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Se cumplen 200 años del nacimiento de Ernst Curtius, el descubridor del Hermes de Praxíteles

Ernst_CurtiusEl historiador y arqueólogo Ernst Curtius, a 200 años de su nacimiento, ocurrido el 1 de septiembre de 1914, es recordado como el director de las excavaciones de Olimpia, el santuario religioso más opulento y sagrado de la antigua Grecia y la sede de los Juegos Olímpicos originales.

El también descubridor de la famosa escultura Hermes de Praxíteles y académico universitario además se distinguió por sus diversos textos histórico artístico, testigos de su trabajo.

Hijo del alcalde de Lübeck, Alemania, Ernst Curtius vio la primera luz el 2 de septiembre en 1914, señala su biografía publicada en el portal de Internet “dictionaryofarthistorians.org”.

Cursó estudios con Friedrich Welcker (1784 -1868), en Bonn; Karl Otfried Müller (1797-1840), en Göttingen, y con Böckh (1785-1867), en Berlín.

Entre 1837 a 1840 vivió en Grecia como el tutor de los hijos del clasicista Christian August Brandis (1790-1867), fue en ese periodo en que se familiarizó con los monumentos de la región, pues acompañó a Müller a Delfos, donde murió, por lo que Curtius se hizo responsable del funeral.

De regresó a Berlín, en 1842, el joven alemán se desempeñó como tutor del príncipe heredero Friedrich (más tarde Kaiser) III (1831-1888), a quien contagió su amor por la arqueología.

En esos años, además, Curtius fue nombrado profesor en la Universidad de Berlín, donde publicó “La historia de Grecia”, señala su perfil biográfico difundido por la Enciclopedia Británica en su portal de Internet, “britannica.com”.

En 1874 se concluyó un acuerdo con el gobierno griego para conceder al Instituto Arqueológico Alemán el derecho exclusivo para excavar el sitio de Olimpia, lo que abrió la era de la excavación a gran escala en Grecia.

Bajo su dirección, casi todo Olimpia fue descubierto, lo cual fue posible gracias a que entre 1875 y 1881 se desarrollaron técnicas de modelo de excavación y estudio estratigráfico.

Entre los descubrimientos que lideró Curtius destacan el templo de Hera, el gran altar de Zeus, y la ubicación del estadio olímpico, así como monedas e inscripciones, que tenían un valor histórico considerable.

En los siguientes años, el arqueólogo alemán se dedicó a documentar sus excavaciones, ejemplo de ello es “Resultados Olympia, excavación”.

Poco antes de la muerte del destacado arqueólogo alemán Ernst Curtius, ocurrida el 11 de julio de 1896, a los 81 años de edad, en Berlín, se publicaron sus escritos histórico-artísticos bajo el título “Gesammelte Abhandlungen”.

Fuente: YAHOO Noticias

Procedencia de la imagen: portrait.kaar.at, vía Wikimedia Commons

1 septiembre 2014 at 11:00 pm Deja un comentario

Ara Pacis, el altar de Augusto que Mussolini usó como propaganda fascista

Corría el año 13 a.C. cuando Augusto regresaba triunfante a Roma tras sus exitosas campañas en Hispania y la Galia. Aquel hito, que marcaba el inicio de nuevas políticas para el Imperio y un ansiado periodo de paz –la llamada Pax Augusta–, impuesto por el primer emperador romano tras  acabar con las insurrecciones locales en las provincias y con las guerras civiles, bien merecía un monumento a la altura de aquel gran logro.

Fue así como el Senado Romano decidió la construcción del Ara Pacis Augustae (el altar de la Paz Augusta), un pequeño recinto de planta rectangular (de unos once por diez metros de lado y poco más de cuatro y medio de altura), que se ubicó en las proximidades de la Via Flaminia, en el Campo de Marte.

Ara_PacisEl edificio, construido íntegramente en mármol de Carrara, consistía en un altar de sacrificios rodeado por muros ricamente decorados con relieves escultóricos, en cuyos extremos se abrían sendas puertas de acceso para los sacerdotes y los animales destinados al sacrificio.

Las obras se iniciaron el 4 de julio del año 13 a.C., y concluyeron cuatro años más tarde, cuando se llevó a cabo la dedicatio del altar el 30 de enero del año 9 a.C. Lo más destacado de la construcción es sin duda su hermosa decoración escultórica, dividida en dos secciones diferentes: la superior cubierta con relieves escultóricos figurados, y la inferior  decorada con elementos ornamentales de tipo vegetal.

