número de las tachuelas metálicas con las que los soldados romanos reforzaban sus sandalias.

Los romanos, en efecto, llevaban remaches de hierro incrustados en las suelas de cuero, para mejorar el agarre y limitar el deterioro del calzado durante las largas marchas. Pero esas pequeñas piezas, llamadas clavi caligarii, se desprendían con facilidad y quedaban sembradas por los campos que el ejército cruzaba. Al no tener un gran valor material, los remaches han permanecido in situ durante largos siglos y han podido ser localizados ahora por los detectores de metales de los arqueólogos. Son precisamente esas pequeñas piezas las que indican la localización de los campamentos, las rutas seguidas por los soldados y, lo que es más importante, los lugares donde tuvieron lugar las batallas.

El equipo tenía ahora una enorme cantidad de material recopilado, y cada una de las piezas encontradas localizada con precisión en un mapa. “Fue entonces -explica a ABC Arturo Ruiz- cuando tuvimos la idea de recoger toda esa información en un Sistema de Información Geográfica (SIG), lo que nos proporcionó una visión de conjunto que antes no teníamos, y la posibilidad de hacerles preguntas concretas a los datos”.

El software elegido fue Geomedia Professional, de Intergraph, compañía que inmediatamente se interesó por el proyecto y prestó todo el apoyo técnico y logístico necesario para su realización. Se creó una completa base de datos con cada una de las piezas debidamente georeferenciada y comenzó la que puede considerarse la fase decisiva de la investigación.

Resultó que la zona con mayor concentración de restos estaba, precisamente, en la parte más alta de la colina, y rodeada, como dicen los antiguos textos, por un ribazo muy abrupto. Era el campamento de Asdrúbal. Segmentando la información en el SIG, los investigadores comprobaron que era precisamente aquí donde se concentraba la mayor parte de los clavos y otros utensilios usados para el montaje de las tiendas.

De la misma forma, los arqueólogos pudieron determinar, a partir del número y la distribución de las tachuelas sobre el terreno, cuáles fueron los movimientos de las tropas romanas durante el ataque, dónde se concentró el grueso del ejército de Escipión e, incluso, dónde tuvieron lugar los combates cuerpo a cuerpo. De pronto, como si se superpusiera una transparencia sobre un mapa, todo coincidía a la perfección y los ecos de la batalla de Baecula, más de 2.200 años después, volvía a resonar en el cerro de las Albahacas.

El equipo de Arturo Ruiz ha podido así reconstruir paso a paso los acontecimientos. Las tachuelas de las sandalias, los dardos, las fíbulas y las bullas revelaron la situación del campamento romano. La cerámica, las monedas y los restos de empalizada del campamento cartaginés, así como el lugar exacto, en lo alto de la colina, al que Asdrúbal trasladó a sus tropas para defenderse de la amenaza. Las tachuelas de las sandalias romanas y su distribución han permitido reconstruir con detalle el avance de las tropas y ponen de relieve la estrategia de “tenaza” utilizada por Escipión el Africano para rodear a su enemigo.

El “proyecto Baecula”, sin embargo, no está cerrado. “Seguimos trabajando -explica Ruiz-, buscando más restos, más datos de campo y profundizando en los pormenores de la batalla. Quedan aún algunos interrogantes por resolver, y mucho trabajo por delante”.

Así fue la batalla de Baecula

Los textos históricos recopilados por el equipo de Arturo Ruiz ofrecen un relato apasionante de la batalla de Baecula, una de las más importantes de la Segunda Guerra Púnica. Reproducimos aquí, por su interés, las descripciones de Tito Livio y Polibio sobre el enfrentamiento, facilitadas a ABC por el propio investigador:

La secuencia de la batalla está bien recogida por Polibio (X 38, 7 a 40) cuando señala: “El general cartaginés recorría entonces los parajes de Castulo, alrededor de la ciudad de Becula, no lejos de sus minas de plata. Informado de la proximidad de los romanos, cambió de lugar su campamento [...]” (Polibio X 38, 7 y 8).

