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Metro de Atenas, un viaje al pasado con cada billete
El metro suele ser la manera más rápida y cómoda de desplazarse por las grandes ciudades. En el caso de Atenas, es también una ocasión perfecta para viajar en el tiempo y descubrir cómo era la ciudad hace dos o tres mil años.
La construcción de las nuevas líneas del Metro de Atenas iniciada en la década de los noventa trajo desde el principio de cabeza a los técnicos e ingenieros encargados de las obras, dada la lentitud con que avanzaban los trabajos por la gran cantidad de restos arqueológicos que iban aflorando a cada paso que se daba. Al final, terminó convirtiéndose en el mayor proyecto arqueológico realizado nunca en la ciudad (fueron excavados 79.000 m2), en el que se obtuvo un extraordinario botín de más de 50.000 objetos recuperados.
La solución de integrar en algunas estaciones una parte de estos hallazgos ha sido una feliz idea, pues convierte estos espacios en unos lugares muy atractivos para el viajero e invita a desplazarse por la ciudad en metro aunque solo sea para detenerse un rato junto a ellos.
Varias estaciones de metro en Atenas son auténticos museos, donde pueden encontrarse piezas expuestas y restos arqueológicos que harían las delicias de cualquier museo del mundo. La estación de Akropoli es un ejemplo de ello. Nada más descender del metro, la visión en el andén de los relieves de los frisos del Partenón nos da una señal clara de dónde nos encontramos. Por supuesto, son una copia, pero está tan bien conseguido con la luz el característico color miel de los mármoles que por un momento creemos haber ido a dar al interior mismo del Museo de la Acrópolis. En la estación,para ir haciendo boca de lo que uno va a encontrarse a la salida, el viajero puede recrearse contemplando algunos objetos expuestos en diferentes vitrinas: vasos de cerámica de 3.500 años de antigüedad, lámparas de aceite del siglo VI a.C. o un precioso suelo de mosaico romano del s. V., por poner algunos ejemplos. Y aún antes de salir al exterior y quedar sobrecogido ante la vista de la roca sagrada, un último regalo: la reproducción de algunas esculturas del frontón oriental del Partenón, los cuatro caballos del carro de Helios surgiendo del mar, Dioniso vestido con una piel de pantera tendido en una roca y dos diosas sentadas.
Otras estaciones de metro en Atenas tienen exposiciones similares, caso de Egaleo o Syntagma. Pero si hay una que refleja bien la acertada integración de los restos arqueológicos con la nueva construcción de que hablábamos es, sin duda, Monastiraki. Aquí, en algunas zonas, el visitante tiene la posibilidad de caminar literalmente sobre restos de distintos periodos y ver de cerca el lugar por donde fluía el Eridano, el río principal de Atenas (imagen inferior) -y por donde se cree que aún fluye, bajo una bóveda construida en la época de Adriano.
Todo esto es solo una parte de lo que el viajero puede encontarse en el metro en Atenas y que hacen de él un caso único en el mundo. Moverse por las entrañas de la ciudad y descubrir los pequeños tesoros que le aguardan en el rincón menos esperado de una estación es una experiencia que nadie que visite Atenas debería desaprovechar. A fin de cuentas, ¿en qué otro lugar podríamos hacer un viaje de 25 siglos por un euro?