Ara_Pacis_relieve

Los relieves figurados incluyen escenas relativas a los orígenes míticos de Roma, con Eneas realizando sacrificios a los Penates y la Lupercal –la gruta donde según el mito la loba amamantó a los gemelos Rómulo y Remo–, una personificación de Roma como amazona, o escenas de procesiones, entre otras.

Durante décadas, el Ara Pacis fue uno de los monumentos más destacados de la Ciudad Eterna, pero con el paso del tiempo acabaría cayendo en el olvido. Esto fue debido a los continuos cambios urbanísticos que se realizaron en el Campo de Marte, pero sobre todo por las repetidas crecidas del Tíber, que en cada “acometida” iban acumulando lodo y terminaron por sepultar al monumento.

Con el paso de los siglos, el Ara Pacis quedó olvidado en la memoria de los romanos, y no fue hasta el Renacimiento cuando sus restos comenzaron a salir de nuevo a la luz. En 1536, y con motivo de las obras de remodelación de un palacio ubicado en la Via Lucina, los obreros descubrieron algunos paneles con relieves, un hallazgo que fue inmortalizado por el artista Agostino Veneziano.

Pese a este descubrimiento, en aquellas fechas nadie relacionó los restos con el célebre Ara Pacis. Unos años más tarde, en 1566, el cardenal Giovanni Ricci de Montepulciano compró una serie de nueve paneles decorados, que al igual que el anterior habían sido recuperados en el solar de la Via Lucina. Con los años, estas piezas acabarían repartidas en distintos museos y colecciones de toda Europa, incluyendo el Vaticano, el Louvre o la Galería de los Uffizi.

No hubo nuevos hallazgos relacionados con el Ara Pacis hasta mediados del siglo XIX, cuando en 1859 –y de nuevo con motivo de unas obras de remodelación del llamado palacio Peretti– se descubrieron los cimientos del monumento Augusto. Pese a todo, aún tendrían que transcurrir algunos años, hasta 1903, para que los investigadores identificaran aquellos restos con los del Ara Pacis.

En ese mismo año se llevó a cabo la primera excavación exhaustiva del solar, aunque los trabajos definitivos no llegaron hasta unas décadas más tarde. En 1937, con el aniversario del nacimiento de Augusto dos mil años atrás, los más altos cargos de la dictadura fascista de Benito Mussolini pusieron en marcha una intensa labor para rehabilitar el Ara Pacis.

Para ello llegaron a acuerdos con el Vaticano para que entregase los restos que poseía, y obligaron a los responsables de la Galería de los Uffizi a que hicieran lo mismo. Al mismo tiempo, el Consejo de Ministros italiano firmó una orden para que se realizaran nuevas excavaciones en el solar ocupado originalmente por el altar, de modo que al año siguiente, el del aniversario, el Ara Pacis pudiera brillar de nuevo para admiración del mundo.

¿Por qué estaba el gobierno fascista italiano –y el propio Mussolini– tan interesado en la recuperación del monumento? Para el Duce, la recuperación del antiguo esplendor del Imperio Romano se había convertido en uno de los puntos fundamentales de su política interior, pues formaba parte de su intensa operación de propaganda.

La identificación entre el régimen fascista y el poderoso Imperio Romano era un modo de exaltar la dictadura, una forma de reafirmación nacional mediante la cual el propio Mussolini se identificaba con el poder, la gloria y los logros de los antiguos emperadores.

En aquellos años, el régimen fascista de Mussolini se esforzó por recuperar multitud de yacimientos arqueológicos de época romana, aunque ninguno de esos proyectos fue tan importante como el realizado para recuperar el Ara Pacis.

De hecho, la inauguración del monumento –cuya restauración había estado a cargo del arquitecto Giuseppe Moretti– tuvo lugar el 23 de septiembre de 1938, coincidiendo con la clausura del año de Augusto, y fue el propio Mussolini quien dirigió el acto, con un gran despliegue de fuerzas militares, incluyendo a los célebres camisas negras.

Unos meses antes, en mayo de ese año, y con motivo de la visita de Adolf Hitler a Roma, el Duce había mostrado al Führer y otros jerarcas nazis los trabajos de recuperación del altar de Augusto, que tanto le llenaban de orgullo.

Ara_Pacis_Meier

En la actualidad el Ara Pacis sigue siendo uno de los monumentos de época romana más visitados de la ciudad del Tíber, hoy protegido por un moderno edificio diseñado por el arquitecto Richard Meier. Con motivo de la celebración del aniversario de la muerte de Augusto, ocurrida un 19 de agosto de hace ahora dos mil años, el recinto volvió a llenarse de visitantes que acudieron a admirar un monumento que, dos milenios después de su creación, continúa brillando con luz propia.

