Un barco romano de hace 2.000 años tenía un médico a bordo
15 junio 2011 at 8:18 pm Deja un comentario
Aunque la noticia no es nueva, me ha parecido interesante el enfoque de este artículo del Corriere della Sera sobre el naufragio del Pozzino.
En un pecio hallado cerca de Piombino se ha descubierto un verdadero botiquín de primeros auxilios
Entre los años 140-120 a.C., Roma estaba en plena expansión por todo el Mediterráneo. Poco antes había concluido la tercera guerra púnica: bajo el mando del cónsul Escipión Emiliano Cartago había sido destruida, en el mismo período Grecia se había convertido en una provincia romana a todos los efectos. Eran los años de los dos hermanos Graco, Tiberio y Gayo; la riqueza llovía sobre Roma, centro del mundo. En ese mismo momento un barco que surcaba el mar Tirreno de regreso de un viaje por el Mediterráneo, se metió en una tormenta y naufragó en el Golfo de Baratti, cerca de Piombino. No se sabe qué pasó con la tripulación y los pasajeros, pero sin duda había un médico a bordo, con su “botiquín de primeros auxilios”: lo han demostrado los estudios de los arqueólogos y biólogos, dos mil años después del naufragio.
El pecio del Pozzino (por el nombre de la bahía donde se hundió el barco) permaneció a 18 metros de profundidad hasta 1.974, año en que fue descubierto bajo una maraña de algas y se inició la misión subacuática para devolver a la superficie sus tesoros y revelar sus misterios. La nave, de 15 metros de largo por 3 de ancho, transportaba ánforas, jarros, tazas de vidrio, cerámica, lucernas, todo procedente de países del Mediterráneo oriental y Asia Menor. Ahora está claro que a bordo debía haber un médico, porque entre otras cosas se ha encontrado un specillum (un instrumento largo y fino usado para explorar las heridas), una copa de bronce para las sangrías, una jarra con un filtro, un mortero. Después, en 1.989, la sorpresa: en una caja de madera había 136 cilindros de madera, cubiertos de estaño, que contenían una cantidad considerable de pastillas. Perfectamente conservadas gracias al sellado y exhibidos en el Museo Arqueológico del Territorio de Populonia en Piombino, han comenzado a revelar sus secretos 20 años después del hallazgo.
Se trata de pastillas a base de hierbas, precursoras de las píldoras de hoy día: lo han descubierto Robert Fleischer y Alain Touwaide, del Smithsonian Conservation Biology Institute (Instituto Smithoniano) de Washington (EE.UU.), en colaboración con el Laboratorio de Análisis de la Superintendencia de Bienes Arqueológicos de Toscana, analizando su contenido con técnicas de biología molecular. Luigi Campanella, director del Polo Museale de la Sapienza de Roma, donde se presentaron los últimos resultados de la investigación sobre el naufragio del Pozzino, explica: “En aquellas pastillas de alrededor de un centímetro de diámetro había extractos de plantas. Los investigadores han analizado el ADN y han identificado diversas especies vegetales utilizadas para curar inflamaciones, enfermedades renales, tos. El médico, en la práctica, llevaba consigo el instrumental para tratar pequeñas dolencias comunes”.
Las plantas han sido reconocidas comparando los rasgos de ADN conservados en las pastillas con las secuencias genéticas de la base de datos de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de EE.UU.: en cada “píldora”, al parecer, había una decena de hierbas diferentes, tales como cebolla, zanahoria, nuez, coliflor, apio, perejil, rábano, espino blanco, aquilea, ibisco. Todas las hierbas están muy presentes en los textos médicos de la antigüedad; probablemente el médico del barco los mezclaba con la ayuda del mortero y otros instrumentos que llevaba consigo en la nave. Los historiadores creen que probablemente las píldoras se disolvían en agua o en vino, para después ser bebidas o aplicadas sobre la piel. Conocer cuáles son las hierbas contenidas en las pastillas ha necesitado años de trabajo y no ha sido tarea fácil. ¿Cómo es posible hacer averiguaciones de manera precisa sobre hallazgos tan antiguos? “Sin duda es crucial la calidad del material encontrado – explica Gino Fornaciari, director del Departamento de Paleopatología, Historia de la Medicina y Bioética de la Universidad de Pisa -. Las técnicas actuales, sin embargo, nos ayudan mucho, porque son extremadamente precisas. La biología molecular, con el análisis de proteínas y ADN, es aplicable a hallazgos de hace miles de años del mismo modo que si fuera una muestra reciente, sin diferencia”.
“La ciencia ofrece hoy grandes oportunidades a la arqueología - añade Campanella-. Gracias a la certeza de las pruebas biológicas podemos corroborar nuestras teorías o proponer otras nuevas, desvelando los misterios del pasado”. Esta es precisamente la parte fascinante del trabajo de este este tipo de “policía científica” de la antigüedad: con los métodos de hoy en día se puede averiguar cómo vivían nuestros antepasados y tal vez extraer algunas lecciones. De hecho, el objetivo de los científicos que trabajan en las píldoras del naufragio del Pozzino, entre los medicamentos más antiguos que han llegado hasta nosotros, es encontrar alguna “mezcla” milenaria que pueda ser descubierta por la medicina actual para la curación de alguna enfermedad. Los “investigadores del pasado” también están trabajando en los restos humanos exhumados por los arqueólogos: “Aparte de tratar de comprender cómo se curaban los antiguos, puede ser también útil entender de qué y con qué se curaban – dice Fornaciari-. La paleopatología, que estudia las enfermedades del pasado, nos ayuda a entender cómo vivía la gente en las diferentes épocas históricas, ya que las enfermedades no son nunca sucesos casuales sino que son producto del medio ambiente. Y puede ser útil a los médicos de hoy en día: del mismo modo que puede ser interesante descubrir remedios usados en la antigüedad e intentar proponerlos actualizados, es igualmente importante saber cómo han evolucionado durante siglos las enfermedades que todavía nos aquejan hoy. Trazar su historia significa conocerlas mejor y quizás encontrar nuevas maneras de combatirlas más eficazmente”.
Fuente: ELENA MELI: C’era il medico di bordo sulle navi di duemila anni fa 14/06/2011 (Traducción LTdN)
Entrada archivada en:ancient rome, arqueología, cultura clásica, Roma. Etiquetas:arqueología subacuática, curación antigüedad, medicina en la antigüedad, naufragio del Pozzino, navegación Roma, Piombino, Pozzino.





Trackback este articulo | Suscríbete a los comentarios vía RSS Feed