Archive for 2 septiembre 2009

De vuelta

Llega septiembre y con él la vuelta a la actividad y el fin del tiempo de descanso. En unos pocos días las aulas abrirán sus puertas y daran comienzo las clases. Nuevos alumnos, nuevos compañeros, nuevos proyectos, nuevas exigencias …

No sé si será propio de ir teniendo uno cierta edad, pero con el paso del tiempo cada vez se me hace más necesaria esta desconexión que supone el periodo estival. Hay que resetear la mente para afrontar el curso con energías e ilusión renovada, cosa que con los vientos que soplan no nos es cosa fácil.

El que más y el que menos aprovecha el verano para descansar o para hacer aquello que tenía aparcado por falta de tiempo. En mi caso empleo estos días en estar con la familia, hacer algo de deporte (¡cómo cuesta!), leer y disfrutar de la playa, de esas maravillosas playas de la Marina Baixa que tenemos la suerte de tener tan cerca.

Como he tenido tiempo, he aprovechado el verano para ponerme al día en lecturas que tenía pendientes, en algunos casos desde hacía meses. Un par de estos libros son de tema clásico y quizás en alguna próxima entrada hable algo más extensamente de ellos. Posiblemente muchos los conozcáis y los hayáis leído ya, porque son el tipo de best-sellers que todo el mundo compra: La columna de hierro, de Taylor Caldwell y Salamina, de Javier Negrete. El primero es una recreación del Imperio Romano en el siglo I d.C. con la figura de Cicerón como eje conductor. Sin dejar de reconocer las dotes narrativas de esta prolífica autora, no termina de convencerme el retrato de Cicerón que se hace en este libro. Los presuntos coqueteos de Cicerón con el cristianismo son sencillamente chirriantes. Salamina es una obra que me ha sorprendido gratamente y que recomiendo si no la habéis leído. De fácil y amena lectura, Javier Negrete, un joven profesor de griego por cierto, recrea de manera brillante este apasionante periodo del siglo V a.C. en el que una batalla pudo haber cambiado el curso de nuestra historia y nos enseña de paso que la verdadera grandeza de los héroes de la historia reside precisamente en el hecho de que lo son siendo personas de carne y hueso.

También he tenido la oportunidad y la suerte de poder hacer este verano un viaje que me hacía ilusión desde hace tiempo por centroeuropa, visitando tres joyas de capitales como son Praga, Viena y Budapest. Me he quedado con las ganas de poder disfrutarlas con mayor profundidad porque son ciudades que requieren mucho tiempo para descubrir todos los tesoros que esconden, pero en todo caso ha sido una experiencia única. Si de las tres tuviera que elegir una, me quedaria con Viena. Praga la he encontrado una ciudad bulliciosa y cosmopolita, una ciudad preciosa a la vista, con una riqueza arquitectónica extraordinaria resultado del papel histórico relevante que tuvo en el pasado. Imprescindible si se va a Praga buscar lugares con vistas panorámicas de la ciudad (el Barrio del Castillo, por ejemplo). Si sois amantes de la cerveza encontraréis aquí un placer añadido. Budapest es una ciudad de una belleza seductora, pero a la que hay que salir a buscar. Una ciudad con la cara sucia a la que le sienta mejor la noche que el día y con una potencialidad excepcional. Poco a poco la ciudad va despertando a la modernidad, pero aún hoy se dejan notar en sus calles y en sus ciudadanos las heridas de más de dos siglos de miserias y las consecuencias del periodo de dominación alemana y de la dictadura comunista. Sin duda, el verdadero tesoro de Budapest es el Danubio. No creo que haya otra ciudad a la que le siente tan bien un río como el Danubio a Budapest. Es cierto que no es hoy tan azul como lo veia Strauss, pero la imagen del Danubio iluminado de noche es de una belleza difícilmente olvidable.

Dejo para el final Viena, la Vindobona Romana, una ciudad para disfrutarla con todos los sentidos. La ciudad respira arte por todos sus poros y la música es el lenguaje que más se oye en ella. En cualquier lugar podemos encontrarnos con un pequeño concierto de música clásica inesperado: en una calle, en una cafetería, al visitar una iglesia … Arquitectónicamente, Viena cuenta con un conjunto monumental impresionante en consonancia con la grandeza de los Habsburgo, la Casa Real más importante en siglos en la vieja Europa y que tenía en Viena su residencia. Hofburg, Schönbrunn o el Belvedere recuerdan al visitante que hubo un tiempo en el que Viena era la verdadera capital europea. Imprescindible visitar uno de los típicos cafés de Viena (el Café Central, por ejemplo), pedir un melange y una sacher y disfrutar de la placidez de estos mismos lugares y ambientes que en su momento visitaron Mahler, Goethe o Freud.  A los amantes de la cultura clásica Viena guarda también un pequeño regalo: el Parlamento. Un edificio inspirado en los modelos clásicos griegos y delante de cuyo cuerpo central se levanta una fuente majestuosa dedicada a Palas Atenea, recientemente rehabilitada y que hoy reluce en todo su esplendor.

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2 septiembre 2009 at 5:18 pm 4 comentarios


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