Fuente: Javier García Blanco  |  YAHOO Noticias

31 agosto 2014 at 11:16 pm 1 comentario

Itaca, digna del Olimpo de los dioses

  • Itaca, donde Ulises, vivía feliz junto a su mujer, Penélope, y su hijo, Telémaco, y de donde partió para participar en la guerra de Troya
  • ¿Pero es realmente esta isla griega la patria de Ulises?
  • Aunque en ‘La Odisea’, se describen 26 lugares exactos de Itaca, ni arqueólogos ni historiadores los han localizado nunca
  • ‘Que nadie haya podido determinar si es la isla de Ulises hace más grande el mito’, dicen en la oficina de correos de Dimitria
  • Sin museos ni espectaculares ruinas, a Itaca sólo se llega en busca del mito

Ulises-y-las-sirenas

«Ulises y las sirenas», obra de Leon Belly, que representa el pasaje de «La Odisea» en el que Ulises se amarra al mástil para evitar sucumbir a los cantos de las sirenas

Al principio… fue Itaca. Todo empezó aquí, en estos 117 kilómetros cuadrados que se elevan sobre el azul cobalto del Mediterráneo, en esta que a priori podría parecer sólo una insignificante isla de las alrededor de 1.400 que componen Grecia. Pero este pequeño trozo de tierra es una piedra preciosa, un mito, un símbolo.

Si hay una isla literaria es esta: Itaca. Es aquí donde nació un tal Odiseo, un héroe conocido en latín con el nombre de Ulises. Es aquí donde se encontraba su reino, donde vivía feliz junto a su mujer Penélope y su hijo Telémaco. Es de aquí de donde partió para participar durante diez largos años en la guerra contra Troya y dar finalmente la victoria a los griegos con su ingeniosa idea de crear un gigantesco caballo de madera que ocultara soldados en su interior, como narra La Iliada. Y es aquí a donde regresó, en un accidentado viaje que duró otros diez años y que estuvo repleto de aventuras y desventuras de las que da cuenta La Odisea.

Itaca es por eso la Isla con mayúsculas, el anhelado punto de llegada, la meta final, el escurridizo destino de La Odisea, la obra más antigua de la literatura occidental junto con su hermana mayor La Iliada, un poema épico de más de 10.000 versos divididos en 24 cantos, escrito alrededor del año 800 antes de Cristo y atribuido a Homero. Porque no sólo no está claro que fuera él quien lo escribió, sino que ni siquiera se tiene la certeza de que Homero llegara a existir. Si lo hizo debió de vivir alrededor del año 850 a.C. en algún lugar de Asia menor. Tal vez en Itaca, como apuntan algunos. De lo que no cabe duda es de que La Odisea es un libro fundamental en el canon de occidente, uno de los grandes pilares sobre los que se ha construido eso que llamamos la cultura europea. Y por eso Itaca -una isla perfumada de olivos, de cipreses, de laureles, de mirtos y de vides- es el principio de todo, la madre de todos los territorios literarios.

«Soy Odiseo Laertíada, tan conocido de los hombres por mis astucias de toda clase; y mi gloria llega hasta el cielo. Habito en Itaca que se ve a distancia: en ella está el monte Nérito, frondoso y espléndido, y en contorno hay muchas islas cercanas entre sí, como Duliquio, Same y la selvosa Zacinto. Itaca no se eleva mucho sobre el mar, está situada la más remota hacia el Occidente -las restantes, algo apartadas, se inclinan hacia el Oriente y el Mediodía- es áspera, pero buena criadora de mancebos, y yo no puedo hallar cosa alguna que sea más dulce que mi patria».

Exactamente con esas palabras es como Ulises detalla en el canto IX de La Odisea a su amada Itaca. Pero, ¿Itaca es Itaca? Homero describe en La Odisea 26 lugares específicos de Itaca, y ninguno de ellos parece corresponderse con la isla que hoy se conoce con ese nombre. El arqueólogo alemán Heinrich Schliemann fue capaz de dar con la mítica Troya siguiendo paso a paso los versos de Homero en La Iliada. Sin embargo todos los intentos por tratar de averiguar si la Itaca de La Odisea se corresponde con la isla que lleva ese nombre han fracasado.

El propio Schiliemann intentó localizar el palacio de Ulises, que según los versos de Homero se levantaba en un punto desde el cual se ven tres mares y rodeado por tres montañas, y se vio obligado a tirar la toalla. Y Robert Bittlestone, un inglés aficionado a la Historia y a la Arqueología, decretó hace unos años junto con el especialista en griego de la Universidad de Cambridge, James Diggle, y con el geólogo de la Universidad de Edimburgo, John Underhill, que la verdadera Itaca se encuentra en Paliki, un trozo de tierra que con el pasar de los siglos habría dejado de ser isla para convertirse en península y unirse en forma de brazo a Cefalonia.