Tito Livio confirma esta información y añade algún dato más “El ejército cartaginés más próximo, el de Asdrúbal, estaba cerca de la ciudad de Baecula. Delante del campamento tenían avanzadillas de caballería; los escaramuceadotes, las tropas de vanguardia y las que iban a la cabeza de la columna, (Se refiere al ejercito romano) sobre la marcha y antes de buscar emplazamiento para el campamento, lanzaron un ataque contra éstas tomándolas tan poco en serio que no había duda sobre cuál era la moral de uno y de otro bando, los jinetes fueron rechazados en una huida atropellada hasta el campamento, y las enseñas romanas llegaron casi hasta las mismas puertas. Aquel día, simplemente se avivó el espíritu de combate y los romanos acamparon” (Tito Livio XXVII 18, 1 a 4).

Cambio de campamento

Seguramente presionado por estas acciones cambio Asdrúbal de campamento a un lugar que según Polibio tenía “[...] un río que fluía a sus espaldas y delante de la empalizada había un llano defendido por un escollo lo suficientemente hondo para ofrecer protección; el llano era tan ancho que cabía en él el ejército cartaginés formado. Asdrúbal permaneció en este sitio; apostó día y noche centinelas en el escollo” (Polibio X 38, 8). Tito Livio lo describe así: “Por la noche, Asdrúbal replegó sus tropas a una altura que tenía una explanada en la parte más alta. Por detrás había un río y por delante y por los lados ceñía todo su contorno una especie de ribazo abrupto. En la parte baja había también otra planicie ligeramente inclinada, rodeada a su vez por un saliente igualmente difícil de escalar. Cuando al día siguiente vio Asdrúbal que el ejército romano estaba formado delante del campamento, hizo bajar a esta planicie inferior a estos jinetes númidas y a los baleares y africanos de armamento ligero” (Tito Livio XXVII 18, 5 a 7).

La batalla

La escenificación de la batalla queda perfectamente recogida en los dos autores. Tito Livio señala: “Escipión recorría sus filas y enseñas y les hacía ver cómo el enemigo, renunciando de antemano a la posibilidad de luchar en campo abierto, buscaba las alturas y estaba allí a la vista confiado en la posición y no en el valor y las armas; pero murallas más altas tenía Cartagena, y los soldados romanos las habían escalado; ni las alturas, ni la ciudadela, ni siquiera el mar habían resistido a sus armas. Las alturas que habían buscado les iban a servir al enemigo para escapar saltando por precipicios y despeñaderos, y él les iba a cortar también la huida por allí” (Tito Livio XXVII 18, 8 y 9).

Polibio opina que Escipión estuvo indeciso por la posición estratégica y segura del enemigo. “Esperó dos días, pero temía la llegada de los hombres de Magón y del otro Asdrúbal, el hijo de Giscón, con lo que se vería rodeado de enemigos. Decidió, pues, probar su suerte y tantear al adversario” (Polibio X 38, 10). Los pasos previos a la batalla se dirigieron a cercar al enemigo e impedirles apoyos, dice Tito Livio que “ordenó a una cohorte ocupar la entrada del valle por donde descendía el río, y a otra apostarse en el camino que llevaba de la ciudad a los campos serpenteando por la colina. Él, al frente de las tropas ligeras que el día anterior (según Tito Livio Escipión no espero dos dias) habían rechazado los puestos avanzados del enemigo, marchó contra los soldados de armamento ligero situados en la plataforma de más abajo (Tito Livio XXVII 18, 10 y 11).

Según Polibio, las tropas de Escipión eran “los vélites y una tropa escogida de infantería; y el general romano dispuso también el resto de sus fuerzas, pero de momento lo retuvo dentro de la acampada” (Polibio X 39, 1 y 2). Dice Tito Livio que “al principio avanzaron por terreno escarpado sin otro impedimento que las dificultades del camino; después, cuando estuvieron a tiro, cayó de pronto sobre ellos una enorme cantidad de armas arrojadizas de todas clases; ellos por su parte lanzaban piedras que el terreno ofrecía por todas partes, casi todas manejables, y no sólo los soldados sino también la masa de siervos mezclados con ellos. Pero a pesar de que el ascenso era dificultoso y casi los cubrían los dardos y las piedras, gracias a su práctica en escalar muros y a su tenacidad subieron los primeros. En cuanto éstos ocuparon un poco de espacio donde mantenerse a pie firme, desalojaron de la posición al enemigo, armado a la ligera y habituado a escaramuzas, combatiente seguro a distancia cuando se elude la batalla desde lejos a base de proyectiles, pero también carente de firmeza en la lucha cuerpo a cuerpo; causándole muchas bajas, lo empujaron hasta la formación que se mantenía en una parte más elevada de la colina” (Tito Livio XXVII 18, 11 a 14).

