La Batalla de Gaugamela
1 Octubre 2008
Tal día como hoy -1 de octubre- del año 331 a. C., tuvo lugar una de las más célebres batallas de la antigüedad: la Batalla de Gaugamela (Γαυγάμηλα), que enfrentó al ejército de Alejandro Magno de Macedonia con las tropas del rey persa Darío III. Esta batalla, también llamada Batalla de Arbela, terminó con una aplastante victoria de los macedonios y supuso el principio del fin del Imperio Persa.
Para el encuentro con las tropas macedonias, Darío eligió una llanura donde poder delplegar sus fuerzas, superiores en número; sin embargo, la ubicación de Gaugamela no se ha establecido definitivamente. Supuestamente, la batalla se celebró cerca de una colina con forma de joroba de camello, de donde derivaría el nombre etimológico: Tel Gomel tel Gahmal, que se traduce como “Monte del camello” en hebreo. La opinión mayormente aceptada acerca de su ubicación es en la actual Irak, en una zona al este de Mosul.
Durante dos años después de la Batalla de Issos, Alejandro procedió a ocupar la costa mediterránea y Egipto. A continuación avanzó hacia Siria, hacia el corazón mismo del imperio persa. Cruzó los ríos Éufrates y Tigris sin ningún tipo de oposición. La respuesta de Darío fue crear un ejército masivo, aprovechando hombres procedentes de todos los rincones de su imperio. Según algunos historiadores contemporáneos logró reunir alrededor de 100.000 hombres, con los que esperaba poder aplastar a Alejandro.
Como es lógico, las cifras relativas al tamaño de los ejércitos difieren notablemente según las fuentes. Muchos estudios modernos sugieren que el ejército persa no debió ser mayor de 50.000 unidades, debido a que la logística sobre el terreno de un ejército mayor de este número era extremadamente difícil en ese momento. Sin embargo, es posible que el ejército persa pudiera tener más de 100.000 hombres. Una estimación es que hubo 25.000 peltastas, 10.000 inmortales, 2.000 hoplitas griegos, 1.000 bactrianos, 40.000 jinetes, 200 carros y 15 elefantes de guerra.
Alejandro, por su parte, comandaba las fuerzas de su reino griego de Macedonia y las de su aliados de Tracia y de la Liga de Corinto. Según Arriano, el historiador más fiable de Alejandro, su ejército estaba formado por 40.000 infantes y 7.000 jinetes.
Algunas de las maniobras desplegadas en esta guerra ilustran aún hoy los manuales en las academias militares como ejemplo de estrategia y perspicacia bélica. Así, durante la batalla, Alejandro utilizó una estrategia inusual que sólo se ha desplegado un par de veces a lo largo de la historia: Su plan era que la mayor parte posible de la caballería persa se acumulara en los flancos. El objetivo era crear una brecha dentro de la linea enemiga para asestar a Darío un golpe decisivo en el centro. Esto requería una sincronización perfecta en la maniobra y el propio Alejandro fue el primero en actuar. Forzó a Darío a atacar y, aunque éste tenía el referente de Issos contra una formación similar y por tanto cierta renuencia a dar el primer paso, finalmente se vio obligado y atacó.
Es imposible calcular las bajas de esta batalla. Algunos historiadores antiguos hablan de 300.000 persas muertos y solamente 100 macedonios y 1.000 caballos. Otros más modernos las estiman en 40.000 muertos persas y 5.000 macedonios. En todo caso, Darío consiguió escapar de la batalla con un pequeño grupo de sus fuerzas. Pero la derrota persa tuvo consecuencias inmediatas: el Imperio persa se dividió en dos mitades -el Este y el Oeste. En su huida, Darío dio un discurso a lo que quedaba de su ejército; en su ánimo albergaba la esperanza de poder organizar otro ejército para hacer frente a de nuevo a Alejandro. Al tiempo, envía cartas a los sátrapas orientales pidiéndoles su lealtad. Pero los sátrapas tenían otras intenciones: Besso asesinó a Darío, antes de huir hacia el este. Alejandro le persiguió, le capturó y le ejecutó al año siguiente. La mayoría de los sátrapas persas fueron a jurar lealtad a Alejandro y se les permitió mantener sus posiciones. Sin embargo, se considera tradicionalmente que el Imperio Persa inició su declive con la muerte de Darío.

Mosaico romano. Detalle de la batalla entre Alejandro Magno y el rey persa Darío. Casa del Fauno en Pompeya. Museo Arqueológico Nacional. Nápoles
Procedencia de la imagen: http://www.flickr.com/photos/33563858@N00/344577179
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