En la Itaca de hoy en día, esa que sus habitantes llaman como Thiaki, se han encontrado vestigios de civilizaciones que se remontan a alrededor del año 4.000 antes de Cristo. Pero nunca se ha podido establecer si es realmente la isla de Ulises. Algunos investigadores opinan que lo es, otros que no.

Un paraíso de 3.000 habitantes

Las dudas existenciales caracterizan a este pedazo de tierra repleto de vegetación, con 100 kilómetros de costas, calas paradisiacas, pueblos pintorescos y que probablemente debe su nombre a Itacos, hijo de Poseidón, dios del mar, y quien según la mitología fue el primero en habitar aquí. Tal vez por eso, porque nadie está seguro de si esta isla en la que hoy viven unas 3.000 personas es en realidad la patria legendaria de Ulises, en Itaca no explotan el mito de La Odisea y las referencias al héroe son bastante comedidas, algo que se agradece. Es verdad que la plaza central de Stavros, en la zona noroeste de la isla y la localidad más importante de la Itaca septentrional, está dominado por un busto de Ulises. Pero, aparte de eso, no hay muchas más referencias directas a nuestro mitificado héroe.

«Qué más da si esta es realmente la isla de Ulises o no. El mundo entero conoce Itaca, y eso es lo que cuenta», nos suelta con filosofía y voz áspera Lavros, el grandullón con un irresistible punto macarrilla, dueño de un café en Vathi. «El que nadie hasta la fecha haya podido determinar si esta es la isla de Ulises creo que contribuye a hacer más grande el mito. Porque los mitos se alimentan de misterio», sentencia desde el mostrador de la oficina de correos Dimitria.

Vathi se levanta frente a la bahía de Molos, el mayor puerto natural de Grecia y uno de los mayores del mundo. Es una localidad relativamente moderna, ya que en 1953 varios terremotos la destruyeron. Pero es bonita, con sus casitas de color pastel (rosa, morado, azul, amarillo…) que se encaraman sobre las laderas de los montes de la zona. Tiene un museo arqueológico que, la verdad, no resulta muy impresionante, y donde la única referencia a Ulises la constituye una pequeña estatuilla de bronce que dicen que podría representar a Odiseo. En ese sentido le gana el museo arqueológico de Stavros, donde al menos se conservan fragmentos de una máscara de barro del siglo I o II d.C. con la inscripción EYXHN ODISSEI, «oración a Ulises» en griego antiguo.

Lo mejor de Vathi, sin duda, son sus playas, destacando la de Deksia. Sobre todo porque de allí sale un sendero de unos cuatro kilómetros que lleva a Marmarospilia, una gruta que algunos investigadores identifican con la gruta de las ninfas de la que habla La Odisea y donde Ulises habría escondido al llegar a Itaca los regalos recibidos por Alcinoo, el rey de los feacios.

Porque a Itaca se viene en busca del mito, tras los pasos de Ulises. Es verdad que la isla es atractiva, pero hay otras que la superan con creces. Además, Itaca no cuenta con hoteles de lujo, no es famosa por su gastronomía, no atesora museos impresionantes, no guarda ruinas de esas que te dejan boquiabierto, no dispone de particulares encantos, no ofrece actividades típicamente turísticas… Lo suyo es venir a Itaca con un ejemplar de La Odisea bajo el brazo, dispuesto a zambullirse en el mito.

No resulta difícil lograrlo. Itaca (que vista desde el cielo tiene forma de ocho, o de símbolo del infinito, según se mire) no tiene aeropuerto, así que sólo se puede acceder a ella por mar. Algo que ayuda a entrar en materia, a ponerse en la piel de Ulises y a entender que el viaje en sí mismo es la gran aventura. Nosotros llegamos a Itaca desde uno de los ferrys que salen a diario de Sami, en la vecina isla de Cefalonia. También desde allí se pueden contratar excursiones organizadas de un día, que por 30 euros te llevan (junto a otras 30 personas) a nadar a un par de espectaculares calas, a visitar Vathi y a comer en Kioni, un recoleto pueblecito pesquero. Pero lo suyo es hacer el viaje en soledad.

Del palacio de Ulises al manantial

Siguiendo los inciertos pasos de Ulises nosotros nos adentramos en Exogi, en el norte de Itaca, una localidad a las afueras de la cual se encuentran las ruinas de la antigua ciudad de Alalcomenes, que algunos señalan como el lugar en el que probablemente se levantaba el palacio de Ulises. En Aretusa, en la parte sur de la isla, hay un manantial al que se puede llegar sólo a pie tras una larga caminata de dos horas y en el que, según cuenta la leyenda, Ulises se encontró con el pastor Eumeo.