El ataque final

Polibio detalla que fue entonces cuando “[...] Escipión hizo entrar en combate a su infantería ligera, que debía apoyar a los que iniciaron la acción. El resto de sus fuerzas, lo tenía ya dispuesto, la mitad directamente a sus órdenes; con estos hombres dio un rodeo por el escollo y arremetió contra los cartagineses. El mando de la segunda mitad, lo confió a Lelio, con la orden de marchar contra el flanco derecho del enemigo. Estas operaciones se encontraban ya en pleno desarrollo, cuando Asdrúbal hacía salir todavía a sus hombres del campamento. Confiado en su posición, no se había movido de él, convencido de que el enemigo no se atrevería a atacar. Pero éste atacó, contra todas las previsiones del cartaginés, quien desplegó sus fuerzas demasiado tarde. Los romanos acometieron por las alas, en lugares donde el enemigo no había establecido posiciones, de modo que no sólo treparon sin riesgo por el escollo, sino que se establecieron en formación, se lanzaron contra los que les agredían sesgadamente y los mataron” (Polibio X 39, 3 a 6).

Tito Livio detalla que las fuerzas que avanzaban por el centro “[...] nunca lo habrían conseguido, dado lo accidentado del terreno, si se hubieran mantenido cerradas las filas con los elefantes colocados delante de las enseñas” (Tito Livio XXVII 18, 18 y 19); y termina relatando que “ya ni siquiera había espacio libre para la huida, pues las avanzadas romanas habían ocupado las salidas a la derecha e izquierda y, por otra parte, la puerta del campamento había sido cerrada al huir el general y los oficiales, sumándose a esto el pánico de los elefantes, tan temidos como el enemigo cuando se espantaban. En consecuencia, fueron muertos cerca de ocho mil hombres” (Tito Livio XXVII 18, 20).

La retirada de Asdrúbal

Polibio por su parte añade “según sus propósitos iniciales, Asdrúbal no luchó hasta el final; cuando vio a sus fuerzas huir derrotadas tomó su dinero y sus fieras, reunió el máximo número de fugitivos que le fue posible y se retiró siguiendo el río Tajo aguas arriba, en dirección a los puertos pirenaicos y a los galos que viven allí. Escipión no creyó oportuno acosar de cerca de los hombres de Asdrúbal, ya que él mismo temía el ataque de los otros dos generales, por lo que envió a sus soldados a saquear el campamento enemigo. Al día siguiente reunió a todos los prisioneros, unos diez mil soldados de infantería y más de dos mil jinetes, y dispuso personalmente de ellos. Los iberos que, en las regiones citadas, anteriormente habían sido aliados de los cartagineses, fueron y se entregaron a la lealtad de los romanos; a medida que se iban encontrando con Escipión, lo llamaban rey “(Polibio X 39, 7 a 9, 40, 1 y 2).

Fuente: José Manuel Nieves | ABC CIENCIA     08/04/2014

8 abril 2014 at 2:06 pm Deja un comentario

Un estudio cartográfico muestra los orígenes romanos del ordenamiento viario de la Comunidad de Madrid

El Instituto Geográfico Nacional (IGN) presentará este martes el estudio ‘El Itinerario de Antonino decodificado’ que muestra y explica los orígenes romanos del ordenamiento viario de la Comunidad de Madrid, según ha informado la ‘Revista Internacional Mapping’ en un comunicado

Hispania_roads

Principales calzadas romanas de Hispania, recogidas en el Itinerario de Antonino

Según el autor, el ingeniero técnico forestal José Luis Vicente González, la ordenación del territorio de la actual Comunidad de Madrid y, por extensión, de toda la península Ibérica, data de la época romana. La red de caminos establecida por los romanos pervivió sobre el terreno sin cambios significativos hasta principios del siglo XX.

