Ara Pacis, el altar de Augusto que Mussolini usó como propaganda fascista

31 agosto 2014 at 11:16 pm 1 comentario

Corría el año 13 a.C. cuando Augusto regresaba triunfante a Roma tras sus exitosas campañas en Hispania y la Galia. Aquel hito, que marcaba el inicio de nuevas políticas para el Imperio y un ansiado periodo de paz –la llamada Pax Augusta–, impuesto por el primer emperador romano tras  acabar con las insurrecciones locales en las provincias y con las guerras civiles, bien merecía un monumento a la altura de aquel gran logro.

Fue así como el Senado Romano decidió la construcción del Ara Pacis Augustae (el altar de la Paz Augusta), un pequeño recinto de planta rectangular (de unos once por diez metros de lado y poco más de cuatro y medio de altura), que se ubicó en las proximidades de la Via Flaminia, en el Campo de Marte.

Ara_PacisEl edificio, construido íntegramente en mármol de Carrara, consistía en un altar de sacrificios rodeado por muros ricamente decorados con relieves escultóricos, en cuyos extremos se abrían sendas puertas de acceso para los sacerdotes y los animales destinados al sacrificio.

Las obras se iniciaron el 4 de julio del año 13 a.C., y concluyeron cuatro años más tarde, cuando se llevó a cabo la dedicatio del altar el 30 de enero del año 9 a.C. Lo más destacado de la construcción es sin duda su hermosa decoración escultórica, dividida en dos secciones diferentes: la superior cubierta con relieves escultóricos figurados, y la inferior  decorada con elementos ornamentales de tipo vegetal.

Ara_Pacis_relieve

Los relieves figurados incluyen escenas relativas a los orígenes míticos de Roma, con Eneas realizando sacrificios a los Penates y la Lupercal –la gruta donde según el mito la loba amamantó a los gemelos Rómulo y Remo–, una personificación de Roma como amazona, o escenas de procesiones, entre otras.

Durante décadas, el Ara Pacis fue uno de los monumentos más destacados de la Ciudad Eterna, pero con el paso del tiempo acabaría cayendo en el olvido. Esto fue debido a los continuos cambios urbanísticos que se realizaron en el Campo de Marte, pero sobre todo por las repetidas crecidas del Tíber, que en cada “acometida” iban acumulando lodo y terminaron por sepultar al monumento.

Con el paso de los siglos, el Ara Pacis quedó olvidado en la memoria de los romanos, y no fue hasta el Renacimiento cuando sus restos comenzaron a salir de nuevo a la luz. En 1536, y con motivo de las obras de remodelación de un palacio ubicado en la Via Lucina, los obreros descubrieron algunos paneles con relieves, un hallazgo que fue inmortalizado por el artista Agostino Veneziano.

Pese a este descubrimiento, en aquellas fechas nadie relacionó los restos con el célebre Ara Pacis. Unos años más tarde, en 1566, el cardenal Giovanni Ricci de Montepulciano compró una serie de nueve paneles decorados, que al igual que el anterior habían sido recuperados en el solar de la Via Lucina. Con los años, estas piezas acabarían repartidas en distintos museos y colecciones de toda Europa, incluyendo el Vaticano, el Louvre o la Galería de los Uffizi.

No hubo nuevos hallazgos relacionados con el Ara Pacis hasta mediados del siglo XIX, cuando en 1859 –y de nuevo con motivo de unas obras de remodelación del llamado palacio Peretti– se descubrieron los cimientos del monumento Augusto. Pese a todo, aún tendrían que transcurrir algunos años, hasta 1903, para que los investigadores identificaran aquellos restos con los del Ara Pacis.

En ese mismo año se llevó a cabo la primera excavación exhaustiva del solar, aunque los trabajos definitivos no llegaron hasta unas décadas más tarde. En 1937, con el aniversario del nacimiento de Augusto dos mil años atrás, los más altos cargos de la dictadura fascista de Benito Mussolini pusieron en marcha una intensa labor para rehabilitar el Ara Pacis.

Para ello llegaron a acuerdos con el Vaticano para que entregase los restos que poseía, y obligaron a los responsables de la Galería de los Uffizi a que hicieran lo mismo. Al mismo tiempo, el Consejo de Ministros italiano firmó una orden para que se realizaran nuevas excavaciones en el solar ocupado originalmente por el altar, de modo que al año siguiente, el del aniversario, el Ara Pacis pudiera brillar de nuevo para admiración del mundo.

¿Por qué estaba el gobierno fascista italiano –y el propio Mussolini– tan interesado en la recuperación del monumento? Para el Duce, la recuperación del antiguo esplendor del Imperio Romano se había convertido en uno de los puntos fundamentales de su política interior, pues formaba parte de su intensa operación de propaganda.

La identificación entre el régimen fascista y el poderoso Imperio Romano era un modo de exaltar la dictadura, una forma de reafirmación nacional mediante la cual el propio Mussolini se identificaba con el poder, la gloria y los logros de los antiguos emperadores.

En aquellos años, el régimen fascista de Mussolini se esforzó por recuperar multitud de yacimientos arqueológicos de época romana, aunque ninguno de esos proyectos fue tan importante como el realizado para recuperar el Ara Pacis.

De hecho, la inauguración del monumento –cuya restauración había estado a cargo del arquitecto Giuseppe Moretti– tuvo lugar el 23 de septiembre de 1938, coincidiendo con la clausura del año de Augusto, y fue el propio Mussolini quien dirigió el acto, con un gran despliegue de fuerzas militares, incluyendo a los célebres camisas negras.

Unos meses antes, en mayo de ese año, y con motivo de la visita de Adolf Hitler a Roma, el Duce había mostrado al Führer y otros jerarcas nazis los trabajos de recuperación del altar de Augusto, que tanto le llenaban de orgullo.

Ara_Pacis_Meier

En la actualidad el Ara Pacis sigue siendo uno de los monumentos de época romana más visitados de la ciudad del Tíber, hoy protegido por un moderno edificio diseñado por el arquitecto Richard Meier. Con motivo de la celebración del aniversario de la muerte de Augusto, ocurrida un 19 de agosto de hace ahora dos mil años, el recinto volvió a llenarse de visitantes que acudieron a admirar un monumento que, dos milenios después de su creación, continúa brillando con luz propia.

Fuente: Javier García Blanco  |  YAHOO Noticias

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