Pero tal vez lo mejor es sumergirse en las aguas de color turquesa con vetas de zafiro que rodean la isla. Allí, en medio del mar, mientras la brisa acaricia el agua y el olor del mirto llena los pulmones, se tiene la sensación de estar en el vientre materno, de viajar a la noche de los tiempos, de hundir las manos en las raíces de la historia de occidente.

Al fin y al cabo La Odisea no sólo narra el fantástico viaje de Ulises de regreso a Itaca. Es mucho más: es una celebración de la naturaleza humana y de su capacidad de superar obstáculos y alcanzar metas que parecían imposibles. Itaca no es sólo una isla, no es sólo el reino de Ulises. Es mucho más: es una alegoría, un emblema de la capacidad de hacer realidad los sueños.

Tal vez Homero podría haber elegido una isla más grande, más imponente, más grandiosa como patria de Ulises. Pero es precisamente la intrascendencia geográfica de Itaca lo que la hace realmente grande: porque Itaca es una fantasía, una quimera que nos recuerda que las ilusiones y utopías se pueden materializar si uno tiene la fuerza y la paciencia suficientes.

Pero incluso si al llegar a Itaca después de innumerables esfuerzos uno no logra ver cumplidos sus sueños, si fracasa y la isla no es lo que uno se esperaba, no importa. Lo relevante es el viaje en sí mismo, el vivir y acumular todas las experiencias que semejante periplo proporciona. El gran Konstantinos Kavafis (1863-1933), el más destacado poeta griego de los tiempos modernos, no tenía ninguna duda al respecto y así lo plasmó en Itaca, su poema más conocido:

«Cuando emprendas tu viaje a Itaca / pide que el camino sea largo, / lleno de aventuras, lleno de experiencias», comienzan los versos de Kavafis. «Ten siempre a Itaca en tu mente. / Llegar allí es tu destino. / Más no apresures nunca el viaje. / Mejor que dure muchos años / y atracar, viejo ya, en la isla, /enriquecido de cuanto ganaste en el camino / sin aguantar a que Itaca te enriquezca./ Itaca te brindó tan hermoso viaje. / Sin ella no habrías emprendido el camino./ Pero no tiene ya nada que darte./ Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado. / Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, / entenderás ya qué significan las Itacas».

Fuente: IRENE HDEZ. VELASCO  |  EL MUNDO

31 agosto 2014 at 10:35 am Deja un comentario

Roma: Nuevas exposiciones y reapertura de monumentos por el bimilenario de Augusto

Como broche final a la celebración de los dos mil años de la muerte del emperador romano tendrá lugar un importante simposio arqueológico en el Palacio Altemps de Roma el 17 de septiembre. Además se inauguran nuevas exposiciones y se reabren monumentos tras ser acometidas importantes restauraciones

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Se despliega el ultimado proyecto de importantes restauraciones de monumentos, nueva ordenación de las colecciones, exposiciones y la organización de un simposio arqueológico centrado en la colaboración entre instituciones italianas, las Academias y los Institutos extranjeros en Italia, en el Palacio Altemps de Roma el próximo 17 de septiembre, que sella el tupido programa de intervenciones: a partir del área monumental del Foro Romano y del Palatino, elegido para su morada por Cayo Julio César Octavio Augusto, en memoria de Rómulo y de la fundación de la ciudad.

La zona arqueológica urbana estrena el montaje completamente renovado del Museo Palatino -cofre de los mejores testimonios de época augusta- y del reorganizado recorrido visitable de la Casa de Augusto y de la Casa de Livia, su mujer. Unos lugares de familia y de aquella política -mezcla de tradición e innovación- característica de su Principado, que se abren al público el 18 de septiembre.

Museo_Palatino_RomaPor su lado, el magnífico conjunto de las Termas de Diocleciano con la flamante restauración del frontal de la monumental natatio (piscina) y de las estructuras existentes, sobre las que se apoyan las renacentistas de la Cartuja de Santa Maria degli Angeli, intervenidas para la ocasión, cuyo claustro pequeño propone la meticulosa reconstrucción de los antiguos ritos recuperados según la política religiosa de Augusto, se pueden ver desde el 24 de septiembre.