En el curso de dicha investigación, el autor decodificó, con ayuda de un sistema de información geográfica elaborado al efecto, la información contenida en el llamado ‘Itinerario de Antonino’, documento romano confeccionado hace diecisiete siglos y cuyo contenido ha llegado a la actualidad a través de una veintena de manuscritos medievales copiados entre los siglos VII y XV en varios monasterios del occidente europeo.

En su investigación, José Luis Vicente ha constatado que el Puente de Segovia, la calle Mayor y su continuación, una vez pasada la Puerta del Sol, a través de la calle de Alcalá, forman parte del trayecto de la vía romana descrita en los recorridos número 24 y 26 del ‘Itinerario de Antonino’.

Ambos itinerarios comparten un tramo comprendido entre Villalazán, Zamora y Zaragoza, aunque el primero parte de Mérida, Badajoz y el segundo lo hace desde la ciudad de Astorga, León.

Vicente González cree que la información recogida en el Itinerario de Antonino no ha sido satisfactoriamente interpretada. Además, su estudio arroja otras conclusiones inéditas.

Su estudio ha tenido como fuente la cartografía elaborada por los topógrafos y geógrafos del IGN para confeccionar la primera edición del Mapa Topográfico Nacional a escala 1/50.000 que le ha permitido recrear la red viaria romana con precisión.

Fuente: EUROPA PRESS

Procedencia de la imagen: Redtony en Wikimedia Commons

7 abril 2014 at 7:21 pm 3 comentarios

El refinado ajuar de una niña romana

Uno de los más singulares conjuntos funerarios del Museo de Cádiz se localizó en la tumba de una chica de la alta sociedad, en la calle Escalzo. Destacan las piezas talladas en cristal de roca

Tumba-25

Uno de los más valiosos y singulares ajuares jamás localizados de la época del Gades romano apareció en el interior de una gran tumba de sillares recubierta de opus caementicium, en un solar de la calle Escalzo, en el año 1997.

Se trata de un auténtico tesoro datado en el siglo I d.C. que fue depositado como ofrenda en la tumba de una niña o adolescente de la alta sociedad romana, y que fue excavado por el desaparecido arqueólogo Francisco Sibón ‘El rubio’ y por Francisco Blanco. Todos los objetos de este ajuar, que hoy luce en la sección de arqueología romana del Museo Provincial de Cádiz, fueron localizados en una una cista de incineración, con una urna de plomo.

En su interior afloró un conjunto de piezas de gran valor compuesto por pequeñas piezas talladas en cristal de roca -de incalculable valor en la época-, un brazalete de oro, una plaquita de pan de oro, unas pinzas de plata, un ánfora de alabastro de origen fenicio pero reutilizada en época romana, una hydria de ágata, y un ánfora de coralina y figuras de ámbar. Entre las piezas de cristal de roca, que destacan por su rareza, figuran anforillas, balsamario, tocador, y espectaculares representaciones zoomórficas como caracolas, almejas o insectos, entre otras. Un ajuar único en su especie, del que sólo existen algunos paralelos en el Mediterráneo, coindiciendo asimismo por fechas con otros hallados en Francia e Italia.

Para el director de la pinacoteca provincial “la contemplación de este excepcional conjunto despierta nuestra admiración por la habilidad técnica y destreza de los artesanos que tallaron y pulieron las piezas. Sin duda su elaboración requería un grado de especialización importante”. Y es que las piezas exhiben una exquisita factura, hasta el punto de que los expertos no terminan de concretar el procedimiento exacto que utilizaron. En su día la Delegación de Cultura envió a analizar cuatro de estos objetos de cristal a la UCA, a fin de averiguar tal metodología. Se barajó la fundición del cristal de cuarzo, pero ante la inexistencia de la tecnología necesaria en aquella época se apostó por un laborioso método en la talla, lo que parece implicar el uso de herramientas con punta de diamante.

Juan Alonso comenta asimismo que se trata de objetos de “un valor económico muy elevado, sólo al alcance de familias con grandes posibilidades económicas. Por lo que son piezas que ejemplifican el refinamiento de la sociedad mercantil gaditana en el siglo I d.C. y su apego al lujo”, concluye.

Fuente: Virginia León y Miguel Guillén | Diario de Cádiz      05/04/2014

5 abril 2014 at 9:40 am 1 comentario

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