Mientras, en el Foro Romano el 1 de octubre se reabre el antiguo recorrido del Vico lugario a través de la Basílica Iulia, otro importante monumento augusto. En estas celebraciones participan las cuatro sedes del Museo Nacional Romano: la Crypta Balbi, conjunto monumental de época augustea, donde ha sido hallado el busto de Livia; el Palacio Altemps; las Termas de Diocleciano y el Palacio Massimo, que acoge la exposición Los fastos y el calendario en la antigüedad (del 14 de noviembre 2014 al 2 de junio de 2015) para recordar la reforma del calendario llevada a cabo por Julio César, precursor y padre adoptivo de Augusto. Todas estas iniciativas devuelven a la ciudad eterna, restaurado y valorizado, el mayor patrimonio existente, con algunos puntos accesibles por vez primera.

Busto-di-Augusto-con-corona-civicaA ellas hay que añadir la reorganización del Antiquarium de la Villa de Livia en el barrio de Prima Porta que ha conllevado el arreglo del famoso lauretum cuya apertura está fijada para el 12 de septiembre.

Al margen de este íter celebrativo, en Roma surge el Mausoleo de Augusto, el cual tras haber visitado la tumba de Alejandro Magno en Alejandría, mandó a erigir una grandiosa tumba para él y para su familia en la zona denominada de Campo Marzio (de Marte).

Las obras empezaron en el año 30 a.C., a su vuelta a Roma a continuación de la guerra contra Antonio y Cleopatra que le llevó a la conquista de Egipto. “El más notable entre los monumentos…” (según Estrabón en ‘Geografía’) conocido con el nombre de Augusteo, es el mayor sepulcro de planta circular, de 87 metros aprox. de diámetro.

En su entrada estaban colocados dos obeliscos egipcios que actualmente se encuentran respectivamente en la plaza del Quirinal y en la Plaza del Esquilino de la capital. Siguiendo un largo corredor se llega a una celda circular donde están ubicados tres nichos rectangulares con las tumbas de la familia imperial, y al centro un gran pilar cilíndrico con la probable tumba de Augusto.

El último acogido fue el emperador Nerva en 98. Desde entonces ha sido utilizado como fortaleza de la familia Colonna en el siglo XII, como jardín, como anfiteatro en el siglo XVIII, como teatro y sala de conciertos a inicios del Novecientos hasta hospicio para ancianas. Entre 1936 y 1938, con la demolición del viejo barrio y la creación de la Plaza de Augusto Imperatore, el mausoleo fue restaurado, recobrando su aspecto original.

Paradójicamente, en el año en que se rememora el bimilenario de la muerte del primer emperador de Roma, su Mausoleo, tras largos años, permanece aún en estado de abandono, en contraste con el vecino Ara Pacis en su resplandeciente teca, y aguarda pacientemente la conclusión de una digna -pero rezagada- restauración por parte de la institución competente.

Fuente: CARMEN DEL VANDO BLANCO  |  DESCUBRIR EL ARTE       29/08/2014

30 agosto 2014 at 12:56 pm Deja un comentario

La historia de «Hipómenes» y «Atalanta», el león y la leona que custodian el Congreso

Un canal temático propuso en 2012 sufragar los gastos para añadir los testículos a uno de los leones, sin saber que representaba a una «leona» de un famoso mito griego

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Imagen de los dos leones de bronce del Congreso de los Diputados de Madrid /WIKIPEDIA

El Canal Historia inició en 2012 una campaña para dotar de testículos a una de las esculturas felinas que se encuentran a las puertas del Congreso de los Diputados. Entendía el canal de televisión, erróneamente, que el escultor Ponciano Ponzano y Gascón había olvidado en 1851 esculpir el sexo de uno de los animales que, sin lugar a duda, mostraba las características de un león macho. No en vano, el Gobierno de España denegó la petición del Canal de Historia que se comprometía a correr con los gastos de restauración, puesto que el Ministerio de Cultura desaconsejaba añadir elementos externos a una figura con más de un siglo y medio de existencia.

Pocos se percataron entonces, ni siquiera el Ministerio de Cultura, de que Ponciano Ponzano y Gascón no había cometido fallo alguno. Los dos felinos representan a Hipómenes y Atalanta, un héroe y una heroína de la mitología griega que fueron convertidos en leones. Y al ser uno de los dos una heroína convertida en león, carece de testículos.

Según la tradición griega, Atalanta era una joven reconocida por sus inmejorables habilidades para la caza y por estar consagrada en vida a la diosa Artemisa, lo que implicaba que debía mantenerse siempre virgen. Por ello, para evitar cualquier pretendiente, anunció que su esposo sería sólo aquél que lograra vencerla en una carrera. Pero el hermoso Hipómenes consiguió obtener la mano de Atalanta tras vencerla en una carrera a través de una estratagema dispuesta por Afrodita.

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Hipómenes gracias a una estratagema facilitada por Afrodita vence a Atalanta / MUSEO NACIONAL DEL PRADO

Tiempo después, dando rienda suelta a su amor, la pareja entró en uno de los santuarios de Cibeles donde gozaron de su amor. Cibeles montó en cólera ante el sacrilegio y los transformó en dos leones machos. No en vano, los leones del Congreso de los Diputados son los mismos que tiran del carro de la diosa Cibeles en la Fuente de la Cibeles de Madrid.

Conocidos como Daoíz y Velarde

Tras varios intentos fallidos en yeso y en piedra, la actual versión de los leones del Congreso fueron fundidos en Sevilla en 1866 a partir de los cañones capturados en África durante la Batalla de Wad-Ras. Con el transcurso de los años, los dos felinos fueron bautizados por los madrileños con los nombres de los héroes de la Guerra de Independencia Daoíz y Velarde.

Fuente: CÉSAR CERVERA |  ABC         30/08/2014

30 agosto 2014 at 9:08 am 3 comentarios

La herencia de Alejandro Magno

  • Arqueólogos griegos analizan una tumba en Anfípolis fechada entre el 325 y 300 a.C.
  • En ella podrían estar Roxana, la mujer del rey macedonio, así como su hijo Alejandro IV

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Imagen del León de Anfípolis, coronaba la colina de Kasta, donde se halla la tumba / HARIS IORDANIDIS / EFE

Un grupo de arqueólogos del 28º Eforato de Antigüedades Prehistóricas y Clásicas encontró en 2012, en la antigua ciudad de Anfípolis (norte de Grecia), una tumba fechada entre los años 325 y 300 a.C. La construcción se encuentra en un montículo de 30 metros de alto al que le rodea un muro circular de mármol de Thassos de casi 500 metros. La entrada del templo aparece custodiada por dos grandes esfinges de mármol y un león. Y aunque los arqueólogos aún no han averiguado quién está enterrado dentro de este sepulcro, comienzan a especular ahora con la posibilidad de que se trate de la tumba de Roxana y Alejandro IV, mujer e hijo del rey de Macedonia, Alejandro Magno. También cabe la posibilidad de que esté enterrado algún general que formara parte del equipo del monarca.

“Se trata de un descubrimiento especialmente importante. La tierra de Macedonia sigue sorprendiéndonos, sigue revelándonos los tesoros que la componen.Tesoros que forman parte del mosaico de nuestra historia”, señaló Andonis Samaras, primer ministro griego.

Katerina Peristeri, arqueóloga del Ministerio de Cultura en la región, ha pedido “comprensión” y ha señalado que “hay que esperar a que haya indicios contundentes para saber a quién perteneció la tumba”.

A primera vista

Roxana (347 a.C.) era la princesa de Bactria (actual Afganistán). Hija del noble Oxiartes, fue capturada por Alejandro Magno durante la expedición a esta región. Movido por la idea de crear un imperio greco-oriental, el rey de Macedonia triunfó con sus fuerzas, aunque tuvo cierta resistencia en Roca Sogdiana, también llamada Roca de Ariamazes, una fortaleza en Sogdiana donde se refugiaron las mujeres de aquella zona, entre ellas estaba Roxana.

Según el relato tradicional, cuando Alejandro Magno vio a la princesa de Batria quedó totalmente “embelesado”. Fue entonces cuando el monarca le pidió a Oxiartes la mano de su hija para casarse con ella.

La boda tuvo lugar en el 327 a.C. por medio del rito iranio. “El rey, encendido de deseo, hizo traer, según la tradición de su país, un pan (el símbolo más sagrado entre los macedonios de la unión conyugal): se partía con una espada y la pareja lo probaba”, relató Quinto Curcio Rufo en la crónica del acto.

Sobre los motivos de la misma existen ciertas dudas. Algunas voces apuntan a una cuestión política, aunque otros, como Plutarco, señalan que fue por amor. “Fue una cuestión de amor, después de haber visto su hermosura en plena juventud en un coro durante una fiesta. Fue la única mujer por quien quedó rendido de amor“.

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Alejandro Magno en la batalla de Issos

Versiones aparte, lo que sí que logra el rey de Macedonia es ampliar su ejército con 30.000 persas, a los cuales entrena según su metodología para dirigirse a la India (326 a.C.), donde toma como prisionero al rey Poros tratándole “como rey”,- como él le pidió-, y le permite continuar siendo el líder siempre y cuando le jurase lealtad.

Matrimonios y unificación territorial

En el 324 a.C., Alejandro se casa con otras dos mujeres. Estatira-Barsine, hija mayor de Darío, y Parisátide, hija del rey persa Artajerjes III Oco. Estos dos nuevos matrimonios se enmarcan dentro de las conocidas bodas de Susa. Susa era junto a Persépolis y Pasargada una de las capitales más importantes del imperio Persa.

Bodas con un cierto tono político en las que el monarca buscaba un reino centralizado, unificado bajo su figura. Así, durante el 324 a.C., macedonios, griegos, medos y bactrianos quedaban en un mismo grupo. Bajo su política expansiva, su imperio logró extenderse a la Hélade, Egipto, Anatolia, Oriente Próximo, Asia Central y la India, una serie de conquistas que desaparecen con su muerte (Babilonia, 13 de junio de 323 a.C.).

Una muerte rodeada de misterio y teorías. Se ha barajado hipótesis como una infección, fiebre tifoidea o incluso malaria, pero durante los últimos años la teoría del envenenamiento ha tomado más fuerza que nunca.

En enero de este año, un estudio de Leo Schep, toxicólogo del Centro Nacional de Nueva Zelanda dejó entrever que la causa de su muerte pudo ser un envenenamiento provocado por Veratrum album, también conocida como eléboro blanco. En la Antigua Grecia su uso estuvo ligado a inducir el vómito, aunque en dosis elevadas puede llegar a ser mortal.

Según relató el historiador griego Diodoro Sículo, el monarca bebió un gran vaso de vino, lo que le debilitó y provocó una falta de defensas que no le permitieron defenderse de los golpes posteriores. “El envenenamiento por Veratrum se da a conocer por la aparición repentina de dolor epigástrico y retroesternal, que también puede estar acompañado de náuseas y vómitos, seguidos de bradicardia e hipotensión con debilidad muscular severa. Alejandro sufrió características similares”, se señala en la investigación que publicó la revista Clinical Toxicology.

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Alejandro Magno en su lecho de muerte / Karl von Piloty

Asesinatos múltiples y división del imperio

Tras la muerte de Alejandro, Roxana, que estaba embarazada de él, decidió asesinar a Estatira y a su hermana Dripedis. Con la complicidad del general Pérdicas, sucesor temporal del rey, según las órdenes del mismo, se deshizo de sus cuerpos en un pozo.

El caos y las ambiciones de poder de cada uno de los generales de Alejandro Magno provocó una serie de asesinatos múltiples y luchas de poder que tiñeron de sangre el legado del monarca. Así, en el 310 a.C., Casandro de Macedonia mandó asesinar tanto a Roxana como a su hijo, Alejandro IV, que contaba con 13 años de edad. “Eliminar cualquier signo visible de Alejandro” fue su filosofía, y la de muchos otros dirigentes de los territorios del imperio, que comenzaron a autoproclamarse reyes de cada territorio que ocupaban.

Casandro se quedó con Macedonia y Grecia, Ptolomeo con Egipto, Lisímaco con Tracia, Seleuco con Siria y Antígono con Asia Menor, continente que pasaría luego a Lisímaco y Seleuco.

Fuente: CLARA FELIS  |  EL MUNDO     29/08/2014

29 agosto 2014 at 1:52 pm Deja un comentario

Rayos de luz coloreada sobre el Ara Pacis

Las noches del 29 y 30 de agosto y el 5 y 6 de septiembre ofrecen una oportunidad única para contemplar el altar Ara Pacis con su hipotética coloración originaria

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El viernes 29 de agosto y el sábado 30, además del viernes 5 de septiembre y el sábado 6, desde las nueve de la noche hasta la medianoche, se efectuará la proyección Los colores del Ara, que consiste en proyectar rayos de luz coloreada sobre la superficie de mármol del altar Ara Pacis, situado en el centro de Roma, que fue construido durante el reinado de Augusto y que está dedicado a la diosa romana Pax. Esta iniciativa excepcional, que forma parte de las celebraciones por el bimilenario de la muerte de Augusto, pretende recrear, sin poner en riesgo su conservación, el efecto total y realístico de la policromía originaria, según informan los responsables del Museo del Ara Pacis en un comunicado. Sin embargo, el enfoque resulta crítico: no se pretende colorear el Ara Pacis como era, sino restituir, sobre la base de una hipótesis, el aspecto próximo al original de un pasado lejano pero no perdido, añaden. La proyección digital permite modificar los perfiles y colores en tiempo real. La hipótesis sobre la coloración originaria del Ara Pacis fue desarrollada hace años por un grupo de estudiosos con ocasión de la puesta a punto del nuevo museo. La elección de los colores se basa en criterios filológicos e histórico-estilísticos y mediante la confrontación de la pintura romana, especialmente la pompeyana.

Fuente: NATIONAL GEOGRAPHIC

29 agosto 2014 at 1:04 pm Deja un comentario

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